Matriz Andina de la Vida

Atawallpa Oviedo

Conceptos Andinos

Cada uno de estos submundos o esferas tiene una tarea y una misión para la vida: El Kuyay o Mu­nay, que representa el amor, los sen­ti­mien­tos, los afectos, las emociones, la sensibilidad, se lleva a cabo en el Uku Pacha o en el Vientre de la Madre Tierra. El Ya­chay, que es el cosmocimiento (no conocimiento), la inteligencia, la sabiduría, la maestría, se lleva a cabo en el Hanan Pacha o en la Visión del Padre Cielo. De la conjunción entre ambos surge la vida sobre la superficie de la tierra, gracias a la labor de los dos submundos: la madre contenedora de vida (Pachamama) y el padre mantenedor de vida (Pachakamak).

Esta manifestación se denomina Lulay, que es el acto de la­bo­rar, de cultivar, de actuar, de movimiento, de voluntad. Este elemento no es el hacer (ruway), porque en las culturas andinas no existe el concepto de crear, sino el de recrear lo que ya está creado. El andino no se considera a sí mismo el productor o creador de algo (homo faber), sino el cultivador (talpuy) de eso que le ha sido concedido por la vida (homo maietecus). Comprende que, quien produce o crea una planta, no es el labrador o el agricultor, sino el trabajo de la lluvia, del Sol, de la tierra, del viento… y el ser humano tan solo es el impulsor de todo ello. De ahí viene el principio de que el ser humano pertenece a la tierra (culturas vitalistas), diferente a aquel que señala que la tierra le pertenece al hombre (civilización contranatural).

En el sistema civilizatorio, cuya carga conceptual (patriz) es mecanicista, se habla del homo faber bajo la concepción de que quien fabrica todo cuanto hay es el hombre y por lo tanto él es el que hace, y bajo ese criterio él puede hacer y deshacer de la naturaleza, de la materia, de los seres humanos. Y en ese sentido siempre está haciendo, y en ese hacer debe mejorar, progresar, desarrollar, para que todo esté cada vez mejor hecho. En cambio, para los pueblos andinos, que tienen una conciencia vitalista (matriz), no hay nada que hacer, pues ya todo esta hecho. Lo único que hay que hacer es guardar armonía y mantener el equilibrio con el Gran Principio Hacedor y Transformador de la Vida (Kontixi Wirakocha Pachayachachik), que es el que lo hace todo y del cual es parte el ser humano. Esto quiere decir que hay dos posibilidades para el ser humano: ponerse al servicio de la vida y seguir su cauce natural (estabilidad dinámica), o hacerlo a su manera dominando y sometiendo a la naturaleza (desarrollo ilimitado). En otras palabras, el ser humano o guarda, es decir, es guardián de todo lo que le ha sido entregado por el Gran Hacedor, que es la vida establecida y delimitada por toda la existencia en su conjunto (Vivir en Armonía y Equilibrio), o el hombre la mejora (es propietario) dentro de sus creencias de cambiar y transformar la vida (Vivir Mejor y Buen Vivir). Para ambos propósitos las tecnologías, los conocimientos y los sistemas son diferentes.

Desde una visión horizontal de la vida, ésta también se desenvuelve dentro de la paridad complementaria. Así, por ejemplo, el cerebro humano está formado por el cerebro rectilíneo y el cerebro límbico, y de esta simbiosis nace el cerebro neocórtex, el cual se encarga de complementar el razonamiento lógico (yachay) y las emociones conscientes (kuyay). Lo mismo sucede con los dos hemisferios del cerebro: la paridad entre el cerebro derecho (la percepción, la intuición) y el cerebro izquierdo (lo racional, lo analítico). En el mundo andino se prefiere hablar del lado derecho, que es el lado masculino y que tiene que ver con los pensamientos (yachay), y del lado izquierdo o femenino, que hace referencia a los sentimientos (kuyay). El equilibrio y la armonía entre ambos (co-razonamiento) hace posible una existencia ordenada y sinérgica para todos los seres de la vida y, en particular, para los seres humanos.

