Dinosaurios y Flores

Urus

Dónde se clavó el exterminador

Hace 65.5 millones de años sucedió un evento que vino a cambiar el curso de la historia. Conocido cómo Extinción Masiva del Cretácico-Terciario, se estima que la mitad de los géneros biológicos del momento desaparecieron, entre ellos y muy especialmente los dinosaurios. Se cree que tal acontecimiento se debió al impacto de un asteroide caído en la península del Yucatán.[1]

Justo en el centro de donde se estima cayó el asteroide hay un pueblo maya llamado Chicxulub, nombre con el que también fue bautizado el cráter. Tal vocablo se compone del verbo Chik, “clavar”, palabra maya utilizada para referirse a las pulgas y a otros animales que pican, y el sustantivo Xulub, “exterminador”, de la raíz verbal Xul, “terminar, finalizar”. De ahí que Chicxulub vendría a traducirse como “*donde se clavó el exterminador*“. Parece como si los mayas ya hubieran sabido, desde hace mucho tiempo, aquello que para la ciencia de la paleontología aun es una hipótesis formulada por primera vez hace apenas treinta años: que allí impactó un meteorito de gran tamaño que acabó con una gran parte de la vida terrestre.

Mapa del Yucatán. Creative Commons.

Mapa del Yucatán. Creative Commons.

El tiempo cíclico

CUANDO OBSERVAMOS EL devenir del tiempo, éste se nos expresa en ciclos regidos por la alternancia de sus fases. El día, con su fase diurna y nocturna; el mes, con sus lunaciones; el año, con sus estaciones; el milenio que define el auge y declive civilizacional; o las cinco Eras de 5 mil años cada una en las que podemos dividir el ciclo de precesión de los equinoccios, con sus distintas fases evolutivas de la conciencia.

El siguiente día, mes, año, milenio o ciclo de precesión será parecido al anterior en el sentido en que vendrá marcado por una misma pauta o alternancia. Caerá la noche; volverá a ser Luna llena; llegará la primavera para que puedan salir los nuevos brotes; la civilización que alcanzó su cenit caerá en declive, para volver a renacer 500 años después. Y en el caso del ciclo de precesión, la humanidad volverá a redescubrir aquello que olvidó, para posteriormente olvidar aquello que recordó.

Así es la ley de los ciclos, ineludible cuando nos volteamos y le damos la espalda, olvidándonos de ella. Sin embargo, es una ley que trabaja a nuestro favor, cuando tomamos conciencia de la misma y sabemos ubicarnos en el fluir del espacio-tiempo. Como dice el dicho: “*no existen los problemas, sino tan solo soluciones mal aprovechadas*”. En cada fase del ciclo tenemos la oportunidad de aprender algo, y solo cuando no reconozcamos esa oportunidad, por desconocer en qué fase del ciclo nos encontramos, la misma será percibida como un problema, como un peligro o una desgracia. De ahí que el la palabra crisis escrita en el lenguaje chino se componga de dos caracteres: uno que significa peligro y el otro oportunidad.

En esa dualidad que nos define toda crisis, para apreciar la oportunidad en vez de temerle al peligro necesitamos: primero, comprender el concepto de tiempo y de los ciclos que lo rigen; y segundo, determinar nuestra posición en tales ciclos. Solo así dejaremos de ver problemas y peligro, para transmutarlos en oportunidades de crecimiento personal y colectivo. Solo así el futuro dejará de ser una incertidumbre, una fuente de ansiedad, para convertirse en aquello que nos permite realizar nuestro potencial. Con ello lograremos que el tiempo empiece a fluir a nuestro favor, como una ola que se aproxima, en cuya cresta nos ubicamos, para disfrutar del viaje con mayor intensidad y alcanzar antes la orilla.

