AYNI - Ley Natural de Reciprocidad

Urus

Ayni y el robo

Hay aquéllos que creen que ayni equivale al trueque, pero no es así, pues el trueque significa:

“yo te doy esto, y tu me das lo otro”

El trueque constituye la antesala del dinero, ya que el siguiente paso de lo descrito arriba es:

“yo te doy esto, y tu me das dinero, y con ese dinero yo obtengo alguna otra cosa que necesite y que tu no tengas”

En cambio ayni se basa en la plena aceptación de la ley universal que te pide dar en proporción a lo recibido.

En una sociedad regida por tales preceptos, ¿no es más sencillo pedir lo que uno necesite, que robarlo?

Sabemos que para comprar, se necesita dinero; y para el trueque, se precisa tener algo a intercambiar que el otro requiera. Por ello, en ambas situaciones se puede dar la situación de aquél que roba por necesidad. Robará por no tener ni dinero, ni nada a intercambiar, en una situación en la que necesita y nadie le da.

Sin embargo, para pedir mediante ayni no se requiere tener, sino únicamente estar dispuesto a dar. Y se puede dar devolviendo a quién se pidió, o dando a una tercera persona, para que sea el Universo quién se ocupe de saldar las cuentas.

De ahí que, si todos pueden tener, con el simple acto de pedir, con la única obligación de algún día dar, para mantener la reciprocidad, ¿qué necesidad hay de robar?

Ayni y la ociosidad

Ayni también anula el segundo precepto: “no seas ocioso”, pues la ociosidad nace del desequilibrio entre el dar y el recibir; nace de una situación en la que coexisten aquéllos que dan-sin-recibir, y aquéllos que reciben-sin-dar. El que recibe-sin-dar, se mantiene ocioso por tener todo lo que precisa, sin necesidad de trabajar. Pero el que da obligado, y sin recibir, también buscará la ociosidad por una simple cuestión de motivación.

De ahí que, la esclavitud no se aboliera por cuestiones morales, sino porque ya no era económicamente viable. Dejó de ser rentable tener esclavos a los que alimentar y alojar, por ser su productividad baja. Y su productividad era baja por haber sido forzados a dar, sin recibir más que mala comida, malos tratos y mal alojamiento. La nueva esclavitud pasó a ser el trabajo mal remunerado, el cual era económicamente más rentable, por acarrear menos responsabilidades para el patrón y añadir la posibilidad del despido como elemento de persuasión.

En cambio, cuando una sociedad se rige por ayni, tal desequilibrio entre el dar y el recibir no se produce, pues uno sabe que debe dar en proporción recíproca a lo que reciba. Habrán los que trabajen más, por necesitar más, y los que trabajen menos, por necesitar menos, pero no los ociosos, pues de serlo pasarían hambre.

Ayni y la mentira

Finalmente, aquéllos que han tomado plena consciencia de la ley universal que equilibra todos los actos, llamada ley natural de la reciprocidad o karma, saben que ni la mentira les permitirá esquivar tal ley. El Universo hace sus cuentas a partir de lo que hemos dado, hemos hecho o hemos dicho, y no de lo que afirmamos haber dado, haber hecho o haber dicho. Por lo tanto, una sociedad que se base en los preceptos de ayni, es una sociedad en la que cada individuo sabe que la mentirá no va a permitirle cambiar el juego de equilibrios.

Conclusiones

De ahí que los mencionados tres preceptos sólo tuvieran sentido cuando al mundo andino se le impuso la lógica de aquéllos que vinieron a conquistarlo. Ellos vinieron robando y dando poco, para así tener más, y mintiendo, para así esconder sus actos. El indígena lo vio y aprendió, para entonces reaccionar de la misma manera. Fue entonces, y sólo entonces, que tales preceptos tuvieron que imponerse, y para legitimarlos se dijo que procedían del periodo incaico.

Ello no significa que durante el incanato, el robo, la ociosidad y la mentira fueran inexistentes. Si existe una palabra en quechua o aymará para referirse a ellos, es que estaban presentes. Mientras que por ejemplo, en aymará no existe la palabra ‘hambre’, pues nunca la hubo. Robo, ociosidad y mentira debieron estar presentes, pero nunca constituyeron un problema social, que pidiera un precepto para corregirlo. Por poner un ejemplo, una vez leí un cartel en el ascensor de un país asiático que decía: “Prohibido orinar”. ¿Tengo que deducir que por estar prohibido en aquel país, nadie orina en los ascensores, mientras que en el resto del mundo constituye una practica habitual? O, por el contrario, que en el resto de países no se suele orinar en los ascensores, y en ese si, y por ello tuvieron que prohibirlo…