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Latinoamérica: la próxima civilización

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El nacimiento de una nueva civilización

En Latinoamérica está naciendo una nueva civilización, la cual perdurará a lo largo de aproximadamente 5.100 años, en el transcurso de los cuales va a experimentar tres ciclos de 1.700 años cada uno. Durante el primero, fusionará el conocimiento de civilizaciones anteriores, pero sin producir algo genuinamente suyo. Durante el segundo, llevará a cabo su contribución propia y original. Mientras que el tercero consistirá en el renacimiento nostálgico de aquello que se alcanzó en el transcurso los dos ciclos anteriores.

Tal civilización se está empezando a fraguar en Argentina y el Sur de Brasil, pero a medida que crezca y se ponga a caminar, su auge se ira manifestando en otros puntos del continente, como el Amazonas, los Andes, la Costa del Pacífico, México y el Caribe.

Todo ello no lo digo yo, sino que lo dijo ya hace más de 40 años un matemático de origen catalán llamado Alexandre Deulofeu. En la década de los 70s, poco antes de morir, Alexandre fue invitado a Argentina para comunicar sus teorías. Él nos dejó mucha documentación, casi toda escrita en catalán, y poca es la información traducida a otros idiomas.

Por AlbertJB. Licencia Creative Commons.

El presente artículo mezcla conocimientos de Deulofeu con los que yo pueda haber adquirido de otras fuentes o deducido a partir de mi propio análisis intuitivo. Mi objetivo es dar a conocer la obra de Deulofeu, así como aportar mi granito de arena. Te invito pues a emprender este viaje conmigo.

La planta civilizacional

Las civilizaciones nacen, florecen y desaparecen. En el proceso dejan rastro, como organismos vivos que son. Dejan el rastro de aquello que fueron y alcanzaron, pero que ahora observamos como tronco despojado de su verdor. Transcurrieron cinco milenios y esa gran planta civilizacional ya murió, si bien parte de su esencia aún perdura en los genes de aquellas otras plantas que nacieron de su semilla.

Las culturas son las flores de las plantas civilizacionales. Cuando una cultura justo florece, a otra aun no se le abrieron los pétalos, mientras que una tercera se marchita. Cada cultura tiene su momento, su instante de gloria, pero todas ellas acaban por marchitarse y decaer.

Muchas veces los genes de una civilización se mezclan con los de otra planta civilizacional. Cuando ello sucede, la cultura que es polinizada no se queda en mera flor sino que produce un fruto en el que envolver su semilla. Mediante esa semilla se garantiza el nacimiento de una nueva planta en ese bosque de civilizaciones al que llamamos humanidad.

Esa semilla de la que debe nacer una nueva planta, para que realmente podamos hablar de evolución, necesita combinar el material genético de como mínimo dos civilizaciones anteriores. Del híbrido entre ambas, de ese mestizaje, nacerá una tercera planta, capaz de producir una flor que mezcle ambos aromas y un fruto que combine ambos sabores.

Las antiguas plantas civilizacionales de América

En América debieron existir muchas plantas civilizacionales, pero dado que su historia ardió hace cinco siglos en los fuegos de la intransigencia, solo puedo mencionar las dos últimas. Con ello no pretendo afirmar que fueran las únicas, o que todas las culturas que en dicho continente se fueron sucediendo en el transcurso de los últimos cinco milenios pertenecieran a una de esas dos grandes plantas.

Hecha esa advertencia, considero que la primera se extendió de Panamá a Tierra del Fuego, y a falta de un mejor nombre, a ella la llamo civilización Andina. La segunda se extendió de Nicaragua a Alaska, y su nombre dicen que fue Anáhuac.

Allí crecieron otras plantas, antes de esas dos. Por ejemplo, se han descubierto restos de culturas que se extendieron por la Amazonia, como flores y frutos de la que seguramente fuera una civilización Amazónica previa. De ella, cuentan algunas leyendas, procede la civilización Andina; de la mezcla entre aquella civilización amazónica y otra civilización procedente del Pacífico, de influencia Lemuriana. Ello sucedió al final de la era del deshielo, la cual tuvo lugar hace ahora entre 10 y 15 mil años. Fue el Unu Pachakuti (Cataclismo del Agua), como lo llaman en los Andes.