De igual manera, en el cuerpo humano, el Kuyay (Amor), que es la raíz, el Árbol de la Vida, se ubica desde los pies hasta el vientre, y nos conecta con la Madre Tierra, que representa el amor terrenal. Los pies y las piernas son el espacio humano que se asienta sobre la tierra, y el vientre, de donde procede la vida humana, está vinculado al vientre de la tierra, que da la vida a todos los tipos de seres sobre la tierra (lo femenino). El Yachay (Sabiduría), que son las flores y los frutos, va desde el cuello has­ta la par­te su­pe­rior de la ca­be­za, y nos conecta con el padre cielo para representar la sabiduría cósmica. Es el espacio humano donde se manifiestan las reacciones, las respuestas o los resultados mentales para con la vida, desde la ignorancia o la inconsciencia hasta la sabiduría o suma-consciencia (lo masculino).

Estas dos cualidades (sentimientos y pensamientos) se combinan para manifestarse recreativamente en actos concretos y prácticos (lulay), los cuales pueden ser armónicos y equilibrados, o su contrario, de acuerdo a su nivel de amor y de sabiduría (kuyayachay). Este kuyayachay parafrasea a los griegos preclásicos (y en general a los pueblos vitales del mundo entero), que también entendieron este concepto de forma similar y lo denominaron con la palabra filosofía* (filos*: amor; sofia: sabiduría), es decir, el* amor a la sabiduría* o la sabiduría del amor. Ese es el gran misterio para los seres humanos: su entrenamiento y su formación para volver a saber amar la vida (sumakawsay), como lo hace la naturaleza y el cosmos de forma natural y habitual. El lulay (labor) sería el tronco y las ramas en el Árbol de la Vida. En el cuerpo humano va des­de el om­bli­go-estómago has­ta el co­ra­zón, que son los ór­ga­nos que siem­pre es­tán laboran­do y en gran movimiento.

Para los pueblos andinos sólo una persona en amor pleno (kuyay) y en cosmocimiento (yachay) es capaz de recrear (lulay) armoniosa y equilibradamente la vida, lo cual es el destino y desafío de los seres humanos, o su misión en este estado o expresión de vida. Y viceversa, un ser que no tiene amor y sabiduría, causa dolor y sufrimiento a la vida con sus acciones. Estos elementos podemos aplicarlos a cualquier ámbito de la vida social: economía, arte, deporte, política, familia, etc.

Entonces, el Sumakawsay (Arte de Vivir) está sostenido en dos pilares: el Kuyay Kawsay y el Yachay Kawsay, expresado o manifestado a través del Lulay Kawsay. Vivir amorosa y sabiamente permite convivir recreativamente en armonía y equilibrio con todo y entre todos. Estos son los dos principios o “mandamientos” andinos, que fueron deformados y tergiversados por los conquistadores en su trinidad del “*ama shua, ama quella, ama llulla*”.

Sus diez mandamientos (no robarás, no matarás…) fueron sintetizados en tres (trinidad) para que sean repetidos dogmáticamente por los pueblos andinos: no robarás, no serás ocioso, no mentiras. Hábilmente tergiversaron el Vivir Amorosamente con su visión pecaminosa de no me robaras y no desearas a mi mujer ni mis cosas. El Vivir Sabiamente, con su creencia dogmática de no me mentiras y no pensaras más que en mi dios, en mi civilización, en mi ciencia. Y el Vivir Laboriosamente, con su actitud explotadora de no serás vago ni perezoso para que trabajes bien mis campos y me hagas rico. Ese fue su afán domesticador, evangelizador, civilizador con el que nos siguen instruyendo los colonizadores hasta nuestros días, pues no ha cambiado nada en esencia en estos 500 años.

