Calendarios de Sabiduría

Marc Torra

Los 13 numerales

Trece también son las constelaciones de su zodiaco. ¿Porqué? El ecuador solar completa una vuelta cada poco más de 25 días, pero dado que la Tierra también se habrá desplazado en relación al Sol, observada desde la Tierra esa rotación dura aproximadamente 28 días. Así, al multiplicar 13 por 28 obtenemos 364. Y si con cada rotación del ecuador solar trazáramos una línea imaginaria entre nosotros y el Sol, obtendríamos una división de la eclíptica en trece partes iguales.

13 constelaciones

13 constelaciones

De ahí que el zodiaco maya contenga 13 constelaciones. Ellos llaman *Tzab-ek *(Cola de Cascabel) a la primera de tales constelaciones. Nosotros la llamamos Las Pléyades.[1] *Tzab-ek *es el cascabel de una serpiente que tiene su cabeza en el punto opuesto, en una zona conocida como el centro galáctico. En la astrología maya la cabeza de esa serpiente corresponde a Itzamná (la iguana), también llamada shibkay (peje lagarto). El peje lagarto es un pez con hocico de lagarto típico de la región del estado de Tabasco. Dice la tradición que no puedes visitar el paraíso sin haber comido carne de peje lagarto. Tal creencia esconde un profundo conocimiento: la ubicación de los planos energéticos superiores (el Paraíso) en el centro galáctico (peje lagarto).

Los sumerios también consideraron a las Pléyades como la primera de sus constelaciones. Así, según el compendio Babilonio del Mul Apin el transito de la Luna surca 18 constelaciones, siendo la primera Mul Mul, y que justamente corresponde a las Pléyades.[2] Los Babilonios heredaron de los sumerios las mencionadas 18 constelaciones, pero redujeron su número a 12, al tener en cuenta solo aquellas por las que transitaba el Sol (constelaciones de la eclíptica). Fue entonces que la primera constelación del zodiaco pasó a ser Aries, sistema que tanto occidente com la India heredaron.

Sin embargo, desde el año 1930 la Unión Astronómica Internacional reconoce que el Sol también transita por una treceava constelación, llamada Ofiuco y ubicada entre Escorpio y Sagitario, punto en el que se encuentra el centro galáctico o cabeza de la serpiente. Y al igual que los mayas con su constelación del peje lagarto (shibkay)* *o la iguana (Itzamná), la constelación de Ofiuco tiene como símbolo a la serpiente.

Y es que tanto los pobladores del Anáhuac como los antiguos sumerios sabían que nuestra galaxia disponía de una región central, la cual supieron ubicar. También percibieron que las estrellas emanaban de dicho punto, con brazos que como serpientes se extendían formando un arco, y que las Pléyades estaban en una de las colas de tales serpientes, aquella más cercana a nosotros, mientras que el centro galáctico se hallaba en la posición opuesta. Son conocimientos que seguramente partían de un origen pre-diluviano común, pero que muchos acabamos olvidando.

En el antiguo Egipto, mientras el pueblo adoraba al buey y miraba hacia la constelación de Tauro, ubicada justamente al lado de las Pléyades, los sacerdotes miraban en la dirección opuesta, hacia la cabeza de la serpiente, punto en el que se encuentra el sol de nuestra galaxia. El culto al toro por parte del pueblo del antiguo Egipto se dio durante el periodo en el que el equinoccio de primavera cruzaba la constelación del toro, hace entre dos mil y cuatro mil quinientos años, durante la llamada Era de Tauro.

> Observa la serpiente que aparece saliendo del tercer ojo. Ella es Uraeus.

> Observa la serpiente que aparece saliendo del tercer ojo. Ella es Uraeus.

[3]

El ciclo sagrado de 260 días

LOS ANTIGUOS POBLADORES del Anáhuac no solo dividieron su zodíaco en 13 constelaciones, sino que también vincularon dicho número a los niveles energéticos que nos llegan del Sol y a los 13 cielos de su cosmología. Y de la combinación de dichos 13 niveles energéticos con su sistema vigesimal (base 20), obtuvieron el ciclo sagrado de 260 días. Veinte se obtiene de la suma de los dedos de las manos y de los dos pies, y también son las cualidades vibratorias que según su cosmología emanan del Sol. Ellos las representaron a partir de 20 glifos, los cuales observamos, por ejemplo, en la piedra del sol, de origen mexica (azteca).

