Nebulosa - el orgasmo estelar

Urus

Reproducción sexual

La vida surgida de la unión entre pares[1]. A ello se le llama «reproducción sexual», y constituye el tipo de reproducción más común entre los eucariotas, de los cuales proceden plantas, animales y humanos. En las plantas con flor, al gameto femenino lo llamamos oosfera y al masculino polen. En el reino animal constituyen el ovocito y el espermatozoide. Los hongos también son eucariotas, y algunos de ellos utilizan la reproducción sexual. Incluso los seres estelares y galácticos la utilizan, como veremos a continuación.

Reproducción sexual en los seres estelares

EL NACIMIENTO DE un ser estelar, al igual que el ser galáctico, se inicia a partir de una nebulosa. Las nebulosas consisten en la acumulación de gases, cristales de hielo y polvo interestelar en un rincón del espacio/tiempo estelar, es decir del «*éter*». Allí tiene el futuro Ser el vientre que lo va a engendrar. En dicho vientre los distintos elementos químicos se combinan, no en un proceso caótico y casual, sino de una forma ordenada y organizada. Representa la etapa vinculada al elemento Aire, equivalente en el ser humano a la producción de los dos gametos: el femenino (óvulo) y el masculino (espermatozoide).

Nebulosa

Nebulosa

Será entonces cuando la explosión de una supernova cercana, el efecto perturbador de las ondas de densidad en espiral que cruzan la galaxia, o algún otro fenómeno aun no plenamente comprendido cause el ‘orgasmo’ con el que se inicia la fase de fecundación. Con la fecundación empieza la etapa vinculada al elemento Fuego. Con ese orgasmo cósmico se rompe el equilibrio inicial, provocando el colapso de la nebulosa bajo sus propios efectos gravitacionales.

Nebuosa principal

Nebuosa principal

A medida que se colapsa, su centro se irá comprimiendo para hacerse más denso, y la nebulosa empieza a rotar. Con la rotación, la materia fricciona, causando su calentamiento. Ello provoca que el hielo y el polvo interestelar se transformen en gas, y sean expedidos hacia afuera como resultado de la acción centrífuga del movimiento rotatorio. Se da pues un proceso de centrifugado similar a aquel que nos permite separar el agua del aceite. De ahí que los planetas exteriores de nuestro sistema solar sean gaseosos (de Júpiter a Neptuno), mientras que los más cercanos al sol poseen núcleos metálicos (de Mercurio a Marte).

La fase de Fuego concluye con la formación del ‘cigoto estelar’ a partir de la unión de los dos gametos estelares. Una vez formado, el cigoto estará listo para empezar su transformación en ‘embrión estelar’, versión en miniatura del futuro Ser. Con ello iniciamos la fase vinculada al elemento Agua.

Durante la fase de Agua se da forma al futuro organismo. Es cómo el agua que serpentea río abajo, redondeando el contorno de las piedras (mineral); o el agua que incita a la semilla a germinar (vegetal); o que compone el fluido amniótico en el que se desarrolla el embrión (animal). En el caso de un ser estelar, ese agua viene simbolizada por el movimiento rotatorio de la materia que componía la nebulosa, movimiento que se va acelerando a medida que el centro se comprime y hace más denso.

Con el incremento de la velocidad de giro, la nebulosa se va aplanando, para así generar la fuerza centrífuga (hacia afuera) que le permita contrarrestar la atracción ejercida por el embrión estelar en formación. Con ello se evita el colapso total de la nebulosa, el cual hubiera causado el aborto natural del proceso. De ahí que todos los planetas orbiten sobre un plano, llamado la eclíptica.

Entonces se inicia la última fase, la cual vinculo al elemento Tierra.** **En la periferia de aquel ser en formación empiezan a enfriarse las partículas de gas y polvo interestelar que no fueron absorbidas por el embrión estelar. Al enfriarse incrementan su densidad, hecho que las lleva a colisionar, aglomerándose en partículas de mayor tamaño. Eventualmente las partículas de elementos no gaseosos pasarán a formar rocas, e incluso pequeños asteroides. Los asteroides más grandes acabarán por atraer a los más pequeños, constituyendo proto-planetas.

La fase de tierra se corresponde a aquella en la que el embrión ya se formó, y a éste sólo le queda ir incrementando su tamaño a partir de un proceso de aglomeración de materia hasta el instante de «dar a luz». En el ser humano constituye la fase de crecimiento que va desde la formación del embrión hasta el nacimiento.

Formación del sistema solar

Formación del sistema solar

En el sistema solar el momento de dar a luz se dio cuando a causa de la presión interior en el embrión estelar, la temperatura superó los 10 millones de grados Kelvin, iniciando el proceso de fusión del hidrógeno en helio. Representa el instante del parto, a partir del cual el sol central ilumina el espacio interestelar. Con el parto, los vientos solares acaban por dispersar la materia que no pudo aglutinarse en planetas, de manera similar al lavado que se aplica al recién nacido.