En este sentido, es importante que los pueblos andinos retomen los ancestrales principios del* Tawantinsuyu* (Estado Inka) y los apliquen a su vida cotidiana, reemplazando ama shua, ama llulla y ama quella, impuestos por los colonizadores. Los dos principios andinos, de cuya intercomunicación surge el tercero, son en el mismo amor (shuklla kuyay), en la misma sabiduría (shuklla yachay) y en la misma labor (shuklla llankay). O también expresados de esta manera: con el mismo pensamiento (shuk yuyaylla), con el mismo corazón (shuk shunkulla) y con las mismas manos (shuk makilla). La expresión “en el mismo amor y sabiduría”, se refiere a ESTAR (tiyay) conectados e imbuidos en el mismo amor total y en la misma sabiduría integral de la vida. De esta manera, expresamos y percibimos que no hay separación entre los seres humanos y los seres vegetales, animales, minerales, estrellas; que todo y todos somos y estamos hechos de lo mismo, por lo que todos somos vida o espíritu, manifestado en distintas expresiones o realidades interrelacionadas.

El sumakawsay

El sistema del Sumakawsay o del Cosmocimiento de la Vida (vitalismo) tiene muchos siglos de experiencia. Los pueblos andinos, y en general todos los pueblos del Amaruka y del mundo entero, lo conocieron y lo vivieron ya desde mucho antes de la invasión castellana, en sus versiones particulares. Se practicó especialmente en la época del matrilinaje, donde no era el hombre el bien (Adán) y la mujer el mal (Eva), y no existía la dictadura patriarcal de los padres sobre los hijos, o la democracia de unas cosmunidades sobre otras en desacuerdo. Tanto es así, que dicho sistema matriarcal actualmente se sigue practicando en ciertas cosmunidades y familias andinas, así como en algunos lugares del mundo entero, e incluso en algunas familias de “occidente”. A través del encuentro (tinkuy) entre personas o cosmunidades en conflicto, se busca la resolución de los problemas a partir del común acuerdo, hasta que todos acepten y queden satisfechas sus aspiraciones mínimas.

Los propios cronistas españoles también hablaron sobre este sistema social andino. El caso más interesante es el que relata Pedro Cieza de León, quién, en su obra Crónicas del Perú y el Señorío de los Incas, detalla el alto nivel de organización social y económica logrado en casi todos sus ámbitos de vida, fruto de una comprensión e interrelación íntima con el sistema natural. Explica un sistema muy elaborado y armónico de vida, el cual admiró a los europeos que leyeron este libro y que sirvió de inspiración a otros intelectuales para proponer un sistema parecido para Europa, como sostiene el francés Louis Baoudin en su libro El imperio socialista de los Incas. Los socialistas utópicos, como Owen, entre otros, posiblemente se inspiraron en los Incas para lanzar sus teorías socialistas, y seguramente también Carlos Marx, con sus teorías comunistas, pues en sus escritos hace referencia a estas sociedades ancestrales en todo el mundo.

Convivir en Armonía o el Vitalismo tampoco fue desconocido por los europeos antiguos, pues las culturas ancestrales originarias de Europa también funcionaron en sistemas cosmunitarios holísticos, especialmente en la época del matri-patrilinaje de las sociedades solares y lunares (también llamado por Marx el comunismo primitivo), hasta su descomposición en el matriarcalismo, que a su vez conllevó la aparición del patriarcalismo (excedente en la producción). Dice Marija Gimbutas, en referencia a Europa: “Todavía vivimos bajo la influencia de esa agresiva invasión masculina, y sólo estamos iniciando el descubrimiento de la larga alineación de nuestra auténtica Herencia Europea- la cultura gylánica, no violenta y centrada en la tierra-.”

