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Los cuatro senderos hacia el Ser

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Existen cuatro senderos que nos acercan al Ser interior: el de Tierra, Agua, Fuego y Aire. Y existe un quinto que los combina a todos. Ese quinto sendero lo podemos recorrer sin abandonar nuestra religión, si es que procesamos una, o tomando un poquito de aquí y un poquito de allí, lo podemos practicar como camino espiritual, sin que esté vinculado a religión alguna.

El sendero de Fuego

Dicho sendero tiene al Sol como divinidad. Fuego es un elemento dinámico y predominantemente masculino. Por ser dinámico, él busca la expansión de sus ideas. Por ser masculino, busca crear jerarquías y estructuras piramidales. En el Mastay, su dirección es la oeste.

A la divinidad como Padre Sol nos acercamos a partir de la acción, sobretodo expresada como trabajo, llevado a cabo con espíritu de servicio. Constituye el camino dominante en la civilización Occidental y especialmente en el protestantismo. Prueba de ello es la adoración hacia Jesús (el Sol), quien muere el 21 de Diciembre de cada año (solsticio de invierno en el hemisferio norte), para resucitar tres días después, la mañana del 25 de Diciembre, día en el que el Sol empieza a desplazarse de nuevo. Antes de Jesús fue Apolo y antes Ra.

En el catolicismo también domina el elemento Fuego, pero combinado con Agua, expresada como devoción hacia las vírgenes. Ello produce Vapor. Y en ambos, protestantismo y catolicismo, también está presente el otro elemento masculino, el Aire. Es el Padre en el Cielo, fuente de conocimiento y quien es también padre del Sol (Jesús). Mientras que el elemento que más escasea en las denominaciones cristianas es Tierra, por lo que es el que más deben integrar esas religiones si desean recuperar el equilibrio. En el yoga, al camino de Fuego se le llama Karma Yoga, palabra que significa unión (yoga) a través de la acción (karma).

Dicho sendero debe ser recorrido sin apegarse a los frutos de nuestros actos. Mientras no nos apeguemos a ellos, podremos librarnos del efecto negativo que esos mismos actos puedan generar, pues por la relación de dualidad sabemos que todo acto va a generar siempre ambos tipos de efectos: positivos y negativos. Pero en el momento en el que intentamos apropiarnos de esos frutos (y que son la expresión positiva de los efectos), éstos vendrán siempre acompañados de su dual negativo. De ahí que el peligro que conlleva el sendero de Fuego sea justamente el de apegarse a los frutos, en vez de ofrecerlos como sacrificio (palabra que significa “hacer algo sagrado”).

El sendero de Agua

Dicho sendero tiene a la Luna como divinidad. Por ser Agua un elemento dinámico, al igual que Fuego, ella también busca la expansión de sus ideas y el convertir a otros. Por ser femenina, no busca crear jerarquías y estructuras piramidales sino redes y comunidades.

A la divinidad como Madre Luna nos acercamos a partir de los sentimientos, sobretodo expresados mediante la devoción, llevada a cabo con espíritu de entrega. De ahí que para recorrer dicho sendero, debamos ser capaces de abrir el corazón y expresar amor hacia el destinatario o destinataria de nuestra devoción. La relación que establezcamos con el, ella o ello puede ser muy variada, siendo algunos ejemplos:

  • Amada o amado: por ejemplo la Dama de los trovadores medievales o el Krishna adulto de los devotos vaishnavas o el Jesús también adulto de muchos cristianos.
  • Madre: como la devoción hacia la diosa Durga/Kali de los devotos shivaístas; o hacia la Virgen Maria de los cristianos, así como otras vírgenes, símbolos de la Madre Tierra, como la Virgen de Guadalupe o la Moreneta de Montserrat.
  • Hijo: como la devoción hacia el niño Jesús o el niño Krishna.
  • Autoridad: como la devoción hacia Yahveh del judío, el Dios Padre del cristiano o Allah para musulmán.
  • Maestro: como la devoción hacia Amma, la santa que abraza; o hacia el Dalai Lama; o hacia un maestro o maestra que haya muerto, como los innumerables santos y santas que las religiones nos han dado, así como aquellos que despertaron sin pertenecer al seno de religión alguna.

Finalmente, puede ser la devoción hacia algo tan sencillo como una flor, pues el objetivo de dicho sendero es lograr trascender nuestra identidad individual, para alcanzar la unión con el objeto de nuestra devoción. De ahí que, aunque sea una simple flor, una vez alcanzada esa unión, nos permite trascender el ego, abriendo el corazón y experimentando el gozo místico.

