El Eje Espiritual del Mundo II

Urus

Paridad en la cosmovisión andina

EN LA COSMOVISIÓN andina todo se expresa en pares. Para el andino dos elementos complementarios se unen formando un par y de su unión crean la totalidad. De ahí que cuando algo viene sin su pareja, es que existe en una condición transitoria, en un estado incompleto [1].

Por ejemplo, cuando los sacerdotes castellanos llegaron a América y empezaron a hablar de un sólo Dios Padre que vive en los Cielos, para los pueblos andinos ese Dios era Pachatata. “*Pacha*” es equivalente al concepto moderno de espacio-tiempo, aunque también signifique Mundo, Cosmos o Universo. “*Tata*” es el término afectivo para referirse al padre. Por lo tanto, Él era el Dios Padre en los Cielos. Pero, ¿dónde estaba su consorte? ¿Dónde estaba su complementario, la Diosa Madre en la Tierra?

Aquel Dios Padre era el mismo del que nos habla Moisés en el Líbro del Génesis, solo que Moisés le llamó Elohim, palabra que resulta de combinar “Elōah” (Diosa) con la terminación masculina plural “īm” para así poder expresar ambos aspectos de la divinidad. Moisés nunca olvidó que para crear se necesitan a dos en paridad. De acuerdo con algunos evangelios no canónicos, como el Evangelio Apócrifo de Juan, parece ser que Jesús nos hablaba tanto del Dios Padre como de la Diosa Madre, ambos en los cielos. Y sin embargo, cuando el mensaje de Moisés y de Jesús llegó a América, ese Dios ya sólo era Padre.

Pues bien, para el pueblo andino la consorte de Pachatata es la Pachamama, una palabra que literalmente significa “Madre espacio-tiempo”, pero que se traduce generalmente como “Madre Tierra”. Obviamente, Pachamama es el término quechua y aimará. En el Ecuador la llaman Allpa Mama y es que así como la palabra utilizada para designar a la Tierra pueda variar según el lugar y la cultura, aquella utilizada para referirse a la madre (Mama) es universal. Constituye, de hecho, el primer fonema emitido por un bebé y el mismo que producen sus labios cuando pide la leche materna.

Comparación entre andinismo y taoismo

EN EL TAOÍSMO, una complementariedad similar entre dos pares nos viene expresada por los principios de yin (⚋) y yang (⚊) y sin embargo en el caso taoísta tales conceptos no sólo definen una relación de paridad sino también de polaridad y dualidad. Se habla del yin femenino y el yang masculino, conceptos que son paritarios. Pero también se habla del yin estático y el yang dinámico, los cuales son polares o duales según el contexto. Por ejemplo, son duales cuando consideramos que algo es estático o dinámico según cómo lo observemos. Ello se debe a que en el Universo no hay nada que no se halle en perpetuo movimiento. Por lo tanto, si algo se nos aparece como estático es que nos estamos moviendo en el mismo sentido y velocidad. Mientras que son polares cuando tales características se alternan. Por ejemplo, nuestro cuerpo está en reposo por la noche (estático) y en movimiento durante el día (dinámico).

Mientras que paridad significa que dos elementos complementarios se combinan para producir un tercer elemento que los incorpora. En la paridad entre el hombre y la mujer ese tercer elemento es el niño, que con los labios produce aquel primer sonido humano, con el que acaba llamando a la madre, para pedirle la leche materna. Una vez aprendido dicho fonema producirá el segundo, y que suele resultar en un papá (español), o un* tata* (quechua) o un dad (inglés), un aba (árabe), o similar, con el que estará llamando al padre.

En la cosmovisión andina, a la relación de paridad complementaria se la llama yanantin y a la de polaridad alterna *kuti, *mientras que tal como vimos pacha era una expresión de dualidad, al simbolizar el tiempo y el espacio a la vez. Constituyen tres tipos de relaciones que también nos aparecen en el Taijitsu taoísta pero expresadas las tres, como ya vimos, por el yin y el yang.

Donde se hace un uso muy elaborado de ambos principios es en el I-Ching. Éste combina el yin (⚋) y el yang (‒) en grupos de tres para obtener ocho triagramas, con el Cielo (☰) y Tierra (☷) como los dos triagramas ubicados en los extremos. Cielo es todo yang y Tierra es todo yin. Los ocho triagramas serán entonces combinados en pares para obtener sesenta y cuatro hexagramas. Pues bien, el triagrama del Cielo (☰) vendría a ser equivalente a Pachatata, mientras que el de la Tierra (☷) representaría a la Pachamama.