Hay una serie de libros que relatan los saberes de estos mundos antiguos y cómo proponían retomarlos y recuperarlos. En la Biblia Cristiana, se habla de la concepción del paraíso perdido hasta la Edad de Oro en la mitología griega y romana. Se señala La República de Platón como el primer planteamiento literario-filosófico de una comunidad ideal. Ya hacia el Renacimiento, Tomás Moro escribe su famosa novela Utopía (1516), en la que inventa el término con el que más tarde se nombraría a la corriente del socialismo utópico. Otras utopías literarias son La ciudad del sol (1602) de Tommaso Campanella, Código de la naturaleza (1755) de Morelly, Juan Jacobo Rousseau y El contrato social (1762), Foción (1763) de Gabriel Bonnot de Mably, Chateaubriand y su libro Átala (1803).

En este sentido, después de todos los experimentos de la arrogancia patriarcal separatista y jerarquisista (esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo), se hace necesario retomar el Sistema Armónico Natural y Orgánico de la Vida (vitalismo), conocido y asimilado por los abuelos y abuelas en todos los rincones de la Allpamama o Gaia durante, como mínimo, ocho mil años, desde el surgimiento de la agricultura. “Es habitual describir a nuestros ancestros remotos (que vivieron de esa riqueza sin saquearla, como hoy hacemos) como pobres y desdichados. Se los describe sufriendo malnutrición crónica, viviendo al borde del hambre. Nada más lejos de la realidad. Al respecto, ahora, la literatura científica es abundante y contundente. M. Sahlins, La economía de la edad de piedra, ha llegado a hablar de la edad de piedra como una era de abundancia y afluencia.” (Javier Medina en Suma Qamaña)

Nos “Interesa aquí comprender que las filosofías del ser, impuestas por las instituciones de occidente a lo largo y ancho del planeta en que vivimos, han cumplido con su tiempo y que ya es hora de repensar los nichos culturales, emocionales, y racionales desde los cuales nos levantamos. Las Américas han traído a la mano muchas racionalidades, muchas lógicas, muchas maneras de vivir, de sentir y de emocionarnos.” (Roberto H Espoto y Sergio Holas en “*El ser y el estar*”, incluido en Rodolfo Kusch: hacia una condición postcolonial pensada desde categorías epistemológicas situadas.)

Para ello es primordial e imprescindible comprender qué es la cosmoconciencia andina, para así poder intentar definir qué es el Sumakawsay. Acercarse desde las corrientes civilizatorias occidentales modernas de derecha o de izquierda, mercantilistas o liberales, es caer nuevamente en el mismo error de siempre: pretender adaptar o categorizar ideas de otro mundo dentro de un tercero. “Por eso resulta inadecuado y hasta absurdo tratar de acercarse a la cultura y filosofía andina desde la ideología de una «ciencia materialista»; el reduccionismo occidental no es capaz de entender la riqueza sapiencial y científica del hombre andino”. (Filosofía andina, de Josef Estermann)

Esto es lo que hemos vivido durante 500 años: los conquistadores, antiguos y modernos, analizando e interpretando desde sus antojos maniqueistas del «bien y el mal», y los indianistas e indigenistas, puntualizando desde sus «buenas intenciones». “Aunque las consecuencias… ya no llevan a la extinción física, la esclavitud forzada o la exclusión formal de los derechos humanos, las estrategias de la filosofía académica contra la irrupción de lo indígena en el área del pensamiento filosófico no difieren principalmente de las argumentaciones de los primeros conquistadores.” (Si el Sur fuera el Norte, de Josef Estermann)

Pretender hablar del Sumakawsay sin conocer la cosmoconciencia andina es la práctica arribista, enajenante y estereotipada de siempre. Es simplemente continuar con el atropello y el abuso de los «extirpadores de idolatrías» del pensamiento y sentimiento ancestral andino. Es la prepotencia intelectual de quienes desconocen la tradición andina y, sobre todo, de quienes no la han vivido para interiorizarla en su vientre y enraizarla en su corazón. “Uno no puede conocer realmente el pensamiento filosófico de un pueblo si nunca se ha sentado a su mesa, si no ha bailado sus danzas, si no ha sufrido con él.” (Filosofía andina, de Josef Estermann).