Dichos 20 glifos son agrupados en cuatro grupos de cinco, en los que cada grupo posee un elemento dominante (Tierra, Aire, Agua y Fuego), y otro elemento secundario. Tal distribución la observamos en la Cruz de Quetzalcoatl (o Kukulkan) que aparece en la imagen inferior.

Es una imagen del códice de Madrid, y en ella nos aparecen los 20 glifos con el diseño utilizado por los mayas. La imagen nos está definiendo el proceso evolutivo del alma. Dicho proceso evolutivo comienza con el elemento Tierra combinándose primero consigo mismo {1}, y después con *Aire *{2}, *Agua *{3} y *Fuego *{4}, para –una vez integradas todas las lecciones de ese nivel evolutivo– alcanzarse la quintaesencia, el quinto glifo del grupo a partir del cual Tierra se expresa en estado de equilibrio {5}.

De allí se saltaría al segundo grupo (aspa inferior), aquel que combina el elemento Aire con cada uno de los cuatro elementos, hasta alcanzarse nuevamente ese punto central que permite el salto hacia el siguiente estadio evolutivo y así sucesivamente hasta el glifo final llamado ahau (Sol), en el cual cerramos el ciclo al adquirir el pleno dominio de los cuatro elementos.[4] Observamos la secuencia Tierra, Aire, Agua y Fuego, la cual es la misma utilizada por la astrología Occidental y Védica. Por ejemplo, a Tauro (Tierra) le sigue Géminis (Aire), Cáncer (Agua), Leo (Fuego), Virgo (Tierra), Libra (Aire) y así sucesivamente.

Dicho proceso evolutivo inicialmente se llevaba a cabo al nivel del primer numeral, de la primera octava, para con cada nueva vuelta acceder a un numeral más alto, hasta alcanzar el treceavo del último glifo (ahau) en el que la consciencia se manifiesta al nivel del Sol (20) Cósmico (13). Como resultado obtenemos trece octavas (numerales), con 20 acordes cada una (glifos), que resultan de la combinación de cuatro notas (elementos). Dicha escala celestial fue llamada tonalpoahuali por los mexicas, o tzolkin en el caso maya.[5] y constituye su calendario sagrado.

Ambos, mayas y mexicas, también utilizaron dicha serie de 260 permutaciones para definir la cualidad vibratoria de cada día. Pero una cosa es la secuencia evolutiva del alma, la cual se alcanza a lo largo de muchas vidas, y otra la distribución vibratoria de los días, la cual se repite indefinidamente. Por ello, en el segundo caso la combinación entre glifo y numeral venía definida por dos ruedas, que como dos engranajes, iban girando una dentro de la otra. En la imagen inferior observamos ambas ruedas, utilizando los glifos mexicas:

Tal cantidad de días es la que media en la concepción humana, desde la fecha en la que se hubiera tenido que dar un nuevo periodo en la madre, y el momento del nacimiento del hijo. Y dado que como es arriba, es abajo, en el ciclo de 260 días los sabios del anáhuac supieron ver el máximo común divisor de los ciclos mayores, es decir, el ciclo más largo posible que los dividía sin dejar rastro. Así, mientras 13, como número primo, es el mínimo común múltiplo de los ciclos sinódicos del Sol, Mercurio, Venus y Marte; 260 es el máximo común divisor de sus ritmos conjuntos.

Por ejemplo, después de nueve ciclos sagrados de 260 días (2.340 días), Mercurio, Venus y Marte vuelvan a reencontrarse en la misma posición. El primero habrá completado 20 órbitas, el segundo cuatro y el tercero tres.

Después de 72 ciclos sagrados (18.720 días), los tres anteriores planetas coincidirán con otro ciclo: el tun o año armónico de 360 días. A dicho año se le llama armónico por ser el que media entre trece órbitas lunares o meses siderales (27.3 x 13 ≈ 355 días) y la órbita terrestre de poco más de 365 días. Los Babilonios lo utilizaron para definir los 360 grados de una circunferencia. Los incas también lo utilizaron. En ese instante habrán transcurrido 52 años armónicos, 160 años Mercurianos, 32 años Venusianos y 24 años Marcianos. Y un ciclo sagrado más tarde (260 días después) los 52 años armónicos de 360 días se habrán convertido en 52 haab o años vagos de 365 días.

