«Chaka Runa» u hombre puente

Javier Lajo

De acuerdo con el célebre psicólogo Jacques Lacan, la red inconsciente está constituida por significantes (en los términos de Saussure) y su estructura es idéntica a la del lenguaje en su dimensión estructural u organizada. Esto se comprueba en la vida y obra de J.M. Arguedas, y más aún en “Los Ríos Profundos” que conforman el Perú. Cuando el autor se identifica con el puente sobre el río Pachachaka, está realmente considerándose a sí mismo como un “chaka runa” u hombre puente entre las dos culturas que componen nuestro querido país.

Analizar con tal actitud toda la obra de Arguedas es una tarea para la cual no estoy en las mejores condiciones, pero como dice el dicho: “para muestra, basta un botón”. Este intento de unir las dos partes, pero desde el lado “más profundo” del Perú, o intento del andino de comunicarse con “el otro” u occidental, a pesar de sus agresiones y exclusiones, está también presente en el cuerpo social del mundo andino desde el inicio de la ocupación europea. Por ejemplo, en la mitología del Inkarri. Así lo podemos evidenciar en algunas de sus versiones, cuando nos hablan del Inka Atahualpa, que “estando construyendo un puente de oro entre Perú y España, Pizarro lo mata y le corta la cabeza. Ésta fue llevada a España, pero desde allí sus cabellos de oro puro siguen creciendo, con ellos Inkarri sigue construyendo su puente…”.

¿Por qué Arguedas asumió tan fatalmente esa inmolación histórica y simbólica, que nos afecta a todos los peruanos y que nos obliga a construir un mestizaje digno, para desechar el “hibridismo” actual[1] Inculpar a cierta intelectualidad criolla o europea, por la muerte de Arguedas[2], es darles una importancia que no tienen, ni merecen. Ensayamos aquí pues, una respuesta positiva, que nos envuelve a todos en esta “promesa peruana”.

Nadie mejor que Carl G. Jung para entender los problemas íntimamente subjetivos de un hombre que vive y sufre dos culturas diferentes y a veces antagónicas. En su libro biográfico, firmado por su secretaria Aniela Jaffé, Jung hace una descripción de lo que significó para Europa encontrarse cara a cara con la subjetividad y “visión” de “otra” cultura como la asiática u oriental, ubicada en el extremo opuesto del continente Eurasiático. Este encuentro-desencuentro se comenzó a dar, de forma fatal, en un personaje amigo de Jung llamado Richard Wilhelm. Wilhelm fue “un misionero enviado a la China”, pero que la cultísima China lo devolvió como “misionero chino” enviado a Europa para “culturizarla”. De regreso se trajo el “I Ching”, el libro más antiguo de la humanidad y que él mismo tradujo al alemán. El I-Ching muestra, de manera prodigiosa y comprobable (para cualquier transeúnte, que sepa leer), una técnica de cálculo del futuro u ‘oráculo’, a través de unos hexagramas escritos en lenguaje binario, que estructuran ‘leyes’ de la ciencia oriental, llamada por Jung “ciencia de la sincronicidad”, y en lengua china: El Tao, o “sentido” del tiempo.

Un paralelo andino a la ciencia de la ‘sincronicidad’ o ‘el Tao’ chino, es sin duda el tema del Qhapaq Ñan[3], que se viene constituyendo ya como el mito andino. Para la juventud andina-amazónica, constituye el camino de los Qhapaq o “Camino de los Justos” (k’apakk, en el dicc. de Lira: Justo, exacto, cabal; y Ñan: Camino), camino real que une (en línea recta a 45º al eje norte sur) antiguas ciudades milenarias del incario, como Potosí, Oruro, Tiwanaku, Pukara, Qosqo y Cajamarca. Un símil de esta simbología china, pero impecablemente “andina” es la del “Yanantinkuy” (Ver artículo: “Yanatinkuy y Chekkalluwa” en Mastay.Info) uno de cuyos íconos es este:

El Qhapaq Ñan es “un camino de a pie”, pero también es una “ruta de sabiduría”, un alineamiento de templos a lo largo de la cordillera andina de Perú y Bolivia, y constituye el ‘camino’, pero también una expresión del ‘método’, o prueba material imbatible del milenario proyecto histórico Andino, que fundara aquel Tunupa o Wiracocha del que nos hablan las leyendas y mitos, retratado bajo mil formas en la iconografía andina-amazónica.

Este inmortal camino de sabiduría, también conocido como “Ruta de Wiracocha”, es para algunos investigadores andinos una simple “geodesia inca”, pero para los más, representa la continuidad de una “escuela de sabiduría”, escuela entrañablemente nuestra, que marca una disciplina filosófica o “escuela andina” para el perfeccionamiento del espíritu o la continuación de la obra civilizadora de los Incas de la “Qhapaq Kuna”. Tema aún “mágico” sin duda, para los neófitos, pero que está ocupando poco a poco la atención cultural, filosófica, científica, tecnológica, política y hasta gastronómica; de los que tenemos por el Perú, una pasión tan fuerte como la del Taita José María.