Linea temporal de los últimos 25 mil años

Durante el periodo glaciar la cordillera de los Andes había supuesto un muro inexpugnable. Con el deshielo, sus valles quedaron libres de glaciares. Los pasos de montaña finalmente se abrieron. Ello permitió el contacto entre ambos lados: el Pacífico y la Amazonia. Mientras que al quedar las zonas costeras anegadas por el agua, así como también los valles fluviales, se incentivó el encuentro entre aquellos que allí fueron a refugiarse. Muchas son las leyendas que nos hablan de ese periodo, de como finalizado el deshielo acelerado, Manco Capac y Mama Ocllo restablecen el fenómeno civilizacional. Así debió nacer la civilización andina, cuyo último exponente cultural fueron los Incas, pero en cuyas ramas florecieron muchas otras culturas previas como la de Tiahuanaco, Nazca, Mochica o Huari.

Escuela de Cuzco, Dominio Público

Más al norte, los refugiados debieron proceder sobretodo de una civilización previa al deshielo, la cual se extendió por aquellas zonas del Caribe que quedaron inundadas y a las que Platón llamo Atlantis. Fueron tierras cuyas zonas más altas constituyen ahora islas como Cuba o la República Dominicana. Muchos de sus habitantes se refugiaron en la cordillera de Sierra Madre. Otros, más al norte, lo hicieron en las Montañas Rocosas. A todos ellos los agrupó en una civilización llamada Anáhuac y cuyo último exponente fueron los Mexicas (Aztecas), pero en cuyas ramas florecieron muchas otras culturas como la Maya, Hopi, Zapoteca o Tolteca.

Chicomoztoc – el lugar de las siete cuevas. El origen mítico de las tribus ‘nahuatlaca’. de ‘Historia Tolteca chicimeca’. Dominio Público.

La próxima planta civilizacional

La próxima planta, la siguiente civilización del planeta, ya brotó. Su fecha de nacimiento fue el momento en el que la mayoría de los países Latinoamericanos obtuvieron su independencia de España y Portugal. Así pues, Colombia y Venezuela la obtuvieron hacia el año 1810, Argentina, Uruguay y parte de Bolivia en el 1816, Chile en el 1818, Perú y México en el 1821, Brasil en el 1822. Todos dichos países o bien acaban de celebrar su segundo centenario, como naciones independientes, o lo harán pronto.

Dos siglos de vida, en términos humanos, equivale a un niño de unos tres años y medio de edad, quien apenas empieza a descubrir el mundo. Digamos que es la edad en la que el pequeño empieza a definir su propia identidad, independiente de la de sus padres, pero aun muy influenciado por éstos. Para ello estoy considerando que 58 años de una civilización equivalen a un año humano, transformando esos 5.100 años de esperanza media de una civilización en el equivalente humano de 88 años de vida.

La planta madre de la que procede la semilla considero que es una mezcla de la civilización Andina y de la Anáhuac. La influencia Andina se manifestará con mayor intensidad en las culturas que se vayan sucediéndose al sur, y la influencia Anáhuac en aquellas ubicadas más al norte. Como padre, portador del polen, tenemos a la civilización Occidental cuyo origen se remonta al año 900 a. C.

El ciclo civilizacional

Muchas son las culturas que reconocieron ese gran ciclo civilizacional de aproximadamente 5.000 años, por lo que no podemos realmente decir que lo haya descubierto Deulofeu. Por ejemplo, los incas lo llamaron Gran Sol, el cual se componía de cinco soles de mil años cada uno. Mientras que para la cultura Maya constituían trece baktunes, cuya duración era de 5.129 años, a los cuales parece ser que se le añadía un periodo de 71 años de sincronización, dando 5.200 años. Mientras que los Mexicas, pertenecientes a la misma civilización del Anáhuac, llamaron Sol a ese ciclo, y los Hopi lo llamaron Mundo.

Vemos pues que por el lado de las plantas madre, el ciclo fue ya conocido. No parece que lo fuera por el lado de la planta padre, y de ahí la originalidad del hallazgo de Deulofeu: ser el primero en dicha civilización que deduce el ciclo a partir de su propia observación de la historia y no como herencia de un legado antiguo.