Con esa intencionalidad, mastay.info lleva publicados varios artículos. El concepto de tiempo ya se estudió en el artículo “Poseídos por el Tiempo”. Su ciclicidad quedó latente en el artículo “Tiempo Sagrado”. Nuestra posición en el ciclo se fijó en dos artículos: “Ciclos Cósmicos y Eras” en el cual se analizó la posición en relación a los últimos 25 años, y “Los Pilares de Una Nueva Era”, el cual describe nuestra posición actual en relación a los últimos y próximos 5 mil años de nuestra historia. El presente artículo complementa todos los anteriores al analizar el tiempo no en días, meses, años, siglos o milenios, sino en millones de años. Y cuando al tiempo se lo observa desde dicho ángulo, ya no se nos proyecta circularmente, sino en espiral.

El Tiempo espiral

TIEMPO ESPIRAL SIGNIFICA que los ciclos se van acortando o alargando, dependiendo de si nos estamos acercando o alejando de su centro. Como resultado, en cada sucesiva vuelta la duración del ciclo variará, pero sin dejar de repetirse una cierta pauta, una misma alternancia. Así, cada vez que crucemos una perpendicular de la espiral, volverán a darse unos ciertos acontecimientos. Sin embargo, nunca se repetirán de idéntica forma, pues en cada sucesiva vuelta nuestra cualidad vibratoria también habrá variado. Es decir, sucederá lo mismo pero a otro nivel de la consciencia.

Cuando nos estemos desplazando hacia el centro de la espiral, los ciclos se acortarán y el tipo de experiencias que tengan lugar nos afectarán cada vez a un nivel más sutil de la consciencia, a una frecuencia vibratoria mayor. Mientras que si nos estamos alejando del centro, los ciclos se alargan, y también se incrementa la densidad vibratoria de las experiencias que vivimos, o lo que es lo mismo, disminuye su frecuencia vibratoria. Dicho proceso de contracción hacia el centro y de expansión hacia la periferia marca el latir del Universo, su pulso o respiración, aquello que la Ciencia llama Big Bang y Big Crunch.

Imaginemos que dirigiéndonos hacia el centro de la caracola, experimentamos un cierto evento, por ejemplo un cataclismo. Imaginemos que ese cataclismo tuvo lugar a nivel físico, por ejemplo, la caída de un asteroide hace 65.5 millones de años, el cual causó la extinción de la mitad de los géneros biológicos del momento. Desde entonces no sabemos cuántas vueltas hemos dado a esa misma espiral del tiempo, ni cuál es la duración actual de ese ciclo. Sin embargo, si en estos momentos nos encontráramos pasando por la misma linea perpendicular, podremos esperar un acontecimiento similar. Será similar, pero en vez de darse en el plano físico de la conciencia, tal vez vaya a darse a niveles más sutiles, como por ejemplo en el plano astral del deseo o mental del pensamiento.

No será un cataclismo que extermine a la mitad de las especies animales, como pasó entonces. De hecho, en el plano físico―aquel que percibimos con nuestros cinco sentidos―el evento seguramente se manifieste como una mera aurora boreal perceptible desde latitudes tropicales y nada más. Y sin embargo, la mitad de las entidades astrales que hemos ido creando a partir de nuestros deseos seguramente perezcan como consecuencia directa del mismo. De encontrarnos actualmente en la misma perpendicular de la espiral del tiempo, podemos esperar acontecimientos similares, pero experimentados a un nivel más sutil. Consecuentemente, el estudio de lo que sucedió hace ahora 65.5 millones de años, debe permitirnos establecer los paralelismos, para así comprender lo que podría suceder ahora. Solo así lo dejaremos de percibirlo como un peligro que nos genere ansiedad, transmutándolo en una oportunidad que nos brinde esperanza.

Los Dinosaurios

RECIENTES ESTUDIOS SOSTIENEN que lejos de descender, durante los 18,5 últimos millones de años del Cretáceo la diversidad de especies y número de ejemplares de dinosaurios no hizo más que incrementarse, especialmente en el transcurso de los dos millones de años inmediatamente anteriores al impacto[2]. Tal dato es sumamente importante, dado que aporta mayor validez a la teoría del impacto, frente a otras que argumentaban como causa de su extinción su incapacidad por adaptarse a un medio cambiante. Si hubo incapacidad por adaptarse, pero dicho medio al que no pudieron acoplarse parece que fue aquel resultante del impacto.

