México despierta

Lino Ramírez Tizáa & Urus

Lugar de garzas

EL PRIMERO DE junio del 2012 una garza blanca se estableció en el pequeño estanque ubicado en el mismísimo centro del Museo Nacional de Arqueología de Mexico.

Dicho acto no hubiera poseído mayor trascendencia sino fuera porque la leyenda que narra la migración azteca/mexica nos dice que éstos procedían de Aztlán, palabra que en *nahuatl *significa justamente Lugar de Garzas (lugar de ‘*tlan*’ + garza ‘ztatl’)[1]. Aztlán era pues aquella mítica isla primigenia en medio de un lago que inspiró el establecimiento de la ciudad de *Tenochtitlan *(Lugar del Tenochtli, y que es un nopal de tuna dura), actualmente llamada Ciudad de México.

Tenochtitlan

Tenochtitlan

Se dice que a raíz de las descripciones tan maravillosas que de Aztlán se hicieron―divulgadas por fray Diego Durán en el siglo XVI―, los españoles sintieron la necesidad de explorar la región que actualmente constituye el suroeste de los Estados Unidos. De hecho, tan importante fue aquel lugar utópico del que procedían, que cuatro siglos después, de dicho vocablo se derivó el término «azteca», palabra que procede de aztecatl (“morador del” (ecatl) + Aztlán). Tal término fue acuñado por el explorador naturalista Alexander von Humboldt en el siglo XIX. Y sin embargo, aquellos a los que denominamos aztecas son «mexicas», palabra que no hace referencia al lugar de origen (Aztlán) sino al de destino, a aquel punto ubicado en medio del lago de la Luna al que etimológicamente hace referencia la palabra Mexico («*Metztli*» Luna y «*Xictli*» Ombligo o Centro).

La Leyenda

LA LEYENDA NARRA cómo el dios Huitzilopochtli les ordenó que partiesen desde Aztlán para asentarse en un lugar donde habrían de encontrar una piedra sobre la que crecía un nopal y sobre él hallarían un águila. La Tira de la Peregrinación o Códice Boturini es una joya histórica que refleja ese recorrido mexica desde Aztlán hasta llegar a la Tierra prometida conocida de Tenochtitlan.

Cuentan los abuelos que hace ya mucho tiempo Huitzilopochtli –el Colibrí zurdo, hechicero o del Sur–, discutió fuertemente con su hermana Malinalxóchitl –Flor de hierba–. A causa de dicha contienda, ella fue echada de la tribu. Pasó el tiempo y Flor de Hierba dio a luz a un hijo al cual llamó Cópil. Desde muy pequeño, influenciado por su madre, Cópil sintió odio, rencor y desprecio hacia su tío, tanto que llegó a sumarse a sus enemigos para buscar la manera de derrotarle. Huitzilopochtli luchó contra Cópil y con su propia mano lo decapitó y le arrancó el corazón entregándoselo a un sacerdote, el cual lo arrojó cayendo en el centro de una laguna en Altepetl. Transformándose en piedra, de ella brotó un hermoso nopal, que representa el Árbol Cósmico para los mexicas. En él se comunican el Inframundo, la Tierra y el Cielo. La planta de nopal dio sabrosas y vistosas tunas, que son los corazones sacrificados de los guerreros ofrecidos al Padre Sol Tonatiuh llamados cuauhnochtli tlazoti –las preciosas tunas que alimentan al águila–. Así, Tenochtli significa la tuna nacida de la piedra sagrada y Tenochtitlan es el lugar del tunal que nace de la piedra sagrada.

El águila simboliza el nahual o espíritu. Las principales características de ésta sagrada ave es que defiende su nido como ninguna, se aparea de por vida, es monógama y canta su himno de guerra atl tlachinolli para asegurar el equilibrio cósmico. Un día llegaron pues los mexicas a la Tierra prometida y pudieron observar a la majestuosa águila parada sobre el nopal –el Árbol Cósmico que brotó del corazón de *Cópil*–. Alrededor se podían distinguir plumas de color verde, azul, blanco, rojo y amarillo, procedentes de otros pájaros que con anterioridad también habían acudido a comer las tunas, es decir, los frutos del nopal. Cuando el águila vio la peregrinación mexica hizo reverencia ante ellos, bajando de manera galante su bella cabeza. Ello hizo brotar el llanto de los presentes, al sentir que al fin habían llegado a su tierra prometida: Tenochtitlan, hoy Ciudad de México.

Ello nos lo cuenta el Códice Boturini, una copia del cual se encuentra en el mismo Museo de Antropología, a escasos metros de donde anidó la garza blanca. Sin embargo, tal como podemos apreciar en la imagen, una vez establecida la capital en el lago Texcoco, la historia continua y no por casualidad lo hace con un 132 (#YoSoy132). Constituye éste un movimiento que irrumpió en mayo del 2012, iniciado por el sector universitario a causa de unas polémicas declaraciones del actual presidente de la nación, Enrique Peña Nieto.