Constituye el camino dominante sobretodo en el islam. Prueba de ello es la palabra musulmán (el que se entrega), su calendario lunar, la presencia de la Luna en sus banderas, el océano de fieles que se postra y reza devotamente cinco veces al día, creando cinco olas en el océano de la Umma (comunidad de fieles), que discurren de este a oeste. Así como el hecho de que recen en dirección a la Meca, lugar al cual deben peregrinar una vez en la vida y entorno al cual llevan a cabo siete circunvalaciones, creando un remolino centrípeto, como el agua.

El mismo sendero también está muy presente en el catolicismo; así como en diversas ramas del hinduismo, como la vaishnava a la que pertenecen los Hare Krishnas; y en el budismo tibetano, con su devoción hacia el Dalai Lama y hacia las distintas Taras (deidades femeninas). En el yoga, al camino de Agua se le llama Bhakti Yoga, palabra que significa unión (yoga) a través de la devoción (bhakti).

El peligro del camino de Agua es cuando el devoto, incapaz de abrir el corazón y expresar ese amor, interna alcanzarlo a partir de su dual: el odio. Es decir, el peligro de confundir el amor hacia el objeto de nuestra devoción con el odio hacia todo aquello que no lo represente o todo aquel o aquella que no sienta ese mismo “amor”, para considerar a esa persona infiel o inferior.

El Sendero de Aire

Dicho sendero tiene al Cielo como divinidad. Aire es un elemento estático y predominantemente masculino. Estático pues Aire sin Fuego que lo caliente, permanece inmóvil. Masculino por crear jerarquías. Pero Aire no construye estructuras piramidales que puedan ser escaladas a partir de la ambición, como hace Fuego con sus clases sociales. Aire tiende a crear capas, llamadas castas, inamovibles, a las que se pertenece desde nacimiento.

A la divinidad como Padre Cielo nos acercamos mediante el conocimiento, sobretodo adquirido con el estudio, llevado a cabo a partir del discernimiento. Para recorrer dicho sendero, debemos ser capaces de abrir el canal de la intuición, para que el conocimiento pueda fluir de una forma espontánea, sin necesidad de razonarlo haciendo uso de la llamada mente deductiva.

En la religión, el sendero de Aire se suele practicar mediante el estudio de las escrituras sagradas. Constituye el camino predominante en Oriente, como el hinduismo, el budismo o el taoísmo. Prueba de ello es la diversidad de escuelas filosóficas, sin la pretensión de que unas sean verdaderas, para entonces intentar imponerse sobre las demás. Ese querer imponerse es más propio de los elementos dinámicos. También lo encontramos en el judaísmo, especialmente en la cábala, y en el cristianismo, sobretodo el de tipo gnóstico.
En el yoga, al camino de Aire se le llama Gnana Yoga, palabra que significa unión (yoga) a través del conocimiento (gnana).

El peligro del camino de Aire es el de, incapaces de abrir el canal intuitivo, internar alcanzar el conocimiento por medio de la acumulación de información, para entonces pensarnos que por ser eruditos, nos hemos convertido en sabios. Pero toda esa información no hace más que agrandarnos el ego y con un ego inflado la intuición no puede fluir, al quedar ensordecida por los gritos de soberbia de una mente que cree saberlo todo. Para que la intuición pueda fluir necesitamos reconocer que no sabemos nada, logrando así convertirnos en canales del verdadero conocimiento.

El Sendero de Tierra

Dicho sendero tiene a la Madre Tierra como divinidad. Tierra, como elemento, es estática y predominantemente femenina. Estática significa que busca la estabilidad, el permanecer en su lugar de origen, en vez de querer expandirse. Femenino por buscar crear comunidades. Pero Tierra no intenta crear una única comunidad que como el océano, agrupe a todos aquellos y aquellas que sigan dicho sendero. Eso lo hace Agua. Tierra en cambio crea vetas y filones, es decir, grupos de tamaño más reducido, cada uno con sus prácticas, a la vez que respeta las del otro, sin intentar imponerle las suyas.

A la divinidad como Madre Tierra nos acercamos a través de la percepción, la cual intentamos agudizar por medio de ceremonias y rituales, llevados a cabo en consciencia. Eso significa que para recorrer dicho sendero, debemos ser capaces de agudizar los sentidos y así percibir aquello que está más allá de lo ordinario. Para lograrlo, dicho sendero suele incluir el consumo de plantas y hongos, o para aquellas y aquellos que deseen obtener esos mismos estados sin consumir substancia alguna, el sendero de Tierra también incluye técnicas como la respiración, el ayuno, la concentración, la danza, la música, el dolor y el placer, entre otros.