Pero los paralelismos existentes van mucho más allá. Así, mientras nosotros, los humanos, necesitamos nueve meses de gestación, nuestro sistema solar requirió un total de cien millones de años. Tal vez parezca una cantidad extrema, sin embargo tan sólo representa el uno por ciento de los diez mil millones de años de esperanza de vida que se le dan. Y no por causalidad, nueve meses también es el uno por ciento de los 75 años de esperanza de vida humana.

¿Cuánto tiempo permaneció la nebulosa en estado ovular (fase de Aire) antes de ser fecundada? se calcula que cien mil años, equivalente a poco más de seis horas a escala humana. Y es que de no ser fecundado el óvulo humano, éste vive entre 12 y 48 horas, de la misma forma que de no ser fecundada la nebulosa, ella también acabará por dispersarse tras unas pocas de sus horas. Se dispersará sangrando como el periodo de la mujer, perdiéndose la oportunidad de la concepción de un nuevo Ser estelar.

Nebulosa mariposa

Nebulosa mariposa

Observamos cómo los ritmos se repiten, independientemente de que estemos hablando de seres humanos o estelares. Se repiten en la espiral del tiempo, a partir de la siguiente pauta:

Tabla de fases estelares

Tabla de fases estelares

para que así no olvidemos que como es arriba, es abajo.

Ser vivo o materia inerte

ES POR ELLO que la distinción entre “ser vivo” y “materia inerte” es absurda y no ha hecho más que limitar y entorpecer nuestra capacidad de comprensión. Nada existe que sea inerte, es decir, inmóvil, sin vida y sin capacidad de reacción. Absolutamente todo, desde la partícula más diminuta hasta el Universo en su totalidad, están vivos, conscientes y en continuo movimiento. Los mueve la Consciencia, la cual tiene en el movimiento su forma de expresión.

El químico James Lovelock formuló en 1969 la llamada hipótesis de Gaia, la cual afirmaba que el planeta Tierra era un ser vivo capaz de autoregularse. Tal afirmación pudo parecer muy novedosa en su momento, y sin embargo no es una hipótesis sino la constatación más antigua que haya podido llevar a cabo el ser humano.

Son muchos los nombres que se le han dado a nuestra Madre Tierra y Diosa de la Fertilidad. Lovelock tomó el de Gaia de la Antigua Grecia, pero hubiera podido decidirse por muchos otros como: Nungeena-tya (en una de las muchas lenguas de los aborígenes australianos), Eka (Africa occidental), Nana (Ghana), *Duniya *(Gambia), Pachamama (quechuas y aymarás), Tonanzin (mexica/azteca), *Tuuwaqatsi *(hopi), Etenoha (iroquois), Ina Maka (sioux), Bhūmi (hindúes y budistas), Phra Mae Thorani (sureste asiático), Ninsun (mitología mesopotámica), Ninhursag (sumerios), Terra Mater (romanos), Ana (Celta), Nerthus (germanos) o Žemė (lituanos).

Ninguna de dichas culturas necesitó la hipótesis de Gaia para considerar al planeta Tierra como ser vivo. De hecho, todas ellas sabían ―y aun saben aquellas que no olvidaron―, no sólo que la Tierra es un ser vivo, sino que además ésta se integra dentro de un ser vivo aun mayor, llamado Sistema Solar. Y también saben que el Sistema Solar se integra dentro de un ser aun mayor: el Ser Galáctico, y éste a su vez en el Ser Universal, hijo de de un padre y una madre, como todos nosotros. La Tierra es la flor del Sistema Solar, aquello que algún día madurará para transformarse en su fruto. Y nosotros, los seres humanos, ¡somos sus gametos!

La Luna: el vientre del Sistema Solar

LOS QUECHUAS Y aymarás llaman Pachamama a la Madre Tierra, palabra que literalmente significa «Madre espacio/tiempo». Mientras que el padre es Pachatata, o «Padre Cielo». Observamos la dualidad de la palabra pacha, utilizada en el primer caso para referirse al espacio/tiempo terrestre, y en el segundo al espacio/tiempo celeste. La vida surgida pues de la unión entre el Cielo y la Tierra. Tal concepto no es únicamente andino, sino que lo encontramos en muchas otras cosmovisiones.

En el chamanismo, el Cielo simboliza el mundo de arriba y la Tierra el de abajo, y ambos se unen para dar lugar al mundo intermedio, aquel que nosotros habitamos. En el I-Ching el Cielo viene representado por el triograma Qián ☰, el cual simboliza la fuerza creativa, el padre y la cabeza. Mientras que la Tierra es Kūn ☷, y que expresa el campo receptivo, la madre y el vientre. Como resultado tenemos la vida surgida de la unión entre pares complementarios: el par masculino activo, y el femenino receptivo. La vida evoluciona a partir de la danza que se da entre esos dos pares. una danza que en el ser humano la llamamos ‘hacer el amor’.