Como la garza blanca en Chapultepec o la humareda del Popocatepetl, constituye una expresión más de ese despertar. Un despertar que nos viene anunciado en los astros y en los calendarios. En los astros, con el eclipse del 20 de mayo en las Pléyades[2], el transito de Venus por delante del Sol 16 días después[3], y el eclipse del 13 de Noviembre en el punto opuesto. En los calendarios, con el inicio de un nuevo ciclo de 5.125 años, tal como nos anuncia el calendario Maya de cuenta larga.

El águila y la serpiente

HAY QUIENES DICEN que el águila postrada sobre el Nopal estaba devorando a la serpiente, y sin embargo nosotros creemos que el águila no la está devorando sino que la porta en su pico. Pensar que el águila devora a la serpiente parte de la lógica de aquellos que llegaron hace cinco siglos, afirmando que la serpiente o mundo de abajo representaban el mal. Que el lugar del que procedíamos, la tierra que nos dio forma para recibir el soplo divino, el acto sexual que nos engendró y la mujer que nos llevó en su vientre, eran malignos y por ello habíamos nacido en pecado. Sin embargo, una águila portando a una serpiente en su pico constituye un símbolo del equilibrio entre el espíritu (águila) y la materia (serpiente), en la que el espíritu dirige el rumbo y marca el destino (porta a la serpiente en el pico), pero sin someter ni intentar negar nuestra parte material.

El mundo está lleno de alegorías similares, muchas de las cuales ya habían sido expresadas por las diversas culturas que poblaron esos valles sagrados mucho antes de la llegada de los mexicas. Nos estamos refiriendo a la sociedad teotihuacana o a la tulinense. Ambos simbolizaron lo mismo, pero lo hicieron añadiéndole plumas a la serpiente, para que ésta pudiera volar. Dotaron de alas a la materia para que alzara el vuelo, alcanzando así los planos del espíritu. A aquella serpiente que bajó al inframundo para experimentar el proceso de metamorfosis que le permitiera desarrollar alas para volar hasta el treceavo cielo, en la lengua nahual se la llamó Quetzalcoatl, la serpiente emplumada.

Posteriormente, con la llegada de los españoles, estos quisieron imponer un Escudo a la recién descubierta Nueva España; sin embargo, el valor del águila, la serpiente y el nopal en los pueblos originarios fue más fuerte que la religión y la corona, agregándole solamente las ramas de laurel y de encino.

Con Iturbide en 1823, se restablece el emblema mexicano el cual se colocó sobre tres franjas: verde, blanca y roja, en alusión a las plumas encontradas de las aves que se alimentaban de las tunas del nopal. El verde simboliza el reverdecer de la Madre Tierra. El blando la pureza y esperanza para su pueblo. Y el rojo proyectaba aquel horizonte de lucha, revolución e independencia que iba a ser necesario para recuperar el cetro de Moctezuma y Cuauhtemoczin indicando la resurrección de América y anunciando en todo el territorio que algún día allí acabaría por restablecerse una nación en la que el espíritu y la materia volverían a vivir en equilibrio.

La civilización Anáhuac

HAY AQUELLOS QUE quieren ver la migración mexica separada e independiente de lo que en aquella tierra había venido sucediendo en el transcurso de los últimos milenios. De ahí que los antropólogos nos hablen de olmecas, mayas, toltecas, zapotecas, aztecas para crear separación entre aquellos que son hijos de una misma madre: de la cultura anáhuac. Con nombres inventados, etiquetan culturas que forman parte de una misma linea civilizacional y que buscaron un propósito similar.

Muchos se preguntarán: ¿Qué les llevó a construir su nueva capital en medio de un lago, tal vez el lugar menos aconsejado para tal acto? ¿Qué necesidad tuvieron de construir una isla artificial en un punto concreto del lago, para en ella alzar Tenochtitlan?* ¿*No hubiera sido mucho más sencillo construirla en la rivera del mismo? Y el esfuerzo requerido… Para ello se debieron necesitar miles de hombres y mujeres trabajando arduamente, algo que no podría haber sido acometido por un grupo reducido, migrando desde una tierra lejana. Necesitaron pues la ayuda de aquellos que ya hacía milenios se habían asentado sobre aquella tierra.

Todo ello y mucho más nos lo explican Romel Rosas y Hector Vega en su investigación “*Ocupación prehispánica del altiplano y fundación de Mexico-Tenochtitlán*”[4]. Ellos se han fijado que trazando una circunferencia de 75 km de radio, con su centro en el templo mayor de la Ciudad de Mexico, punto más importante de la antigua Tenochtitlán, la circunferencia recorre puntos energéticos clave entre todas las culturas que florecieron sobre esas tierras, como el volcán Popocatepetl, el Nevado de Toluca o los cerros de Jocotitlán y Tepeapulco. Pero también se encuentran antiguas capitales, como la ciudad de Xochicalco y Tula. Se dice que Xochicalco floreció entre los años 650 y 900 de nuestra era, después del vacío político que dejó la caída de Teotihuacan. Después de Xochicalco le llegó su momento a Tula, antigua capital del reino que presidió Topiltzin, la cuarta reencarnación de la Quetzalcoatl, justo ahora hace un milenio tolteca (1040 años).