Hasta aquí las similitudes, pues también existe una gran diferencia. Tal vez la misma se deba a que dichas culturas están ubicadas cada una en las antípodas de la otra, cómo ya se comentó en la primera parte del presente artículo, en la cual se compara la Chakana andina con el Sri Yantra tántrico (ver aquí). Y es que en la cosmovisión andina se representa a la Tierra o Pachamama con un círculo, mientras que en la cosmovisión de la antigua China constituye un cuadrado. Y por el contrario, en la andina Pachatata es un cuadrado, mientras que el cielo chino siempre es redondo. De ahí la famosa frase “Tian Yuan Di Fang” la cual parece describir la esencia de la cosmovisión china y que significa “Cielo Redondo y Tierra Cuadrada”.

Por ello, los símbolos utilizados por ambas culturas para describir la alternancia entre opuestos son similares y a su vez distintos. Tal como se puede apreciar en las imágenes a continuación:

A la izquierda la pukina inka con la que se nos muestra el fluir del tiempo a partir de la alternancia entre polares, como el día y la noche. A éstos se los ha encuadrado, mientras que observamos el giro circular que emana del centro y de cómo éste se va transformando en un cuadrado a medida que se acerca a la periferia. Dicho símbolo se encuentra en la orfebrería del pueblo Pukina, el cual formó parte del Estado Inka. A la derecha el Tajitsu o Tao, con los ocho triagramas que lo envuelven para decorarlo. Observamos cómo el símbolo es circular, para representar el orden cósmico de la alternancia entre elementos polares. Ello se hace de manera que cuando uno se expresa en su plenitud, ya guarda la semilla del elemento opuesto, el cual empieza a manifestarse primero como cola, hasta que le toque a éste segundo el alcanzar la plenitud.

La cultura inca era cuaternaria

LA LÓGICA ANDINA también sigue un proceso diferente al Taoista a la hora de combinar elementos. En vez de combinar dos principios que pueden expresar paridad, dualidad y polaridad, tal como hacen el yin y el yang, lo que tiende es a combinar dos pares o una paridad y una polaridad, para así alcanzar cuatro elementos.

Por ejemplo, durante el incanato las comunidades (ayllus) estaban divididas en una parte de arriba y otra de abajo, y de hecho aun lo están. Dado que la mayoría de las aldeas se hallan en vertientes montañosas, es fácil notar tal distinción. Y sin embargo, la principal razón para la misma no es geográfica, ni tampoco aplicable sólo a las aldeas. El mismo Cusco, la capital del Estado Inka, estaba constituido por un Hanan Qosqo (Cusco de Arriba) y un Hurin Qosqo (Cusco de Abajo). La distinción responde, pues, a criterios sociales y políticos más que geográficos.

No es esa una división hecha para separar. Sino que se la crea para unir. Quien piense eso no comprendió el verdadero significado de la palabra yanantin. La comunidad como un todo tan solo puede resultar de la unión de dos partes complementarias y de allí la razón de la misma.

Aparte de la anterior, encontramos otra división paritaria. Se trata de la distinción entre tierras de pastoreo y tierras de conreo, dos conceptos que definen una relación distinta a la del anterior, pero que sigue siendo paritaria. Es paritaria dado que el alimento, como tercer elemento, procede de combinar ambos tipos de terrenos. La tierra más fértil era, pues, para el conreo y la más pobre para el pastoreo. Y será entonces, cuando combinemos ambos pares, que obtendremos cuatro permutaciones.

De forma que toda la tierra adyacente a una comunidad estaba dividida en cuatro porciones. Ello tiene su sentido, dado que en una latitud tropical montañosa las tierras de abajo suelen ser más cálidas y más propicias para cultivos como el del maíz, mientras que las de arriba son más idóneas para que en ellas crezcan las patatas.

Otro ejemplo, esta vez combinando dos pares en relación de igualdad, lo tenemos en la familia nuclear. En la cultura andina no se considera que alguien alcanza la edad adulta hasta que no se casa, es decir, hasta que no se une a su par. Entonces vienen los hijos y las hijas. En muchos casos, los primeros se hallan en relación de igualdad (masintin) con el padre, de manera que si éste no puede acudir a alguna reunión, envía al hijo, quien a todos los efectos cumple las mismas funciones. Y lo mismo sucede entre la hija y la madre. Así, de la combinación de los dos pares, formados por *madre*―padre y por *hijas*―hijos, en relación de igualdad entre hija=madre e hijo=padre a efectos de terceros, se obtiene la familia como expresión de un todo.