Carl Jung explica en sus obras, y con mucha autoridad, cómo el “racionalismo científico”, es sólo “*la manera occidental, científico-causal, de considerar al mundo” *y que *“entre nosotros ―los occidentales― este pensamiento oriental desapareció de la historia de la filosofía desde Heráclito, hasta que percibimos de nuevo, con Leibniz, un lejano eco*”[[4]

Dichas palabras nos delatan el límite o “frontera de civilización” del occidente europeo, que vive un inconsciente colectivo megalómano, agresivo e individualista, común, que determina y da marcos al comportamiento de la mayoría de sus gentes, a su filosofía, ciencia y tecnología, muy ‘racionales’ por supuesto y cuya exageración negativa, es el actual capitalismo neoliberal y sus valores anti-humanos y anti-naturaleza, que está llevando al mundo a su destrucción ambiental, energética y económica-crematística. Y esto delata también que usan su particular ‘ciencia’ como una nueva religión, con la finalidad de que los que pertenecemos a otras culturas, aceptemos la cultura occidental como “cultura universal en proceso de globalización”.

Este proceso de enajenación mental ‘globalizador’, se acabó, colapsó; y debemos ponerle fin, desde las culturas más fuertes y con espíritu incluyente, como la cultura Andina y que han resistido a este colonialismo occidental mental y material, a escala planetaria. Esta tarea es el legado principal de nuestro querido Taita José María.

Regresando a lo central de nuestro tema, Jung nos relata, en el libro de A. Jaffe[5], que:

La re-asimilación de R. Wilhelm a Occidente me pareció algo irreflexivo y por ello peligroso (…) existía el peligro de un conflicto, de un choque del alma oriental y occidental (…) La enfermedad se agravó en los siguientes meses y supe que estaba en el hospital (…) En sus sueños se hallaba de nuevo en senderos sin fin o en estepas asiáticas. (…) volviendo al problema que China le había planteado y cuya respuesta el Occidente le había impedido (…) Yo creía comprender su situación (…) Su interés se mantenía mientras hablábamos de lo objetivo (…) *Pero cuando intenté rozar los actuales problemas de su conflicto interno, percibí inmediatamente un titubeo y un encerrarse en sí mismo, porque la cuestión le dolía. Se trata de un no entrar, prohibida la entrada, que no se puede forzar un destino que no soporta el abordaje humano.*”

Poco tiempo después el querido amigo de Jung, Richard Wilhelm, el hombre que llevó el pensamiento binario chino a Europa, murió de dolor, víctima de una extraña enfermedad asiática.

El auroral o precursor “hombre puente”, mortificado, dolido, angustiado al extremo por “las contradicciones de civilizaciones”, se rompió, se arrancó por la tensión entre las partes del cosmos que quiso unir; proceso fatal que ni un gran sicoterapeuta como era Karl Jung pudo comprender, conjurar y salvar.

Hoy en día los peruanos y peruanas, guiados por J.M. Arguedas, Manuel Scorza (otro héroe cultural andino incomprensiblemente muerto en un accidente aéreo), entre otros, vivimos sufrientes y en masa este choque inacabable de dos culturas o civilizaciones. El peruano sufre individual y colectivamente esa “contienda subjetiva”, por decirlo de alguna forma, que afectó y mató, inmolando al Taita José María Arguedas. Vimos cómo en otras circunstancias y latitudes este mismo proceso o “contienda subjetiva” entre civilizaciones, mato también a Richard Wilhelm; paralelismo que nos puede explicar un síndrome único que afectó a tantos otros “hombres puente” o “Chaka runas” (en runa simi), que pretendieron unir dos civilizaciones, ofrendando su vida misma.

Esto es lo que hace tan difícil comprendernos entre las partes o vertientes del Perú. Sin embargo hay que reconocer que la vertiente indígena u originaria es la parte fuerte, consciente e incluyente de la contienda entre ambas vertientes Andino y Occidental, que en la mayoría de los casos luchan dentro de nuestra subjetividad. Esta contienda subjetiva, es lo que hace más difícil aún el proceso de unión y conciliación de nuestras diferencias objetivas, como son las diferencias económicas y políticas, pero que más temprano que tarde, tendrán que asumir un “orden andino”, para una solución definitiva de esta promesa que se llama Perú.

** **2012, Javier Lajo para www.mastay.info

Notas al final


  1. Algunos autores como J.C. Díaz del Olmo, y M. Hernández, nos hablan de un doloroso “bastardismo” que procrea el “caos” del hibrido cholaje, que no reconoce autoridad, ley, ni orden alguno.
  2.  <li id="fn:fn2">José María Arguedas se suicidó la tarde el 28 de noviembre de 1969, en Lima, Perú.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn2">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn3">Javier Lajo; “Qhapaq Ñan, la ruta Inka de sabiduría”. Edit. CENES-Amaru Runa; Lima, 2005\.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn3">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn4">“El secreto de la flor de oro”, C.G. Jung, Richard Wilhelm, Edit. Paidos. 1981
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn4">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn5">Aniela Jaffe, “Recuerdos, sueños y pensamiento”, Edit. Seix Barral S.A. 1966\.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn5">↑</a></li>