Parece pues que la edificación de aquella gran ciudad en una isla artificial ubicada en el interior de una laguna equivalía a poner la guindilla (cereza confitada) en el centro del pastel, después de que la naturaleza o el ser humano hubiera puesto otras tantas guindillas a su alrededor.

Era la culminación de una obra que no se inició con aquellos a los que ahora llamamos aztecas, sino que tuvo su origen hace ahora milenios, en una tierra que va desde el trópico de Capricornio, límite del paso cenital del Tonatiuh, el Padre Sol, hasta la actual Nicaragua, palabra que etimológicamente proviene del vocablo náhuatl «*nic-anáhuac*» y que significa “hasta aquí llegó el Anáhuac”.

Mapa Anáhuac México. Anahuac oder Das Reich von Mexico nebst den Angrenzenden Länder zur Zeit der Eroberung” 1874\.

Mapa Anáhuac México. Anahuac oder Das Reich von Mexico nebst den Angrenzenden Länder zur Zeit der Eroberung” 1874\.

La serpiente sin alas

LA GUINDILLA EN el centro del pastel buscaba la culminación de un sueño evolutivo, en el que la serpiente, dotada de alas, volaba hasta el cielo, o era llevada por el águila hasta la cima del nopal, el Árbol de la Vida o Axis Mundi que une los tres mundos, para allí degustar el sabor de su fruto. Sin embargo, ese sueño aun no se ha logrado. Cualquiera que contemple no sólo a México, sino al mundo actual, se dará cuenta que en éste reina una serpiente sin alas, transformada en bestia, que sólo busca satisfacer sus anhelos materiales. Nos rodea el deterioro medioambiental causado por la contaminación y la expoliación de riquezas materiales. Éstas se arrancan sin miramientos del cuerpo de la Madre Naturaleza, sin comprender que tales riquezas minerales conforman sus órganos, aquellos que garantizan la vida sobre este planeta. La actual Ciudad de México, la urbe más poblada del planeta en lo que anteriormente fue un lago, es un claro ejemplo de dicho deterioro.

Polución del aire in México

Polución del aire in México

Uno no necesita ser sabio para darse cuenta que pocos son los que dotaron a su serpiente de alas. Muchos menos son los que le hicieron nacer una segunda cabeza, para que viéndose nacidas de un mismo cuerpo, una le dijera a la otra “*yo soy tu y tu lo eres todo*”. No, en vez de ello, somos serpientes sin alas. Sin alas y con una única cabeza que como un dragón rojo se abalanza al acecho, mordiendo con su ira a todo aquel que le rodea. Así, con nuestra avaricia, alimentamos a esa gran bestia que ha pasado a dominar nuestras vidas y que está destruyendo el medio que nos rodea.

A pesar de eso, muchas son las señales que nos advierten el despertar con el que lograremos transmutar el color del dragón de rojo al índigo y violeta; metamorfosearlo para que le nazcan alas y lograr que le brote una segunda cabeza. Ya con dos cabezas, una mirará a la otra para saludarla pronunciando el recibimiento maya «*In’lakesh*» (Yo soy otro tu mismo). Solo así trascenderemos nuestro propio ego para que en nuestros semejantes nos podamos contemplar también a nosotros mismos.

Al inicio de dicho artículo comentábamos una de tales señales, la llegada de una garza blanca al estanque que se halla en la plaza central del Museo Nacional de Arqueología de México. El museo se encuentra en la antigua Tenochtitlan, pero no en aquella parte que en el pasado estuvo cubierta por el lago Texcoco, sino en la rivera del mismo, justo al lado del bosque sagrado de Chapultepec, lugar al que Moctezuma acudía para disfrutar de sus baños sagrados.

La garza fue para el pueblo nahual un símbolo parecido al del ibis en el antiguo Egipto. El ibis representaba entre los antiguos egipcios a Thoth, al escribano de los dioses, al dios de la sabiduría, al testigo de aquel nuevo amanecer, pues Thoth era el que presidía el inicio de cada nuevo año, cuando el río Nilo se desbordaba, inundando los campos de cultivo con su lodo y permitiendo así la fertilidad de la tierra. La garza regresó pues, para presidir ese nuevo amanecer que está despertando a Me-xíhc-o y al mundo entero. Entonemos juntos ese viejo mantra que dice: Meeee-xííííííííh-coooo, buscando ese despertar colectivo.

2012, Lino Ramírez y Marc Torra para mastay.info

Notas a Pie:


  1. Fuente: Guido Gómez de Silva “Diccionario Breve de Mexicanismos”. 1ª ed., México, FCE, 2001\. Academia Mexicana de la Lengua.
  2. Según los mayas, las Pléyades (Cola de Cascabel) constituye el punto cero de su zodiaco, el punto de inicio. Para más información leer a Sergio Calderón y Fidelia García.
  3. Dicho tránsito está vinculado al regreso de Quetzalcoatl. Para más información leer el artículo [La Profecía](http://mastay.info/es/2012/04/la-profecia/).
  4. Investigación de autor no académico, presentada y publicada a invitación de la división de estudios de postgrado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. UNAM, 1997, México DF