Cosmovisión Indígena

Chamalu

Por todas partes se perciben grietas en el asfalto civilizacional. La gente que se rebela rompe el programa del zombie consumista, concebido solo para producir y comprar. Lo rompen y comienzan a dudar. La duda atrae a la pregunta y las preguntas inauguran la búsqueda. El sueño ha sido interrumpido. Los cuerpos sin vida comienzan a darse cuenta que la vida es otra cosa. Que el consumo no es el motivo por el que de vinimos al planeta Tierra. Que nuestro cerebro, tan poderoso como desconocido, no puede ser reducido a una vida rutinaria, en la que uno vive y la deja pasar sin darse cuenta.

Cultura de Shopping por Jonathan McIntosh. Creative Commons

Cultura de Shopping por Jonathan McIntosh. Creative Commons

Reconstruir los hechos de una cosmovisión donde la vida perdió su valor sería interminable. Delinear otras posibilidades de vida es más interesante. Ello puede hacerse sobre la base del despliegue de nuestro potencial interior. Hace mucho tiempo atrás, nuestros antepasados indígenas fueron marginados, discriminados, alienados y esclavizados. Su matriz cultural fue destruida, su alma muerta, su cuerpo condenado a vivir desahuciado. Obligados a vivir una vida sin identidad ni naturaleza, los abuelos se marcharon. Empero dejaron sus huellas, para que en silencio nos cuenten cómo era la vida, cuando la vida era lo más importante. Esa es la cosmovisión indígena de la que queremos hablar ahora.

Un día el cielo se oscureció para nosotros. Pero el anochecer siempre trae un nuevo amanecer. Ese día ha llegado. Ese día salimos del silencio y empuñamos nuestra identidad. Somos indios en pie de paz. Querremos continuar habitando en la Madre Tierra. Ello hace que nos acerquemos al hombre blanco para decirle: “urgente, aprender a vivir, aprender a caminar con reverencia y dejar que el amor se haga cargo de tu vida.”

Kalapos por Agência Brasil

Kalapos por Agência Brasil

Quizá este sea el tiempo para romper el vidrio del prejuicio, un filtro que hace que nos vean diferentes a lo que realmente somos. Tal vez este sea el momento para aminorar las distancias, para abrir los ojos del corazón y descubrir la posibilidad de otras maneras de vivir, válidas y muy interesantes.

El cielo del futuro se oscurece cuando nos limitamos a una sola manera de pensar y vivir. Para nosotros la vida es una cita con lo sagrado, un artesano multidimensional donde todo es uno y todo está vivo. Lo sentimos, lo presentimos; sabemos también que no solo existe lo que ven nuestros ojos y que mirando exclusivamente afuera, corremos el riesgo de perder de vista el potencial interior que todos tenemos y el acceso a una tecnología interior tan poderosa como olvidada.

Consciencia, por H Coppdelaney. Creative Commons

Consciencia, por H Coppdelaney. Creative Commons

La certeza de que todo es uno y todo está vivo no proviene del análisis conceptual ni de esfuerzos racionales. La razón es un instrumento válido y poderoso pero no exclusivo. Es muy estrecho el haz de luz que proyecto la mirada exclusivamente racional por que en verdad la realidad no se reduce a blanco o negro ni la vida a un pasillo rumbo a la muerte. Nosotros sospechamos que la muerte no existe, que la energía de los ajayus, de los cuerpos sutiles que en el fondo somos, son la sucursal del universo que también somos. Entonces, no hace falta apiñarnos solo en esta dimensión ni hundir nuestros ojos en lo que parece ser la realidad normal. Es que si todos son ciegos, no puede ser la ceguera lo normal ni condenarse al tuerto.

El ciego guiando al ciego, por Lee Mclaughlin. Creative Commons.

El ciego guiando al ciego, por Lee Mclaughlin. Creative Commons.

A nosotros nos aguarda una realidad constituida por magia. Esa fue la ciencia de los abuelos. Nosotros sabemos que las piedras también están vivas, solo que habitan otro tiempo. Sabemos que los árboles cantan, que hablan a los que reconstruyeron su sensibilidad y se liberaron de la dictadura de una razón, con pretensión de exclusividad. Sabemos también que los animales son parte de nuestra historia evolutiva, que pueden incluso protegernos, que solo precisamos purificar nuestra energía para comprender que somos de una tribu donde todo está vivo, conectado y evolución.

Collage del Paraiso, por Adrian Salamandre. Creative Commons

Collage del Paraiso, por Adrian Salamandre. Creative Commons

Desde nuestra cosmovisión, constituida de inocencia y de reverencia, convocamos a los otros hijos de la Madre Tierra a celebrar la unidad en la diversidad. Solo entonces podremos decir que el amanecer de la esperanza ha empezado.