Transcurridos 657 ciclos sagrados (170.820 días), los ciclos de Mercurio, Venus y Marte coinciden con los del haab o año solar vago de 365 días. Habrán transcurrido 468 años vagos. Entonces, 117 días más tarde, una vez Mercurio haya completado otra vuelta, habrán transcurrido 468 años julianos exactos (365.25 días). Será entonces que Mercurio y el Sol vuelvan a encontrarse en la misma posición.

El Fuego Nuevo

CADA AÑO, DURANTE el paso cenital de las Pléyades por la bóveda celeste, los mexicas (aztecas) celebraban el rito del Fuego Nuevo. Actualmente ello sucede hacia el 20 de noviembre, pero debido a la precesión de los equinoccios, durante aquella época las Pléyades surcaban su punto más alto del firmamento un poco antes, a la razón de un día antes por cada 72 años transcurridos.

Cada Fuego Nuevo anual tomaban una caña y cada 13 años hacían un atado de 13 cañas. Entonces, cada 52 años, una vez realizados cuatro de tales atados (13×4=52) el rito del Fuego Nuevo adquiría una especial trascendencia. Llegado dicho momento los sacerdotes destruían las imágenes de todos los templos, para evitar la idolatría. Y durante cinco días apagaban todos los fuegos del imperio, para encender un nuevo fuego con la llegada del nuevo ciclo de 52 años. De la llama de dicho fuego nuevo volvían a encender todas las hogueras, simbolizando un acto de renovación que también daba vida al Sol, para que éste brillara durante 52 años más.

Era el momento en el que dos de sus calendarios se sincronizaban, el del ciclo sagrado de 260 días y el año vago de 365 días (365 x 52 = 260 x 73). Mientras que justo 260 días antes, había sido el año armónico de 360 días el que se había sincronizado con el ciclo sagrado (360 x 52 = 72 x 260). Al sincronizarse los ciclos, tanto el año armónico como el vago volvían a empezar con la misma combinación de glifo y numeral que se había dado 52 años antes.

El milenio tolteca

OBSERVAMOS CÓMO LA semana de 13 días multiplicada por 20 nos da el ciclo sagrado de 260 días, y el mes de 18 días multiplicado por 20 nos da el año armónico de 360 días. Por lo tanto, resulta lógico esperar que el ciclo de 52 años, multiplicado por 20, también constituya otro ciclo importante. Constituye el periodo de 1040 años, también conocido como milenio tolteca. Los toltecas no fueron una etnia, sino que eran los hombres y mujeres de conocimiento. Tolteca es pues un estado de iniciación.

Dicho periodo de 1040 años corresponde al ciclo solilunar, tras el cual el Sol, la Luna y la Tierra regresan a su punto de partida. Diversas evidencias arqueológicas sugieren que transcurrido un milenio tolteca los sacerdotes destruían y abandonaban sus centros ceremoniales. Un posible ejemplo lo tenemos en el llamado colapso del periodo clásico. Así, hacia el año 850 d. C. y en el transcurso de menos de una generación, los grandes centros ceremoniales fueron inexplicablemente abandonados. Los hombres y mujeres de conocimiento que habían habitado dichos centros desde el siglo II a. C., durante 1.040 años, súbitamente se fueron, dejando sus lugares de culto huérfanos. Teotihuacan, Uaxacatún, Tikal, Yaxchilán, Bonampak y Palenque, entre otros, son los nombres de algunos de tales lugares.[6] A dicho evento le siguió la decadencia del periodo postclásico, con la llegada de los mexicas (aztecas), y la posterior invasión y colonización europea y del criollismo.[7]

¿Cómo explicar dicho misterio? La hipótesis más plausible es que sus sabios habían identificado el ciclo de 1.040 años con el renacimiento, auge y muerte de las culturas. Ello les llevó a percatarse de que si no llevaban a cabo tal renovación de manera voluntaria, ésta les vendría impuesta por el destino. Era un sacrificio consciente que buscaba evitar el dolor causado por el colapso involuntario de un centro urbano y de la cultura ligado al mismo.

