El Eje Espiritual del Mundo

Urus

EN MUCHAS CULTURAS y tradiciones el Árbol del Mundo conecta los tres mundos: el superior, el intermedio y el inferior[1]. Constituye una escalera interdimensional hacia otras realidades. Como alegoría también la encontramos en el continente americano[2], cuyas tradiciones suelen representar al Árbol del Mundo en relación a las cuatro direcciones cardinales[3]. Con ello, el tronco del árbol se transforma en un eje, el Axis Mundi, que señala el punto medio en el que convergen todas las direcciones; aquella quinta dirección desde la que nos podemos desplazar hacia arriba o abajo, hacia afuera o adentro, hacia el macrocosmos o el microcosmos. En la cosmovisión andina, tal alegoría viene representada por la Chakana.

La Chakana nos representa los tres mundos: el de arriba (Janan Pacha), el del medio (Kay Pacha) y el de abajo (Ukhu Pacha). Para el andino, la realidad intermedia del aquí y ahora, aquella que nosotros habitamos, surge del equilibrio entre pares complementarios. Tal realidad se manifiesta en el punto de cruce entre el abajo y el arriba, el centro y la periferia, el interior y el exterior, lo femenino y lo masculino, y la tierra y el cielo.

Así, el círculo central de la Chakana representa a la Pachamama, o Madre Tierra, en cuyas entrañas se ubica el mundo de abajo, central, interior y femenino. El cuadrado exterior simboliza a Pachatata, el Padre Cosmos, en cuya periferia se halla lo masculino, sutil y cósmico. De su unión, intersección o cruce, del equilibro entre ambos, surge el mundo medio que habitamos.

Correspondencia

Sorprende observar cómo en el tantrismo practicado en los Himalayas, es decir, en las antípodas de los Andes, exista un símbolo muy parecido a la Chakana llamado Bhupura. La filosofía tántrica se originó a partir de un conjunto de textos denominados tantras entre los siglos VI y XIII d. C.. Su principal característica es la de no negar, sino afirmar y abrazar todos los posibles senderos, sin pensar que unos sean superiores a los otros, o que unos nos alejen de la Divinidad en vez de acercarnos a la misma. El requisito que tal filosofía pide es que actuemos en conciencia. Así, ésta nos dice que si obramos de tal forma, toda acción puede acercarnos a Dios. Al no negar, sino afirmar, el tantrismo pudo indagar en fenómenos y experiencias que otras filosofías o corrientes religiosas censuraron o que nunca se atrevieron a transitar. A ellos pues les debemos el conocimiento de los chakras, el diseño de mandalas, la entonación de mantras y la visualización de yantras.

El Bhupura sirve de base a muchos yantras. Los yantras son diagramas místicos observados en estados de profunda meditación. Son manifestaciones del plano causal, de todos los posibles el más sutil, y que podríamos considerar equivalentes al mundo de arriba. Bhupura significa ciudad (Pura) de la Tierra (Bhu) y lo forman un cuadrado con cuatro portales de acceso. Cada uno de los portales está orientado hacia una de las cuatro direcciones cardinales, igual que las cuatro aspas de la Chakana[4].

El espacio-tiempo

TANTO LA CHAKANA como el Sri Yantra constituyen una representación de lo mismo: de la Creación, con sus distintos planos de existencia o niveles de vibración. Como una escalera, que nos lleva de lo sutil a lo denso o viceversa. En terminología científica diríamos que representan el Universo en su totalidad, con su origen, su manifestación como espacio-tiempo, sus distintos grados de densidad, y su punto de máxima expansión.

Para el andino, el concepto de espacio-tiempo es pacha. De ahí que la Chakana constituya una representación de los tres pachas o niveles del espacio-tiempo: superior, medio e inferior. Para el tántrico es akasha, la más sutil de las cinco notas cósmicas, aquella que crea el vacío, el espacio-tiempo en cada sucesivo plano de densidad (loka), para que las restantes cuatro notas (Aire, Fuego, Agua y Tierra) puedan también manifestar y crear.