Por aquel entonces, los dinosaurios habían acabado por dominar la superficie del planeta. Se habían extendido por todos los continentes. Sus tamaños diferían desde los escasos centímetros hasta los 60 metros de longitud alcanzables por un saurópodos. Algunos eran herbívoros, otros carnívoros. Dado su tamaño y el número de ejemplares alcanzado, éstos habían roto el equilibrio con el medio. Por ello, a medida que su número se incrementaba, la destrucción por ellos ocasionada iba en aumento.

Era un mundo en el que imperaba la “ley del más fuerte” y de ahí que el tamaño se hubiera convertido en un factor evolutivo que confería ventaja. Pero tal crecimiento exagerado los hacía insaciables. Se estima, por ejemplo, que algunos ejemplares de saurópodos necesitaban comer hasta una tonelada de hojas al día, para obtener la energía necesaria que les permitiera mantener sus 100 toneladas de peso.

A parte, al ser reptiles, no disponían de un cuerpo emocional plenamente desarrollado. A su nivel más instintivo y primordial, el cerebro del reptil razona a partir de la lógica binaria. A tal nivel, sus procesos mentales se limitan a decidir si atacar o huir, con muy poca o ninguna expresión de sentimientos. De tal estadio evolutivo se dice que los humanos hemos heredado nuestro cerebro reptiliano. Dicha región organiza los procesos primarios que tienen que ver con nuestra capacidad de actuar. Allí se procesan las experiencias no verbales de aceptación y rechazo. Ello incluye: nuestros hábitos, rutinas, obsesiones, adicciones, búsqueda de la seguridad y defensa del territorio, ritos y rituales, etc. Constituye una parte del cerebro que se caracteriza por la acción, responsable de la conducta automática, programada y gregaria.

Constituía un mundo violento en el que aquel quien se sentía superior atacaba, y el que era inferior huía. Y si el que huía era acorralado, o ambos bandos poseían niveles equivalentes de fuerza, se producía el combate. Un mundo competitivo, agresivo y en el que no cabía la expresión de los sentimientos. Aquellas bestias estaba destruyendo el planeta, y el asteroide impactó para cambiar el curso de la historia, para que aquellos que habían alcanzado un mayor nivel de refinamiento de sus sentimientos tuvieran una oportunidad de prosperar.

La desaparición de los dinosaurios permitió la evolución de los mamíferos. A diferencia de los reptiles, los mamíferos ya disponen de un sistema límbico, el cual está vinculado a la capacidad de sentir. La fecundación de sus crías no se da en huevos, sino en el interior del vientre materno. Al nacer, la camada es amamantada, lo cual favorece el contacto físico y la expresión de cariño entre la madre y sus crías. Mientras los dinosaurios dominaron el mundo, los mamíferos no tuvieron oportunidades de proliferar y expandirse. Pero su desaparición abrió las puertas a la expansión de los mamíferos y con ellos la Naturaleza se entendreció.

Las Aves

NO TODOS LOS dinosaurios desaparecieron. También hubieron aquellos que supieron evolucionar. Eran dinosaurios de menor tamaño y también los menos binarios, pues al ser su tamaño menor, sus mejores tácticas de supervivencia eran la inteligencia y el vivir en grupo. Para escapar de sus depredadores, algunas de tales especies también desarrollaron otra capacidad: el poder volar. El volar, su menor tamaño, su más refinada inteligencia y sus aptitudes sociales, los hizo menos vulnerables a la situación que se creó después del cataclismo. Ellos evolucionaron en lo que actualmente conocemos como aves.

El reptil convertido en ave constituye un arquetipo de la evolución de la consciencia que encontramos en numerosas culturas. En la cultura andina define la relación entre el amaru (serpiente) y el kundur (cóndor). En la cultura mexica (azteca) se expresa mediante la leyenda del águila que sobre el nopal (Árbol de la Vida) sostiene una serpiente en su pico, símbolo que encontramos en el escudo nacional de México.