Dicha hipótesis se apoya sobretodo en el hecho de que otras culturas también definieron ciclos muy similares para el renacimiento y muerte de las culturas. Por ejemplo, los egipcios poseían la leyenda del ave Bennu, llamada Fénix por los Griegos, la cual renacía de sus cenizas cada 500 años, para entonces morir tras otros 500 años de vida y volver a renacer de nuevo, completándose un ciclo cada 1000 años. Mientras que el mundo andino posee el concepto de pachakuti, el cual simboliza un periodo de 480 años. Son 480 años dado que el sistema numérico inca era en base 40 y su año poseía 12 meses, (40 x 12 = 480). Un primer pachakuti marcaba pues la transición de la oscuridad a la luz y el siguiente de la luz a la oscuridad, completándose un ciclo cada 960 años.

Los soles

TODOS DICHOS CÁLCULOS servían para marcar un gran ciclo, el cual tanto mexicas como incas llamaron Sol, mientras que hopis y mayas llamaron mundos. Es un ciclo de 4.800 años en el caso inca, 5.000 años en el caso griego y 5.200 años en el caso del Anáhuac.

Para las culturas del Anáhuac constituía la suma de cinco ciclos solilunares, de manera que 1.040 años se convertían en 5.200. Cinco como los dedos de una mano, o del pié, o las extremidades del cuerpo humano más la cabeza. Cinco como la quinta esencia, aquella que armoniza los restantes cuatro elementos de Tierra, Aire, Agua y Fuego. Cinco como los pétalos de la flor de Venus, planeta que entra en conjunción con el Sol cinco veces cada ocho años, describiendo una flor de cinco pétalos como la que aparece en la imagen inferior. A dicha quinta esencia en el idioma nahuatl se la llamó *Macuilxochitl *(cinco flor).

> *La mencionada imagen se obtiene al trazar una linea recta entre la Tierra y Venus cada dos días durante 8 años. Yo la llamo la Flor de Venus, símbolo de la armonía y la belleza que nos transmite dicho planeta. *

> *La mencionada imagen se obtiene al trazar una linea recta entre la Tierra y Venus cada dos días durante 8 años. Yo la llamo la Flor de Venus, símbolo de la armonía y la belleza que nos transmite dicho planeta. *

Para medir dichos ciclos mayores, los mayas utilizaron el calendario de cuenta larga. Constituye su calendario más conocido, si bien también fue utilizado y conocido por otras culturas del Anáhuac, algunas incluso muy anteriores a los mayas.

Según el calendario de cuenta larga, 20 años armónicos de 360 días (tun) dan un katún, el cual se compone de 7200 días. Tal es la cantidad de días que media entre dos conjunciones de Júpiter y Saturno, llamadas Grandes Conjunciones, de manera que el katún parece permitirles anticipar tal tipo de conjunciones.

La siguiente unidad del calendario de cuenta larga es el baktún, periodo que comprende 20 katunes. Y dado que transcurridas 40 conjunciones entre Júpiter y Saturno, la nueva conjunción vuelve a darse en el mismo punto de partida, dos baktunes ajustados convenientemente abarcan un periodo de 800 años, periodo tras el cual ambos planetas volvían a entrar en conjunción en el mismo punto del firmamento.

Y así como la semana consta de 13 días, el mundo de arriba de 13 cielos, y el Sol de 13 niveles vibratorios, la suma de 13 baktunes nos da 5200 años. Dicha es la cantidad de años cuando los baktunes han sido ajustados, o sino el ciclo de 13 baktunes dura poco mas de 5125 años. Sin embargo, si tenemos en cuenta que los diversos calendarios del Anáhuac eran como engranajes dentro de otros engranajes, que encajaban a la perfección, resulta lógico esperar que el calendario de cuenta larga fuera convenientemente ajustado para que 13 baktunes duraran 5.200 años, equivalente a 5 milenios toltecas, a 100 fuegos nuevos de 52 años, y a 7305 ciclos sagrados (7200 + 100 + 5).