Pero la cosmovisión andina va un poco más allá. En ella se llama al Sol* Taita Inti* (Padre Sol) y a la Luna Mama Killa (Madre Luna). Habrán quienes se pregunten ¿Pero no era la Tierra la madre? Si, pero la Luna también es madre por aportar el agua simbiótica para que en este útero estelar pueda evolucionar la vida. Así, la órbita lunar no se da sobre un plano, el de la eclíptica, como hacen todos los planetas del sistema solar, sino que ella nos envuelve formando una esfera. Cada poco más de 18 años la esfera se completa, como quien hace un ovillo de lana. No por casualidad, el periodo medio de fertilidad en la mujer equivale a dos veces ese ciclo, es decir, unos 37 años. Dos veces el ciclo significa que vibra a una frecuencia justo una octava por debajo.

En astrología la Luna está vinculada al elemento Agua. Muchos dirán que es por ser la principal responsable de las mareas. Sin embargo eso sería subestimar su contribución. La Luna es responsable de que tengamos una atmósfera. Nuestra atmósfera es la envoltura tejida por la Madre Luna gracias a su órbita esférica, es la capa más externa de la piel terrestre. Sin una atmósfera, el principio activo (Sol) evaporaría el agua allí donde se reflejaran sus rayos, mientras que esa misma agua se convertiría en hielo allí donde reinara la oscuridad. Y sin agua en estado líquido, la evolución de la vida orgánica, tal como la conocemos, nunca hubiera sido posible. La Luna también es responsable de la relativa estabilidad del eje planetario, y por derivación, de la estabilidad del clima.

De ahí que no tenga sentido hablar de la Tierra y la Luna como entidades separadas. La primera es nuestra madre y la segunda una extensión del vientre que nos formó. Ambas constituyen un único cuerpo junto con el resto del Sistema Solar, y el hecho que no percibamos la continuidad de la materia que las une, no significa que estén separadas. Son cómo un iceberg que emerge en dos puntos del océano, pero que está unido en sus profundidades.

Iceberg

Iceberg

Esas profundidades representan el subconsciente, aquella parte que no percibimos, y por lo tanto de la que no somos conscientes. Sin embargo, constituye una realidad que visitamos cada noche, cuando al caer dormido nuestro cuerpo físico, la mente empieza a soñar, y con los sueños, el alma se lanza a navegar por los reinos subconscientes del astral y del mental. Y también constituye una realidad que visitamos tras la muerte del cuerpo físico, durante el periodo que el alma pasa en los llamados planos intermedios, antes de volver a reencarnarse en otro cuerpo físico. Esa alma de la que os hablo no es algo inmaterial, sino que está constituida por materia pero muy sutil, mucho más sutil que el aire. El cuerpo astral y el mental constituyen dos de las muchas capas que posee ese alma, dos niveles de densidad, de la misma forma que el cuerpo físico es la capa más densa, la única que puede ser percibida por aquellos órganos sensoriales a los que llamamos: oído, tacto, vista, gusto y olfato.

Incluso los antiguos griegos sabían que, durante el sueño, o tras la muerte, el alma merodeaba por los planos astrales y mentales. De ahí que ellos los llamaran mundo sublunar. La biosfera no constituye pues la esfera real de la vida terrestre. Tal esfera debe extenderse unos 360 mil quilómetros más hacia afuera, hasta alcanzar el perigeo lunar, pues soñamos y merodeamos tras la muerte del cuerpo físico en un espacio que tiene en el perigeo lunar los límites de su morada.

Perigeo Lunar

Perigeo Lunar

Por ello la alquimia vincula a la mente con la Luna. La Tierra estaría vinculada al cuerpo físico, dado que mientras el alma mora dicho cuerpo, nos veremos obligados a residir sobre la superficie terrestre. Y la Luna lo está a las emociones (astral) y la mente, pues mientras no hayamos trascendido nuestro cuerpo astral y mental, nos veremos obligados a residir dentro de la esfera definida por la órbita lunar. Y es que así como la fuerza de la gravedad se manifiesta a nivel físico, para hacer que permanezcamos anclados sobre la superficie del planeta, a nivel mental esa misma fuerza nos mantiene dentro del espacio/tiempo definido por la órbita lunar. Sólo cuando nuestra Consciencia o Espíritu trasciende la mente, para alcanzar el nivel espiritual, logramos escapar de la inercia ejercida por esa fuerza gravitatoria, para viajar más allá de la esfera sublunar, hasta alcanzar al Sol, morada de los planos espirituales de este Ser Estelar al que llamamos Sistema Solar.

Ese Ser Estelar en el que vivimos está experimentando un proceso de metamorfosis, como la oruga, quien llegado el momento se viste de seda, envolviéndose en un capullo hasta convertirse en mariposa. Pero de ese proceso de metamorfosis os hablo en este otro artículo.

2013, Marc Torra para mastay.info

Notas a Pie:


  1. Paridad significa que lo uno se complementa con lo otro. Define elementos ‘complementarios’ como por ejemplo la paridad masculino―femenino. La «ley de la paridad» busca que los pares se unan y equilibren, para dar lugar a un tercer elemento que incorpore aspectos de sus dos progenitores. De dicha unión resulta «la evolución»