Ambas culturas saben que espacio y tiempo definen las dos caras de una moneda, lo mismo pero visto desde dos ángulos inversos. De ahí que en Hindi se utilice la misma palabra para decir ayer y mañana (kal), y en Quechua la misma para decir “el año pasado” o “el año más distante en el futuro” (kunan wata). Cuando observado como tiempo, éste se nos muestra como una espiral. Cuando observado como espacio, se nos proyecta como una caracola. La espiral del tiempo y la caracola del espacio poseen ambas un inicio o punto de emanación, el cual es a su vez el punto final de reabsorción. Tanto en la Chakana como en el Sri Yantra, tal punto nos viene simbolizado por su centro.

En cambio, Occidente consideró durante muchos siglos que el tiempo era lineal y el espacio plano; que ambos eran infinitos y que uno nada tenia que ver con el otro. Entonces, apenas hace cien años, los unió en el concepto de espacio-tiempo, para percatarse que el espacio era curvo (lo cual lleva necesariamente a una percepción cíclica del tiempo)[5]. Si el universo se manifestaba a ciclos, entonces debía poseer un punto de emanación o inicio, y un punto de reabsorción o final. A tal punto la Ciencia lo llamó la singularidad, a la emanación la llamó Big Bang, y a la reabsorción Big Crunch.

Cuando intentamos representar geométricamente algo cíclico (en el tiempo), que es a su vez curvo (en el espacio), que emana de un punto (la singularidad), y es reabsorbido por ese mismo punto, el resultado es el toro.

Pero la rosquilla resultante nos aporta una fotografía del universo en un instante concreto. Para que realmente exprese su latir, debemos darle movimiento y los movimientos que va a experimentar son dos. Por un lado su latido:

El otro movimiento es de emanación, desde su centro a la periferia y, visto del su cara inversa, de la periferia al centro.

Orus of life

Orus of life

Éste equivale a una representación, utilizando el lenguaje geométrico [6], de lo mismo que intentan representar tanto la Chakana como el Sri Yantra. Los tres nos informan que el Universo emana de un punto (la singularidad), se manifiesta (explosiona), para ser entonces reabsorbido (implosiona) en ese mismo punto, para de nuevo volver a manifestarse, en un latido perpetuo, que nunca tuvo inicio ni final. Y también nos dice que ese mismo universo está constantemente fluyendo, del centro a la periferia y de ésta nuevamente al centro.

Unión de pares complementarios

PERO EL SRI Yantra y la Chakana también nos informan del origen de esa Creación, de su primera causa, algo que la Ciencia Occidental suele eludir para centrarse más en el cómo y obviar el porqué. Según las filosofías tántrica y andina, tal origen surge de la unión entre dos pares complementarios. El Sri Yantra lo simboliza mediante sus nueve triángulos centrales. Cuatro de ellos apuntan hacia arriba, para representar a Shivá, la Conciencia; los restantes cinco apuntan hacia abajo, simbolizando Shakti, la energía. De su intersección surge la Creación en su primer estado de manifestación, el más sutil.

La Chakana, en cambio, lo muestra mediante la circunscripción de tres círculos y tres cuadrados, donde cada par circulo-cuadrado representa un pacha, uno de los tres mundos. Los círculos constituyen representaciones del principio femenino, de la Pachamama, la Tierra, del Universo interior. Los cuadrados representan el principio masculino, Pachatata, el Cielo, el Universo exterior[7]

La cultura mapuche[8], de raíces también andinas, posee un símbolo parecido para representar lo mismo. Es el llamado Kultrún, utilizado para decorar el tambor ceremonial. El tam-tam del tambor construye una reproducción sonora del latido del Universo, de su expansión y contracción, mientras que el símbolo del Kultrún pintado sobre el cuero nos estaría aportando la reproducción visual de lo mismo.

En el Kultrún observamos de nuevo la unión entre pares complementarios que lleva a la manifestación del universo o mejor llamado, duoverso. Tal unión viene simbolizada por el arco iris, ubicado en cada uno de los cuatro puntos cardinales. El arco iris simboliza la armonía surgida de la unión entre la luz solar y la lluvia , es decir, la unión entre dos pares complementarios. La luz solar es una expresión del elemento Fuego, y la lluvia lo es del elemento Agua, simbolizando pues el Sol y la Luna, llamados por el inka Taita Inti y Mama Qilla, o por el tántrico Surya y Chand. O la luz solar es el Cielo, y la lluvia la Tierra, llamados *Pachatata *(Padre Cielo) y Pachamama (Madre Tierra) por el inka, o Shiva y Shakti por el tántrico.

El centro

Tanto en el Sri Yantra tántrico, la Chakana andina, o el Kultrún mapuche, así como en los símbolos de muchas otras culturas, el centro simboliza el punto de emanación o generación de la fuerza creadora. Sin embargo, la gran diferencia entre el Sri Yantra por un lado, y la Chakana o el Kultrún por el otro, la encontramos justamente en cómo perciben e interpretan ese centro.

Para el andino el centro de la Chakana es Pachamama, la Madre Tierra, el mundo de abajo, mientras que la periferia es Pachatata, el Padre Cosmos o el mundo de arriba. De ahí que la energía ubicada en el centro sea llamada jucha, la cual vibra con un mayor grado de densidad; mientras que la de la periferia es sami, de tipo más sutil.

De forma similar, el arco iris mapuche nos aparece algunas veces representado por una banda azul que bordea la banda superior del tambor, la cual constituye el cielo (Huenü); una amarilla intermedia representando el sol o la luz del día (Antü), y una verde inferior, cercana al centro, que simboliza la Tierra (Mapu)[9].

Vemos pues que la gente de tierra (pobladores indígenas del mundo) suelen ubicar a la Madre Tierra en el centro de su simbología, y representarla mediante un círculo, mientras que el Padre Cosmos se hallaría en la periferia. Es decir, las vibraciones densas ocupan la posición central, y las más sutiles la periférica.

En cambio, observamos cómo para las culturas de aire (Oriente), el cuadrado simboliza la Tierra y el círculo el Cielo. Por ejemplo, tal relación no sólo la encontramos presente en el Sri Yantra, con el bindu (círculo central) para representar el punto cósmico de emanación, y el cuadrado periférico (Bhupura) para representar a la Tierra; sino que también se halla presente en la cosmovisión de la antigua China, donde “Cielo Redondo y Tierra Cuadrada” constituyen su concepción del espacio cosmológico, conocida como Tian Yuan Di Fang. Constituye una inversión de conceptos que también la observamos en Ashvattha, la Higuera Sagrada del Hinduismo, cuyas raíces están en el Cielo.

Así, la gente de tierra considera que nacimos del vientre redondo de la Madre Tierra, desde el que buscamos la sabiduría cósmica que está en el cuadrado, para una vez alcanzada, regresar de nuevo al amor del vientre que nos engendró.

Por el contrario, la gente de aire (Oriente) nos considera nacidos del huevo cósmico (Hiranyagarbha), también redondo y ubicado en el centro. Entonces, una vez manifestado el nivel de emanación más sutil, fuimos incrementando nuestra densidad vibratoria, o lo que es lo mismo, disminuyendo la frecuencia, hasta alcanzar el mundo material de la prefería, el mundo terrestre, para de nuevo regresar a ese huevo cósmico. Tal percepción queda reflejada en el Sri Yantra, con los distintos niveles vibratorios que define.

Conclusión

DE TODO LO dicho se puede intuir que como eje espiritual del planeta que parecen ser, los Andes constituyan la polaridad femenina, al ubicar lo femenino y denso en el centro; mientras que los Himalayas representan la masculina, al colocar lo masculino y sutil en ese mismo punto central. Una concepción no es mejor que la otra, sino que simplemente nos narran lo mismo pero visto desde dos ángulos distintos.

El problema surge cuando negamos uno de los pares de la complementariedad, para considerar que sólo el otro es divino. Ni la andina, ni la taoísta, ni la tántrica, ni la anáwak cayeron nunca en ese error, pero muchas son las filosofías y religiones que intentaron alcanzar la Unidad sin antes haber integrado la Paridad.