Tal vez hayan aquellos que se pregunten ¿y porqué llamaron Sol a dicho periodo de 5.200 años? Los llamaron soles por estar vinculados a la actividad solar y es que sus calendarios no solo fueron capaces de sincronizar los ciclos de los 5 planetas visibles, o del Sol y la Luna, sino también de los ciclos de actividad solar.

Tal sugerencia sería una mera hipótesis si no fuera porque el doctor Lonnie Thompson, paleontólogo y distinguido profesor universitario por la Universidad Estatal de Ohio, nos demostró que hace 5200 años una caída de la actividad solar causó el enfriamiento global del planeta, y la entrada en un periodo más seco.

Fue dicho periodo que convirtió la sabana del norte de Africa en el actual desierto del Sahara, y forzó a muchas de sus tribus nómadas a establecerse a las orillas del río Nilo, para habitar de nuevo unas tierras y ruinas que habían quedado prácticamente deshabitadas desde el gran deshielo o diluvio con el que terminó no solo el anterior gran ciclo de precesión de 26.000 años (5200 x 5), sino también una era glacial que la ciencia occidental estima había durado poco más de 2 millones de años (80 ciclos de precesión).

En la cordillera de los Andes, el incremento del frío y mayor escasez de agua consecuencia del cambio climático de hace 5200 años parece que forzó a sus habitantes a abandonar muchas de las terrazas de cultivo construidas en las laderas de las montañas para empezar a construirlas en los valles fluviales. Eran terrazas de cultivo que habían construido después del Unu Pachacuti (Diluvio Universal) con el que se dio fin a la anterior glaciación y que en su momento les llevó a huir de las zonas bajas y los valles fluviales, para refugiarse en las montañas.

El ciclo de precesión

DE LA MISMA forma que cinco milenios toltecas nos dan un Sol de 5200 años, cinco Soles constituyen el ciclo de precesión de los equinoccios, de aproximadamente 26 mil años. Se cree que dicho ciclo se debe al vaivén del eje terrestre, el cual gira completa un giro cada dicho periodo de tiempo, como si de una peonza se tratara. Sin embargo, mucho más plausible es que se deba a la rotación del sistema solar respecto al fondo estelar.

De venir causado por el vaivén del eje terrestre, el ciclo de precesión estaría desvinculado del resto del sistema solar, siendo un movimiento que únicamente afecta a la Tierra. Pero observamos como cinco Soles completan un ciclo de precesión, y como el final de cada Sol coincide con cambios en la actividad solar, con cambios climáticos que no solo afectan a la Tierra sino también a los otros planetas.

Por ello es más plausible que el ciclo de precesión sea la rotación de esa burbuja de espacio-tiempo que llamamos sistema solar en relación al fondo estelar, una rotación que podría ser el resultado de la órbita de nuestro Sol alrededor de una estrella binaria, o simplemente porque ese es su movimiento natural, un movimiento que afecta a todo el sistema solar y que por lo tanto nos une y vincula con el Sol y con los restantes planetas.

Conclusión

POCA ES LA información que nos llega de las diversas culturas del Anáhuac como la maya. En el caso maya, por ejemplo, su saber estaba registrado en los miles de códices que Fray Diego de Landa, arzobispo de Yucatán, mando quemar en 1562 durante el Auto de fe de Mani. Las palabras de Landa fueron:

“*Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sentían a maravilla y les daba pena*“.[8]

Casi todos los códices fueron quemados y ahora no nos queda otra opción que tratar de inferir la sabiduría que éstos contenían. Pero al inferirla, tendemos de nuevo a proyectar la visión occidental del mundo, la misma que llevó a Europa a llamar indios a los habitantes originales del continente americano, al creerse que había encontrado una ruta de comercio alternativa hacia las Indias.

Occidente no percibe el tiempo de manera circular sino lineal. Es por ello que después del quinto Sol, el cual se afirma concluyó el 21 de diciembre del 2012, fueron muchos los que pensaron que se acababa el mundo, como si a un Sol no le siguiera otro. Otros si comprendieron que después del quinto venía el siguiente, pero a éste lo llamaron el sexto, sin percatarse que el ciclo de precesión de 26.000 años se compone de 5 soles de 5.200 años cada uno, por lo que después del quinto volvemos de nuevo al primer Sol del siguiente ciclo.