En la cultura tolteca, la serpiente (Coatl) asciende del mundo de abajo para desarrollar alas y convertirse en ave (Quetzal), dando lugar a Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada, símbolo del despertar de la consciencia. Idéntica simbología la encontramos en el caduceos de Hermes, en el que la vara central, circundada por dos serpientes, nos aparece alada para expresar ese mismo ascenso de la conciencia. Y también la observamos en el Uraeus del antiguo Egipto; o en los Dragones Alados de la antigua China; o en el la Serpiente del Arco Iris de los aborígenes australianos. De ahí que constituya una simbología presente en todos los continentes.

Las Flores

HACE APROXIMADAMENTE 140 millones de años emergieron las primeras plantas con flor. Su aparición fue tan repentina que Darwin las llamó «el misterio abominable». El misterio no solo se debía a su súbita aparición, sino también al hecho de que no pudo encontrar el eslabón de la cadena que le permitiera explicar, a partir de su teoría evolucionista, el surgimiento de las flores. Sin embargo, por muy misteriosas que sean, las flores lo son todo menos ‘abominables’.

Ellas nos alimentan, dado que la inmensa mayoría de los alimentos agrícolas que consumimos provienen de plantas con flor. Y si en vez de ello, consumimos carne animal, ellos también fueron alimentados a partir de plantas con flor. Granos como el maíz, la cebada, el trigo, cualquier fruta, la mayoría de los vegetales, la lista es interminable… Por ello, para que los mamíferos y aves pudieran prosperar, no solo tuvieron que desaparecer los dinosaurios, sino también se necesitó que las plantas con flor evolucionaran lo suficiente como para empezar a producir sus tubérculos, tallos, hojas, granos y frutos. Cuando cayó el meteorito que supuestamente acabó con los dinosaurios, las plantas con flor ya se habían extendido por todo el mundo, substituyendo a las coníferas como árbol dominante.

En un mundo sin dinosaurios, las plantas con flor no solo se convirtieron en la principal fuente de alimento, permitiendo la proliferación de la vida animal, sino que las mismas aves y mamíferos que de ellas se alimentaban ayudaban a esparcir su simiente. De dicha forma se completó el proceso de simbiosis del que resulta el mundo actual. Así, los insectos, el viento, el agua y algunos tipos de aves como el colibrí ayudaban a esparcir el polen (gameto masculino) para así posibilitar la fecundación de otras plantas de la misma especie. Mientras que aves y mamíferos, al alimentarse del fruto que resulta de tal fecundación, esparcen la simiente en sus heces. Constituye una simbiosis mediante la cual el excremento animal se convierte así en el alimento de la semilla que dará lugar a la nueva planta o árbol. Mientras que esa planta o árbol con flor alimentará a su vez al animal.

Situación actual

EN LA ACTUALIDAD se está dando una situación muy similar. Existen unos nuevos dinosaurios que están destruyendo el medio, algunos de los cuales acabarán convertidos en pájaros. Existen toda una serie de mamíferos que encuentran difícil el prosperar. Y recientemente aparecieron unas flores que pueden permitirnos llevar a cabo un nuevo proceso de simbiosis, a partir del cual definir la sociedad del futuro. Estamos, en definitiva, ante las puertas de un nuevo salto de la consciencia.

¿Quiénes son los dinosaurios y qué son las flores? Aquellos que digan que los dinosaurios son el ser humano, es que no comprendieron que ahora, al regresar a la misma perpendicular de la espiral, el nivel de sutileza se incrementó. Por ello, ni los dinosaurios actuales ni las flores constituyen creaciones tangibles del mundo material. Muy al contrario, todo y disponer de su expresión material, ambas creaciones viven y se manifiestan principalmente en los planos astrales del deseo y mentales del pensamiento. Veamos pues quiénes son.