Constituye el camino predominante entre la mayoría de pobladores originales, sea de America del Norte, de los Andes, del Amazonas, del Caribe, de Africa, de Siberia, de Australia, o del Océano Pacífico. También lo encontramos en el budismo tibetano. Mientras que en el yoga, al camino de Tierra se le llama Tantra Yoga, palabra que significa unión (yoga) a través del tejer (tantra).

El peligro del camino de Tierra es el de olvidarse que el ritual es solo el medio y no el destino, para acabar convirtiendo ese ritual en el objetivo final de nuestra práctica. También existe el peligro de buscar estados de alteración de la consciencia por el mero deseo de experimentarlos, pero sin aprender de tales experiencias. Ello nos puede llevar a abusar de ellas, para incluso profanarlas, es decir, no practicarlas con el debido respeto y entendimiento que merecen.

El Centro

Doña Maria Apaza Machacca, alto mesayoq de la nación Q’ero, nos resume con extrema lucidez la sabiduría andina en con las siguientes palabras:

“Decimos que el sol brilla para los que van por el lado derecho del camino.
Así como para los que van por el lado izquierdo.
Pero para los que van por la mitad brilla más fuerte.”

Cuando los senderos no son dos sino cuatro, a esa mitad la llamamos centro. Identificar dos caminos, o cuatro, o 16, o 256, depende del nivel de detalle que necesitemos alcanzar. ¿En cuántas porciones queremos dividir la tarta? Doña María nos hablaba de dos y aquí os he hablado de cuatro, pero también podríamos identificar 16. Para ello solo necesitamos empezar a mezclar esos cuatro ingredientes. Por ejemplo, la meditación es Tierra con Aire. Tierra por la necesidad de concentrar los sentidos, de practicarla como ritual, y por la posibilidad que nos brinda de alcanzar estados de alteración de la consciencia. Aire por la necesidad de concentrar la mente hasta lograr transcenderla, abriendo así el canal de la intuición.

Con esfuerzo y dedicación, cualquiera de los cuatro senderos acaba conduciéndonos a ese centro. Pero utilizando una analogía al estilo andino, digamos que “el sol brilla más fuerte para aquellos que sepan combinarlos”. Para que ese sol brille más fuerte, aquellos que sigan una religión concreta no necesitan abandonarla, ya que en el seno de sus creencias podrán ir buscando ese centro a partir de combinar prácticas complementarias vinculadas a cada sendero.

Por ejemplo, el católico que quiera practicar el sendero de Aire, que estudie la Biblia. Y cuando quiera practicar el de Agua, que le rece a Jesús y a la Virgen María. Mientras que si busca caminar por el sendero de Fuego, que haga buenas obras y se las ofrezca a Dios. Y para el de Tierra, tiene la liturgia. Mientras que aquellas y aquellos que no quieran o necesiten que nadie les organice su espiritualidad, pueden ir tomando un poquito de aquí y un poquito de allí. Lo importante es no olvidar que una opción no es mejor que la otra, no vayamos a caer en la dualidad.

De lo que si podemos estar segur@s es que tanto en la religión como en la espiritualidad, nos ayudará haber aprendido a identificar esos cuatro olores con los que vamos a componer nuestro perfume. Esos cuatro sabores con los que preparar nuestro elixir. Los cuatro colores y texturas del hábito que hemos decidido vestir. Y por último, las cuatro notas de la melodía con la que queremos honrar a nuestro Ser.

Por Marc Torra

Pulsa #LosCuatroSenderos para participar en el debate que se está llevando en el grupo de Facebook “El Arte de Encontrarse” sobre dichos cuatro caminos hacia el Ser interior.

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Marc Torra
Marc_amb_dues_papallones

Marc procede de la comunidad de Urus (que en lengua indoeuropea significa “lugar del que emana el agua”) ubicada en los Pirineos, tierra de cátaros. Una vez licenciado, se fue al extranjero. Ello sucedía en 1995 y desde entonces ha vivido y trabajado un poco en cada continente.

A medida que vivía en otros países, Marc empezó a relacionarse con culturas y formas de pensar distintas, especialmente con aquéllos a los que él llama «gente de tierra». De ellos aprendió una forma diferente de razonar y también descubrió que el futuro del planeta depende de nuestra habilidad para aprender lo que tales culturas pueden aportar.

Como autor, escribe sobre espiritualidad y nuevas tendencias, géneros que cultiva y entremezcla haciendo uso de la narrativa y del ensayo. Diplomado por la tradición Satyananda Yoga, intenta comprender y experimentar por sí mismo, para así crear puentes de unión entre las distintas culturas, las distintas tradiciones espirituales del Mundo, así como un puente hacia el futuro.