La paridad hace referencia a la divinidad como resultado de la complementariedad perfecta entre sus dos expresiones pares: una masculina y la otra femenina. Unas veces esa paridad se manifiesta como resultado de la complementariedad entre dos manifestaciones separadas de la divinidad, como por ejemplo el Pachatata (Padre Cielo) y Pachamama (Madre Tierra) andinos, o el Shiva y Shakti tántricos. Otras veces esa paridad se expresa como uno, pero siempre conscientes de que en realidad son dos, como por ejemplo Ometeotl (Aquel que es Dos), divinidad mexica (anáwak) que incorpora ese doble aspecto paritario de la Divinidad; o el Dios Elohim del que nos habla Moisés, palabra que resulta de combinar “*Elōah*” (Diosa) con la terminación masculina plural “*īm*” para así poder expresar ambos aspectos de la divinidad.

Y sin embargo hay aquellos que expresan al Dios Unitario como uno de los pares, generalmente el masculino, pero negando el otro (i.e.femenino). Por ejemplo, el Dios que sólo es Padre y no Madre o que está en el Cielo y no en la Tierra. Al negar la paridad, suele caerse en la dualidad, en el dualismo del bien y del mal en el que lo masculino es bueno y lo femenino malo, o viceversa.

Esa ha sido la percepción predominante durante la era que justo cerramos, en la que una de las dos serpientes de esa paridad fue equiparada al mal, y desterrada del Paraíso Terrenal, por un acto de desobediencia de nuestra parte femenina. Por ello, en el nuevo ciclo que apenas iniciamos, será importante recuperar la mencionada paridad, pues tanto pensar en el Padre Cosmos, hizo que nos olvidáramos de la Madre Tierra, cosa que nos ha conducido a la presente crisis medioambiental.

Nos toca pues volver a aprender el mensaje de la gente de tierra, aquel que nos cuenta cómo nosotros, al igual que el árbol, necesitamos crecer tanto hacia arriba como hacia abajo; y que sin unas raíces proporcionales a la copa, la más suave brisa puede tumbarnos.

Y aquellos que deseen percibir la Divinidad como unidad, que se aseguren de hacerlo una vez hayan integrado plenamente esa complementariedad. Que no lo hagan adoptando tan solo una de las dos expresiones que definen la complementariedad primordial entre lo masculino y lo femenino, para negar la otra, pues se van a quedar como árbol sin raíces.

Marc Torra para mastay.info

Notas


  1. Entre ellas la nórdica, siberiana, eslava, finlandesa, germánica e hindú.
  2.  <li id="fn:fn2">En las culturas del anawák como la *maya, azteca, olmeda y mixteca, también en la mapuche* e *inka*, entre otras.
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     <li id="fn:fn3">Norte, sur, este y oeste.
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     <li id="fn:fn4">Otro nombre que se le da al Bhupura es Trailokya-Mohana, el hechizo (Mohana) de los tres (trai) mundos (lokya): el superior, intermedio e inferior. Por ello, se lo dibuja mediante tres lineas, una para representar a cada mundo.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn4">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn5">Aceptar la teoría de Einstein de que el espacio es curvo, nos lleva a la conclusión lógica de que también es finito. Que sea finito implica que todo regresa a su punto de partida. Por ejemplo, la luz emitida por una estrella acabará regresando a la estrella que la originó. Consecuentemente, ello también conlleva una concepción cíclica del tiempo. Que sea cíclico no significa que se repita exactamente lo mismo, lo cual nos llevaría a poder viajar al pasado, y a lo que en Ciencia se llama “la paradoja del abuelo”. Significa, en cambio, que en cada nuevo ciclo se repite una misma pauta, una misma dinámica, cómo las estaciones del año, que se repiten, sin que un año sea exactamente igual al anterior.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn5">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn6"> La geometría es una palabra griega que significa medida (metria) de la tierra (geo)
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn6">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn7">Para mayor información sobre dicha relación, se recomienda leer “Qhapaq Ñan, la Ruta Inka de la Sabiduría” de Javier Lajo.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn7">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn8">El nombre mapuche viene de gente (che) de la tierra (mapa).
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn8">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn9"> Fuente: “La Cruz del Cultrún Mapuche” por Alicia Carballo
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