Los nuevos dinosaurios

LOS NUEVOS DINOSAURIOS serían las corporaciones. Con sus logos, eslóganes y marcas, ellas dominan nuestro paisaje mental. Al igual que los antiguos dinosaurios, ellas también han hecho del tamaño una ventaja comparativa. La ley del más fuerte se impone en el mercado, lo cual las lleva a un proceso de adquisición y fusión que busca alcanzar el dominio total de un sector. Dominado un mercado, lo transforman en monopolio (uno domina) u oligopolio (unos pocos dominan), para entonces seguir expandiendo sus tentáculos, ahora verticalmente, adquiriendo aquellos que eran sus proveedores o clientes. El objetivo es la dominación total, desde la extracción de la materia prima hasta la venta o suministro del producto o servicio final al consumidor.

Al igual que los dinosaurios, las corporaciones no poseen cuerpo emocional. Se mueven por la lógica de la maximización del beneficio, lo cual también les confiere una mentalidad binaria. Si hay oportunidad de ganar dinero, se lanzan. Si lo van a perder, se retiran. El dolor causado, las tragedias humanas y ambientales que sus actos puedan ocasionar son, a lo sumo, variables secundarias a considerar. El dinero que ganan es ficticio, pues se generó a partir del compromiso de un país, corporación o familia de devolver las deudas contraídas, pero el dolor causado es real.

Ellas se han convertido en los nuevos dinosaurios. No unos dinosaurios que se manifiesten en el plano físico de la materia, como hicieron sus homólogos 65,5 millones de años atrás. Ellas se expresan de una forma mucho más sutil, lo cual les ha permitido dominar el paisaje mental. Llevamos sus marcas; nos identificamos con sus productos; cantamos sus eslóganes; creemos sus mentiras; ejecutamos su voluntad; y todo ello gracias al marketing. Ellas rigen nuestros pensamientos y quien rige los pensamientos, determina las acciones.

Las futuras aves

NO TODOS LOS dinosaurios buscan el ánimo de lucro. Hay aquellos que bajo denominaciones diversas como asociaciones, ONGs, o fundaciones, intentan ayudar. Unos lo logran, otros se quedan por el camino, y unos terceros simplemente sirven para canalizar los intereses de sus patronos fundacionales, al tiempo que se evitan el pagar impuestos.

La lógica de éstas otras especies de corporaciones con alas ya no es binaria, sino que suele estar mucho más orientada hacia la sociedad. Cuidan del grupo, al que llaman empleados, beneficiarios, asociados o socios cooperativistas, y poseen una orientación mucho más humana. Su tamaño es menor, lo cual les permite regirse por el principio de cada persona un voto, en vez de tomar las decisiones en base al porcentaje de capital poseído. Tales especies están predestinadas a evolucionar, para dar nacimiento a los futuros pájaros. ¿Como se llamarán cuando lo logren? seguramente acaben teniendo muchos nombres. Dejemos que sea el destino quien decida, pues por ahora apenas son reptiles a los que les empiezan a salir las alas.

Las futuras flores

Y LAS FLORES, ¿quiénes son las flores a éste nivel más sutil de la consciencia? Para responder a la pregunta, debemos recordar que las corporaciones hicieron del dinero su fruto, hicieron del ganarlo su objetivo final, olvidando que el dinero es tan solo el abono. A ello lo llamaron maximización del beneficio financiero, lo cual constituye una responsabilidad fiduciaria del equipo directivo hacia el accionista. Es decir, el equipo directivo de una empresa, en términos legales, no tiene responsabilidad hacia la sociedad en su conjunto, pero si la tiene hacia el accionista, y su responsabilidad es la de maximizar el beneficio financiero. Si no buscaran dicha maximización de sus ganancias, los accionistas podrían demandarlos legalmente. Y sin embargo, si al operar a partir de tal lógica binaria perjudican a la sociedad, ésta se ve impotente a la hora de hacer valer sus derechos.