Dicha tendencia a organizarlo todo en cuartetos la observamos incluso en la división administrativa del Estado Inca. Al mismo se lo llamó Tawantinsuyu. «*Tawa*» significa cuatro o cruz. «*Inti*» significa Sol. Y «*suyu*» es la palabra quechua para región. De ahí que la palabra signifique “*Las Cuatro Regiones del Sol*”.

[2]

Por ello, se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que la percepción incaica de la realidad se daba siempre en términos de cuatro, es decir, era cuaternaria. Con ello se intentaba representar en la Tierra (redonda) el orden percibido en el cielo (cuadrado). Mientras que el orden taoísta percibe a la Tierra cuadrada y al cielo redondo.

A pesar de las diferencias observadas entre las dos cosmovisiones, sí poseen otro elemento esencial en común: ambas siguen la* serie natural de octavas*. Es decir, tienden a utilizar un número de permutaciones que vibra a la misma nota que la Unidad y la Paridad, pero resonando desde una octava distinta. Recordemos que musicalmente una nota vibrando una octava más arriba posee el doble de su frecuencia. Por ejemplo, según la Organización Internacional para la Estandarización, un ‘La’ en un piano deberá afinarse a 440 Hz. La misma nota una octava por encima vibrará a 880 Hz, y una octava por abajo lo hará a 220 Hz. De ahí que la llamada serie natural de octavas sea: 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512, 1024,… donde cada número es el doble del anterior, es decir, se halla una octava por encima.

Dicha serie no sólo la observamos en las cosmovisiones taoísta y andina, sino también en la informática. Por ejemplo, un bit posee dos estados: apagado (0) o encendido (1). Un byte tendrá 8, 16, 32 o 64 bits, según el tipo de ordenador. Una K (kilobyte) tiene 1024 bytes, etc. La serie natural de octavas sigue pues una distribución *binaria *(dos elevado a n)

Y por supuesto, también la observamos en el ADN, en el que se unen dos compuestos orgánicos, llamados purina y pirimidina, para producir cuatro bases nitrogenadas: adenina (A), timina (T), citosina © y guanina (G). Entonces, las cuatro bases nitrogenadas se combinan en grupos de tres para producir sesenta y cuatro codones.

Por el lado taoísta, observamos una secuencia parecida en el I-Ching, con su yin y yang que define elementos en paridad, dualidad y polaridad a la vez, los cuales se combinan para constituir ocho triogramas, y posteriormente vuelven a combinarse, esta vez en pares, para formar los **sesenta y cuatro **hexagramas.

Por el lado andino, lo observamos en la paridad a partir de la cual todo se inicia, y en como dos pares constituyen un cuarteto (Tawa) como representación del orden cósmico. Y de como el cuarteto es elevado al cubo para obtener dieciséis combinaciones. Por ejemplo, ello lo observamos en los dieciséis caminos que conducen a Machu Picchu, cuatro procedentes de cada región (suyu)[3]. También se observa en la zona del lago Titikaka, donde se suelen reunir en grupos de dieciséis para debatir temas relacionados con la comunidad.

De ahí que las «*Kuyas del Mastay*», o piedras de poder, emanen de una forma muy similar. En ellas, dos elementos pares (*masculino*―femenino) y dos polares (estático|dinámico) se combinan para producir los cuatro elementos de aire, fuego, agua y* tierra*.

Entonces esos cuatro elementos se combinan en pares, con uno actuando como dominante y el otro como secundario, para producir las dieciséis kuyas.

Pulsa aquí para leer más sobre las kuyas

** **2012, Marc Torra (Urus) para www.mastay.info

Notas a pié:


  1. Javier Lajo, en su obra Qhapaq Ñan, desarrolla en mayor detalle dicho aspecto.
  2.  <li id="fn:fn2"> Mapa realizado por el usuario de Wikimedia Commons: EuroHistoryTeacher y distribuido bajo licencia Creative Commons – Atribución y Compartir Igual.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn2">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn3">Oscar Medina Zevallos, escritor Peruano residente en el Cusco, fue informado de tal hecho por el arqueólogo Manuel Chavez Ballón, quien murió en el año 2000 sin dejar constancia escrita de tal hecho. Oscar menciona los 16 caminos en su obra “Misterio en el Camino Inka”.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn3">↑</a></li>