Esa misma concepción occidental también buscó eventos astronómicos que dieran significado a las fechas. Por ello, muchos quisieron ver en la fecha del 21 de diciembre del 2012 alineaciones galácticas que no existían. El plano galáctico se halla cinco grados al sur del plano de la eclíptica, por lo que el Sol nunca pasará por el centro de la galaxia, sino que lo hará 5 grados más al norte. A parte, aun estamos a 3 grados de alcanzar la vertical de su ubicación exacta, linea que el Sol cruza actualmente el 18 de diciembre de cada año. Dado que el desplazamiento del fondo celeste es de un grado cada 72 años, no cruzará dicha linea un 21 de diciembre (Solsticio) hasta dentro de dos siglos.

Y es que dicho ciclo responde sobretodo a cambios en la actividad solar. Los antiguos pobladores del Anáhuac lo sabían y por ello a dicho ciclo de 5200 años lo llamaron Sol. A cada sol lo vincularon con una humanidad y un nuevo nivel de la conciencia. Los antiguos incas también lo sabían, pues ellos también llaman soles a los periodos de aproximadamente 5 mil años. Lo supieron los antiguos griegos, como Hesíodo, quien dividió el ciclo de precesión en cinco Edades de 5 mil años. O los aborígenes australianos, quienes llaman Senderos del Soñar a los ciclos de 5 mil años, cada uno caracterizado por un sueño de la consciencia colectiva humana.

NASA | SDO: Three Years of Sun in Three Minutes

Mire este video en Youtube.

De todos ellos tenemos mucho por aprender y dicho artículo intentó ser un granito de arena más que ayude a recuperar parte de la sabiduría ancestral perdida. Una sabiduría quemada por aquellos que en su ignorancia, la despreciaron. Es la misma ignorancia que quemó la biblioteca de Alejandría, para robarle a la humanidad un pasado en el que decididamente fuimos mucho más sabios que en la actualidad. Por suerte el Sol del materialismo y la ignorancia que rigió los últimos 5 mil años justo terminó. El velo se destapa, y el nuevo Sol nos promete algo mejor, un periodo de luz y harmonía.

Lecturas complementarias:

  • Los Pilares de una Nueva Era, por Marc Torra, para leer cuáles fueron los pilares sobre los que se sustentó la Era o Sol de 5200 años que justo terminó.
  • Tiempo Sagrado por Marc Torra, aporta una descripción más detallada de cuales son los ciclos más importantes que existen entre el anual y el de precesión de los equinoccios (26.0000 años), y el efecto que tales ciclos tienen sobre nosotros.
  • Ciclos y Eras por Marc Torra, para indagar en el conocimiento de las cinco Eras o Soles del último ciclo de precesión.
  • Dinosaurios y Flores por Marc Torra, nos explica el concepto de tiempo en espiral y los grandes ciclos (aquellos superiores al de precesión de 26.000 años).
  • México Despierta por Lino Ramírez y Marc Torra, para leer sobre el nuevo despertar de México.

Notas a pie:


  1. Dicha información sobre las Pléyades siendo el punto cero de su zodiaco me fue dada por Fidelia García, estudiosa de la civilización maya.
  2.  <li id="fn:fn2">A ellas le siguen: Tauro, Orion, Perseus, Auriga, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis, Pegaso, Andromeda y Aries.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn2">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn3">By Aoineko at fr.wikipedia CC-BY-SA-3.0 (<http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/>), via Wikimedia Commons
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn3">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn4">Dicha explicación se la debo a Sergio Calderón, Fidelia García y a los trabajos de Hector Calderón. Ellos también me dieron permiso para mostrar la imágen de la cruz de Quetzalcoatl con los 20 glifos mayas.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn4">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn5">William E. Gates acuchó el nombre de tzolkin del idioma quiché ch’ol q’iij, y que significa ‘el orden de los días’.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn5">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn6">León Portilla, Miguel. “La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes”, FCE, México, 1956\.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn6">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn7">Para indagar más sobre dicho periodo se recomiendan las obras de Guillermo Marin, disponibles en
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn7">↑</a></li>
    
     <li id="fn:fn8">de Landa, Fray Diego “Relación de las cosas de Yucatán”.
     <a class="footnote-return" href="#fnref:fn8">↑</a></li>