Para identificar la flor, debemos encontrar el fruto, pues la flor no es más que el fruto en su estadio inicial de crecimiento. A las nuevas plantas con flor, aquellas que nos brindarán el fruto que nos alimente, las llamo ‘comunidades’. Constituyen grupos humanos compartiendo un mismo espacio físico o virtual. Grupos esparcidos por el territorio, compartiendo ideas. Grupos que buscan, de hecho, el enriquecimiento del medio en el que habitan, pues en vez de apegarse al fruto de sus acciones, lo ceden en beneficio de la naturaleza y de la sociedad en su conjunto.

Mientras que el equivalente a los insectos son los portales o redes de internet que esas mismas comunidades lleguen a constituir. Desde ellos, las flores esparcirán su polen para polinizar otras comunidades con sus ideas. Es un internet que comunica, para que unas comunidades puedan aprender de las otras, y entre todas entremos en la tan prometida primavera, después del largo invierno de los cinco mil años.

El Internet de las corporaciones es un Internet de dinosaurios. Constituye una red global, dominada por unos pocos, en los que toda nuestra información personal es sistemáticamente registrada con fines a alcanzar un mayor control del ciudadano y conocimiento del consumidor. Sin embargo, existe otro internet. Es una red abierta, participativa, democrática, en la que cada uno decide lo que quiere mostrar al mundo y lo que se guarda para si mismo. Es una red que comunica a las diversas comunidades, para construir la urdimbre de un verdadero tejido social. Es, en definitiva, el Internet de las flores.

Conclusiones

INTERNET ESTÁ POLINIZANDO las comunidades con nuevas ideas para que éstas puedan dar su fruto y así transformarse en las nuevas plantas con flor, en las comunidades del futuro. Las nuevas aves son entidades con personalidad jurídica propia, es decir, con su propio cuerpo (de ahí el nombre de corporación, de ‘cuerpo’) pero ya no orientadas hacia la maximización del beneficio financiero sino del beneficio social y medioambiental. Y los mamíferos son la nueva humanidad que está a punto de emerger, una humanidad que habrá incrementado su grado de afectividad y efectividad, para vivir en paz, armonía y equilibrio.

En los Andes ya está renaciendo esa forma de saber vivir, llamada el Sumaq Kawsay. Constituye el intento por recuperar el “buen vivir” que caracterizó a Amaruka (América), antes de que su mundo se volviera del revés (Pachakuti), algo que sucedió hace ahora 500 años. Las profecías dicen que va a volverse a poner del derecho. De hecho, ya empezó a ponerse del derecho, y lo está haciendo primero allí, en tierra andina y en el corazón indígena. En el corazón de aquellos que nunca olvidaron lo que significa vivir bien y en armonía. Si a ese saber vivir ancestral le sumamos lo bueno que nos aportan las nuevas tecnologías de la información, estoy convencido de que el vivir bien podrá alcanzar a los siete mil millones de almas actualmente reencarnadas sobre este planeta.

Notas a pie:


  1. En 1980 un grupo de investigadores liderados por el físico Luis Álvarez descubrieron, en las muestras tomadas por todo el mundo de las capas intermedias entre los períodos Cretácico y Terciario de hace 65 millones de años, una concentración de iridio cientos de veces más alta que lo normal. El final del cretáceo coincide con la extinción de los dinosaurios y de los ammonites. Entonces plantearon la llamada “Hipótesis de Álvarez”, conforme la cual la extinción de los dinosaurios y de muchas otras formas de vida habría sido causada por el impacto de un gran meteorito contra la superficie de la Tierra hace 65 millones de años. Uno de las mayores objeciones a esta hipótesis era que no se conocía un cráter cuyas dimensiones correspondieran al tamaño calculado, que debería tener entre 150 y 200 km de diámetro. Buscando estudios geológicos realizados desde los años 1960 en adelante se pudo ubicar un cráter en Chicxulub, en la península de Yucatán, con un diámetro de unos 180 km
  2. El equipo de David E. Fastowsky publicó en 2004 un trabajo donde analizaban estadísticamente la base de datos más completa que existe sobre la diversidad de restos de dinosaurios encontrados en los cinco continentes. El artículo se tituló “Shape of Mesozoic dinosaur richness”, se publicó en la revista Geology y está disponible en: