Profecías de un Nuevo Inti

Maria Monachesi (Karikuy)

Como es arriba es abajo, como es adentro es afuera

La sabiduría andina sigue guardando secretos para los hombres y mujeres de hoy. Para aquellos que se entregan a la guía de su espíritu, los misterios incas―la herencia de los Hijos del Sol―se desvela al ritmo del latido de la Pachamama (Madre Tierra), de la luz creativa de Tayta Inti (Padre Sol) y del sonido ordenador de Pachakamac (el Kosmos).

La Ruta de Wiraqocha, como camino iniciático, expresa en nuestro interior la peregrinación a sus lugares sagrados, conectando nuestros chakras con el recorrido de un viaje místico que tiene su punto central en el corazón, lugar en el que confluyen la energía del Cielo y de la Tierra. El corazón es el puente donde el verdadero conocimiento se revela, para entregarnos las herramientas que nos permitan constituirnos en un Nuevo Ser Humano, uno que integre lo femenino y lo masculino, y que sea capaz de acceder a la magia que conocieron y preservaron nuestros ancestros.

Las profecías como parte de un modelo educativo

Los grandes principios de la sabiduría ancestral andina han sido trasmitidos a través de las profecías. A partir de ellas podremos construir en un modelo educativo que, de un modo renovado y más accesible, vuelva a estar vigente durante el ciclo que justo estamos iniciando.

Las profecías son un camino, una advertencia, una revelación, al presentarnos una realidad futura como una posibilidad. Son un pronóstico que nos expresa un determinado futuro, el cual se cumplirá si nuestro curso de acción se mantiene inalterado. Podemos decir que las profecías nos ayudan a tomar el timón de nuestras vidas, para así replantear nuestras conductas. Por ello, el arte de profetizar está muy cercano a la verdadera educación. Educar debe enseñarnos a desenvolvernos en el momento presente, para así ir tejiendo un futuro―tanto individual como colectivo―que sea asombroso, causal y lleno de magia. La verdadera educación debe ayudarnos a ver cumplido el futuro que queremos, a manifestar aquello que deseamos.

Las profecías globales o colectivas llegan al presente como parte de un legado cultural. Tal tipo de profecías no sólo afectan a una cultura o grupo humano, sino que nos involucran a todos. La espiritualidad andina tiene en la profecía una parte importante de su rica tradición oral. Éstas son concebidas por aquellos que fueron bendecidos con el don y la virtud de poseer una visión capaz de atravesar la barrera del espacio y del tiempo, una visión a la que llamamos premonición o clarividencia.

Sin embargo, hoy por hoy, la posibilidad de ver y profetizar está a disposición de todo aquel que tenga un camino o compromiso espiritual, y ya no únicamente de la mano de unos pocos iniciados. Acceder al futuro desde nuestro presente, y cambiar nuestro curso de acción, para así ver cumplido el futuro que queremos y no el profetizado, es parte de las nuevas características evolutivas del Ser. Son habilidades que se van revelando en unos con mayor claridad y naturalidad que en otros, pero que todos estamos activando a medida que nuestra conciencia entra en el nuevo ciclo y se expande.

La nueva educación propone un hombre y una mujer integral, que sean partícipes del sistema orgánico de la Tierra, y estén unidos conscientemente a toda la Naturaleza. Deberán estar anclados en la Tierra, y a la vez, ser capaces de conectarse con las estrellas. Deberán poder zambullirse en su universo interno, tanto como en el externo, para así lograr despertar su sabiduría.

En el camino de esta educación integral del Ser, se nos presenta el desafío de la sanación personal. Sanarnos constituye una tarea necesaria, si es que realmente deseamos trascender los pensamientos y emociones negativas, para lograr recuperar nuestra salud física, emocional, mental y espiritual. Este proceso es un recorrido que nuestra voluntad deberá aprender a llevar a cabo de una forma constante e ininterrumpida hasta que podamos convertirnos en los seres completos que verdaderamente somos.

Sé laborioso, sé honesto, sé veraz y sé leal

Los Andes y sus pueblos originarios nos acompañan en este nuevo período, y lo hacen abanderando la insignia del *Tawantinsuyu *(nombre de la antigua confederación inca). Con su renacimiento y expansión, llegará el momento en el que la profecía llegue a formar parte de nuestra vida cotidiana. Las profecías dejarán de ser advertencias que buscan evitarnos el ver cumplido un futuro indeseado, para transformarse en:

  • Una nueva manera de percibir la realidad, la cual ofrecerá respuestas a cuál debe ser el camino a tomar, tanto para el individuo como para toda la humanidad.
  • Una nueva manera de vivir, aplicando valores transpersonales que habían quedado sumergidos durante el predominio de la era de la mente y el materialismo. Una manera de vivir que ponga especial énfasis en el respeto hacia toda la existencia, hacia todos los seres vivientes, hacia toda la Naturaleza. Así se busca reconocer la vida como algo sagrado y no algo a ser profanado.
  • Una nueva manera de conocer, más allá del uso de la mente, dando paso al predomino de otras inteligencias (emocional, espiritual), y al uso de los sentidos de manera más amplia y consciente.
  • Una nueva manera de crear, enfocando la intención en la puesta en marcha de nuestros sueños, confiando en los atributos que encarnamos como co-creadores del Universo.
  • Una nueva manera de amar, sin condicionamientos, con libertad, reconociendo en toda relación con los demás, el reflejo al tipo de vínculo que existe entre los distintos aspectos/partes que componen nuestro propio Ser.

El profesor Evaristo Pfuture Consa expresa una síntesis de esta ‘nueva manera’ de ser, pensar y actuar. Él dice: “Hay que probar el polvo de oro que es la cultura andina. Pero cuando la humanidad ponga a prueba los cuatro principios de saber humano―sé laborioso, sé honesto, sé fiel y sé veraz―,se corrige todo, no existen más leyes.”

Más allá del origen de estas máximas, cuando se institucionalizan, se arraigan a una cultura para luego trascenderla por su claridad de forma y contenido. Ello además permiten que sean capaces de expresar la esencia de una espiritualidad viva y de acción cotidiana. La grandeza se encuentra en su maravillosa simpleza, para cobrar un sentido creciente cuando se las aplica con disciplina y conciencia. Tales principios, en la lengua quechua, son: Ama Quella (sé laborioso), Ama Suwa (sé honesto), Ama Llulla (sé veraz) y Ama Hap’a (sé fiel y leal).

La Reunión del Cóndor, el Aguila y el Quetzal

Cóndor que aparece en el pueblo de Urcos.

Cóndor que aparece en el pueblo de Urcos.

El Cielo del Tawantinsuyu se está agrandando para convertirse en un símbolo del firmamento planetario, en una revelación en marcha, de manera que nuestro Inti (Sol) se transforme en el Inti Universal. Una calidez renovada tiene su origen en los Andes, pero acabará alcanzando a todo el mundo. La verdad es contada en diferentes idiomas y cada fragmento es una nota que concluye una pieza musical perfecta. Estamos todos incluidos en esta armonía. Viajamos al compás de una nueva energía, permitiendo que el sonido haga eco en lo lugares más recónditos de la Pachamama.

Hoy mi corazón percibe la profecía de la reunión del Cóndor, el Aguila y el Quetzal, como una realidad dinámica, un proyecto vivo, un hecho comunicativo creciente. Los pueblos originarios de América, a través de sus aves sagradas, abrazan la comunidad de la sabiduría que comparten, y expresan con orgullo los aportes que los diferencian y enriquecen. Esta es una tarea a emular y a multiplicar para alcanzar la transformación de nuestros sistemas sociales, económicos y políticos.

El nacimiento de una gran comunidad universal es la profecía que subyace en el corazón de las aves que con su majestuoso vuelo avanzan para encontrarse con sus hermanas. Es un llamado que ha sido escuchado. Los peregrinos ya han iniciado su viaje. Muchos ya están en el lugar del encuentro. La semilla del Tawantinsuyu ha comenzado a crecer en muchas conciencias alrededor de todo el planeta.

Viajeros del tiempo

Nunca antes en la Tierra existió la combinación energética (espacio+tiempo+luz) de ‘este ciclo’. Los incas lo supieron y prepararon cápsulas de tiempo y vórtices energéticos que están siendo descubiertos en distintos lugares de Latinoamérica. Estas cápsulas de tiempo cobran distintas formas. Una, por ejemplo, es la de los niños del Yuyay Yaku, que más allá de su infortunado descubrimiento y profanación, no alcanzó a borrar por completo el maravilloso legado dormido por más de 500 años. Otras cápsulas son los discos solares distribuidos por todo el planeta, y los muchos lugares sagrados especiales que aun conservan su poder de iniciación y sanación, y que están siendo puestos al servicio de este tiempo de luz.

Estamos frente a una oportunidad realmente ‘única’ de transformación personal y colectiva en nuestra tierra latinoamericana. Gran parte de la enseñanza, principios, valores y nueva ciencia, son el legado de los ancestros andinos y de la gran civilización inca.

Los pueblos originarios resurgen para mostrarnos de lo que somos capaces; para recordarnos cómo retomar el verdadero camino y volver a manifestar el Paraíso en la Tierra. Estamos aquí para ver renacer el Tawantinsuyu con todo su esplendor.

Hagamos silencio. Escuchemos a waira (el viento) con el corazón. Respiremos profundo mirando hacia el cielo para poder ver y sentir el nacimiento de un Nuevo Sol.