Una civilización previa a la occidental que si conocía el ciclo fue la Griega, la cual ya ha cumplido 4.700 años de edad y se halla al final de la tercera ola. Lo observamos por ejemplo en el mito de las edades de Hesíodo, quien nos habla de cinco edades (Oro, Plata, Cobre, Héroe y Hierro) con las que dividir el ciclo de precesión de 25.000 años aproximadamente, dando como resultado unos 5.000 años por edad. Hesiodo vivió hacia el 700 a. C. cuando la civilización griega tenía 2.000 años de edad y se hallaba en su segunda ola, la misma fase en la que se halla actualmente la civilización Occidental.

Las tres olas civilizacionales

La que tal vez constituya la mayor originalidad de Deulofeu sea el hecho de haber identificado tres olas creativas, cada una de 1.700 años, con las que dividir esos 5.100 años de vida media de una civilización. Digamos que cada gran planta civilizacional dispone de tres veranos para dar su fruto. Y como ya se comentó en la introducción del presente artículo:

  • Durante su primera ola la civilización expresa elementos de aquellas civilizaciones anteriores de las que se dejó impregnar.
  • La segunda ola es aquella en la cual aporta su hecho diferencial, algo que es suyo, propio y original.
  • Mientras que durante la tercera ola se da un renacimiento, un deseo por recuperar lo anterior, sin que podamos hablar de verdadera originalidad.

Por poner un par de sus ejemplos, Deulofeu nos cuenta como la civilización Irano-Sumero-Caldea inició su primera ola creativa hacia el año 5200 a. C. en el actual Irán. Hacia el 3500 a. C. tuvo lugar su segunda ola creativa, esta vez un poco más al oeste, en Sumeria, actual Iraq. Y hacia el año 1800 a. C., transcurrido un periodo de tiempo de otros 1.700 años, su nuevo centro creador se había desplazado a Caldea, para desaparecer hacia el 100 a. C. ¿Cuáles fueron sus civilizaciones de origen? Una tuvo que ser la Harappan, del valle del Indo, y otra seguramente fuera aquella que produjo Göbekli Tepe, en la actual Turquía.

Un proceso similar tuvo lugar con la civilización griega. Sus inicios los ubica en el año 2700 a. C. en Creta. Constituye el periodo de leyenda, como la del minotauro, durante la Era de Tauro. Durante dicha primera ola, la civilización Griega integro influencias de otras civilizaciones, como la del Antiguo Egipto y la Irano-Sumero-Caldea. Su segunda ola, aquella en la que una civilización crea algo propio en vez de un híbrido de civilizaciones previas, se inició hacia el año 1000 a. C. Dicha segunda ola empezó en la Jonia y Eolida, para irse desplazando a través de las islas Cícladas, hasta llegar a la Grecia peninsular. Mientras que la tercera ola tuvo su inicio hacia el año 700 d. C, se dio en la Grecia peninsular, y finalizará en los alrededores del año 2400 d. C.

Equivalencias humanas

En términos humanos, digamos que cada uno de los tres ciclos de 1.700 años por los que pasa una civilización equivalen a los tres retornos de Saturno que experimenta alguien que viva hasta los 88 años de edad. Cada poco más de 29 años Saturno regresa a la posición en la que se hallaba en el momento de nuestro nacimiento, de forma que quienes alcancen la edad de 88 años habrán completado tres de tales ciclos.

Astrológicamente, cada vez que Saturno regresa a su posición natal, se nos está pidiendo deshacernos de todo aquello que entorpece nuestro crecimiento personal. Se nos da una oportunidad de trascender las pautas, rutinas y tendencias que no nos dejan madurar, con el objetivo de llevar a cabo el cambio que nos permita empezar el siguiente ciclo con energía renovada. Y en cada uno de esos ciclos se van a ir repitiendo experiencias y acontecimientos, sobretodo en la medida en la que no seamos capaces de acometer el cambio que Saturno nos exige.

Si 1.700 años civilizaciones equivalen a 29 años humanos, ello significa que cada siglo civilizacional corresponde a 20 meses en el ser humano. De ahí que os dijera como ese niño, o mejor dicho, esa niña que nació en Latinoamérica hace dos siglos, tenga unos tres años y medio de edad. Digo niña pues toda nueva civilización que vaya a servir como guía a la humanidad en el transcurso de los próximos cinco milenios debe, necesariamente, ayudarnos a recuperar el equilibrio de género a partir de un retorno a lo femenino. Es niña y es mestiza.

Niña peruana. Foto de Alex Proimos. Licencia Creative Commons

Los dos periodos de cada ola

Otra originalidad Deulofeuniana fue la observación de cómo cada una de las tres olas civilizacionales de 1.700 años dispone de dos periodos claramente diferenciados. Al primero, de 650 años de duración, lo llamó época de fraccionamiento. Según él, constituía un periodo en el que los distintos territorios tendían a independizarse de antiguos centros de poder, culminando en una fase de esplendor creativo en el que la civilización no busca imponerse por las armas sino por las ideas.

En el segundo periodo, de 1.050 años, las culturas buscan expresarse ya no como cuna de ideas sino como imperios, para expandir su área de influencia a partir del dominio del otro. Durante el mismo, las culturas no buscan influenciar a partir de la fuerza de sus ideas, sino dominar por la fuerza de sus armas. Al mismo lo llamó fase unificadora.

Dado que el periodo de 650 años de fraccionamiento con el que una civilización inicia cada una de las tres olas son los más creativos, por buscarse la expansión a partir de la persuasión de las ideas y no de las armas. Y dado que la segunda ola constituye aquella durante la cual una civilización realiza su aportación más original. Tenemos como periodo más creativo aquel que media entre los 1.700 años y los 2.350 años, por ser aquellos en los que coinciden ambas influencias.

Por poner la Grecia Clásica como ejemplo, dicho periodo va del 1000 a. C. y 450 a. C. durante el cual vivió Hesíodo. En cambio, Sócrates nació en el año 470 a. C. y murió ejecutado, lo cual nos muestra como la Grecia Clásica de aquel momento estaba ya en el proceso de abandonar su fase de libertad creativa; para entrar en la fase unificadora, en la que los hechos y las ideas son manipuladas con fines políticos, para a partir de ellas justificar la unión, o suprimidas, cuando ponen en peligro el ansia expansionista. Así tenemos como Platón fue discípulo de Sócrates, y Aristóteles lo fue de Platón, quien tuvo a Alejando Magno como alumno, con el cual se empezó a cuajar la fase unificadora de la segunda ola de la civilización Griega. Así fue como la flor de la cultura ateniense se marchitó, dando paso al imperio de Macedonia.

 

Imperio de Alejandro Magno por Captain Blood derivado de Mircalla22. Licencia Creative Commons.

La proporción entre 1.050 y 650 años se rige por Phi, también conocido como el número de oro o proporción áurea. Phi define una proporción que encontramos repetidamente en la naturaleza y cuyo valor aproximado es 0.618. No parece que Deulofeu se percatara de tal relación entre los dos periodos, lo cual da aun más crédito a sus observaciones, ya que sin saberlo estaba dividiendo cada ola civilizacional según los parámetros utilizados por la naturaleza para generar armonía tanto en el tiempo como en el espacio.

Analogías, profecías y pilares civilizacionales

La nueva civilización que está emergiendo en Latinoamérica ya fue predicha en muchas profecías. Desde mastay.info hemos ido mencionándolas, una a una, intentando no olvidar ninguna. Por ejemplo:

El artículo “Tiempo Sagrado” hace la analogía entre el ciclo de precesión de 25.000 años y el ciclo anual, con sus cuatro estaciones. Allí se explica cómo justo finalizamos un largo invierno, el cual vino a durar unos 6500 años, para entrar en la primavera. Simboliza el momento en el que el hielo se derrite y a las plantas de hoja caduca les empiezan a brotar las hojas. Mientras que la edad dorada iría desde el momento en el que esas mismas plantas florecen, hasta que dan su fruto. Y dado que no todo florece a la vez, el presente artículo explicó cómo una nueva planta civilizacional está naciendo en Latinoamérica, la cual está empezando a florecer cuando aun queda nieve por derretirse.

El artículo “Imaginal” hace otra analogía, ésta vez vinculando las edades con las fases en la vida de una mariposa. En la nueva analogía, la oruga sería el periodo de materialidad en el que buscamos el crecimiento. El deshielo de las nieves que se fueron acumulando a lo largo del invierno vendría a ser esa fase en el que la oruga deja de buscar el crecimiento desenfrenado y se envuelve en una crisálida, para acabar diluyendo la mayor parte de su cuerpo en una sopa de proteínas. Mientras que la nueva edad de oro que se avecina vendría representada por la mariposa, volando de flor en flor, antes de poner los huevos de la siguiente generación y empezar a marchitarse. Aquí pues la analogía nos aparece ya no desde la óptica del mundo vegetal, sino del mundo animal.

El artículo “La Profecía” hace una analogía con el mundo de los humanos. La profeciía aparece codificada en los arcanos 15, 16 y 17 de las cartas del tarot. El arcano 15 es El Diablo, el cual expresa el periodo de materialidad actual, antes expresada como invierno u oruga. El siguiente arcano es La Torre (Arcano 16), en la que se puede apreciar el colapso de una estructura. Simboliza el deshielo, así como la fase en la que el cuerpo de la oruga queda diluido en el interior de la crisálida. Mientras que el arcano 17 es La Estrella, simbolizando el periodo de luz que se avecina. La misma profecía vuelve a aparecer en el prólogo del libro Mastay, la Alquimia del Reencuentro.

Por Jean Dodal. Dominio Público.

Una profecía similar, esta vez vinculando ese renacimiento a Latinoamérica, aparece en el artículo “¿Dónde es mejor vivir?”. La profecía pertenece a Don Bosco, capellán del siglo XIX, quien habla que ese renacimiento tendrá lugar en Sudamerica, entre los paralelos 15º y 20º Sur. Ello lo ubica un poco más al norte que Deulofeu, aunque la verdad es que el lugar concreto en el que vaya a expresarse primero esa nueva civilización no es tan relevante, dado que desde allí, se expandirá rápidamente por todo el continente.

Más en línea con las predicciones de Don Bosco, tenemos todas aquellas profecías incas que nos hablan del renacimiento del Tawantinsuyu (antiguo Estado Inca), desde el cual una nueva luz se extenderá por Latinoamérica, para luego irradiar al resto del mundo. Tales profecías ubican el epicentro en la ciudad del Cusco. Las mismas las encontramos mencionadas en el artículo La Profecía, en el prólogo de Mastay, la Alquimia del Reencuentro, así como en el libro Anatomía Inka del Alma.

En Anatomía Inka del Alma se menciona que si bien ese renacer tal vez se inicie en la zona del Cusco, brillará como sol del mediodía en aquella tierra actualmente conocida como Colombia y Venezuela. El epicentro, en esta ocasión, será Sierra Nevada de Santa Marta, en cuya región floreció la antigua cultura Tairona. Allí Latinoamérica tiene su corazón, mientras que en el Cusco tiene su ombligo.

 

En dicha obra encontramos de nuevo la profecía, esta vez expresada como ascenso de la energía evolutiva del alma (Kundalini o Amaru) desde el chakra o centro energético del ombligo al del corazón. El centro energético del ombligo está vinculado a la voluntad, expresada actualmente como deseo por enriquecerse materialmente (Invierno del alma, estadio de oruga y arcano 15 del tarot “el Diablo”). Mientras que en el centro energético del corazón, esa voluntad busca amar, servir al otro y crecer espiritualmente (Primavera del alma, estadio de mariposa y Arcano 17 del tarot “la Estrella”). El ascenso de la energía desde el ombligo al corazón estaría vinculado a la fase intermedia, en la que nos deshacemos de lo que nos estorba. Constituye el deshielo con el que se da inicio a la primavera, cuando a la planta le empiezan a brotar las hojas. En la mariposa, es su fase de crisálida. Y en el tarot, viene representada por la Torre del arcano 16 que se colapsa.

Pero para que se pueda dar ese cambio necesitamos celebrar un nuevo contrato social y natural. Contrato social es aquel que los humanos hemos suscrito entre nosotros. Contrato natural es aquel que tenemos acordado con la Madre Tierra. Esos dos contratos piden consenso, el cual, según nos indican las profecías incas, se logrará a partir del Mastay, un encuentro multitudinario que tendrá lugar en el antiguo territorio del Tawantinsuyu. Constituye un encuentro entre la gente de las cuatro direcciones o elementos. Es decir, entre las civilizaciones de Tierra, Agua, Fuego y Aire. De ello nos habla el libro Mastay, La Alquimia del Reencuentro, el cual propone un dialogo entre esos cuatro grandes grupos de civilizaciones para así poder encontrar la complementariedad.

Y si bien la complementariedad es necesaria, para que cada uno de esos cuatro grupos de civilizaciones aporte su granito de arena, tenemos como la influencia de uno de los cuatro va a ser mayor. Actualmente esa influencia la ejercen las civilizaciones vinculadas al elemento Fuego, como son la Griega, Judaica, Occidental y Eslava. Pero en el futuro esa influencia mayor va a proceder de las culturas y civilizaciones vinculadas al elemento Tierra, ubicadas principalmente sobre el trópico de Capricornio. A ellas pertenecieron las antiguas civilizaciones Andina y Anáhuac. No debe pues sorprendernos que la nueva civilización que está naciendo en Latinoamérica mezcle sobretodo dos elementos: Tierra por el lado de la madre y Fuego por el lado del padre. Ella constituye la civilización puente y de ahí que mezcle justamente el elemento actualmente predominante (Fuego) con aquel que está en alza (Tierra). Las civilizaciones de Fuego cumplieron su función y que fue la de engordar a la oruga. Ahora le toca a las civilizaciones de Tierra, a las cuales les toca metamorfosear en mariposa esa sopa de proteínas en la que la oruga está a punto de transformarse una vez complete la crisálida a su alrededor. Esa crisálida no es otra que internet.

Así como “Imaginal” explica la transición como analogía, lo cual hace que sea fácil de leer, el articulo “Nuevas Leyes de Pensamiento” explica de forma conceptual los cambios que debemos llevar a cabo para que la humanidad actual deje de ser oruga y se transforme en mariposa. Explica el cambio de cosmovisión y paradigma, desde la actual, en la que el elemento Fuego es predominante, hacia otra en la que va a predominar Tierra. Pero si te advierto que todo ello se explica de forma muy condensada, lo cual hace que no sea un artículo fácil de absorber. Si lo que quieres es no solo leer sobre esa necesidad de cambio colectivo, sino llevarlo a cabo en ti mismo o misma, para ello tienes El Arte de Encontrarse, libro que voy publicando on-line a medida que escribo cada nuevo capítulo.

Otro artículo que trata lo mismo pero ya no desde la óptima de las leyes de pensamiento de una civilización, sino de los pilares sobre los que se sustentará la tan esperada edad dorada, lo tenemos en “Los Pilares de Una Nueva Era”. Allí te comento cómo los tres pilares sobre los que se sustentó la oruga son la rueda, la escritura y el dinero, los cuales aparecieron hace ahora 5.000 años. Mientras que al final del artículo introduzco aquellos sobre los que en mi opinión va a sustentarse la mariposa.

Si tenemos en cuneta que la civilización que justo está emergiendo en Latinoamérica posee únicamente 200 años, y siendo 5.100 años la vida media de una civilización, queda claro en quién va a recaer la responsabilidad de promover los próximos tres pilares y las nuevas leyes de pensamiento. Esa responsabilidad va a recaer ante todo en Latinoamérica. Pero no debemos olvidar que existen otras dos civilizaciones que ya se están empezando a fraguar, todo y que aun son infantes que no aprendieron a caminar o plantas a punto de brotar. Una es África y la otra Oceanía. De ellas te hablaré en artículos que aun no fueron escritos.

 

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Este artículo también está disponible en: Inglés

Marc Torra
Marc_amb_dues_papallones

Marc procede de la comunidad de Urus (que en lengua indoeuropea significa “lugar del que emana el agua”) ubicada en los Pirineos, tierra de cátaros. Una vez licenciado, se fue al extranjero. Ello sucedía en 1995 y desde entonces ha vivido y trabajado un poco en cada continente.

A medida que vivía en otros países, Marc empezó a relacionarse con culturas y formas de pensar distintas, especialmente con aquéllos a los que él llama «gente de tierra». De ellos aprendió una forma diferente de razonar y también descubrió que el futuro del planeta depende de nuestra habilidad para aprender lo que tales culturas pueden aportar.

Como autor, escribe sobre espiritualidad y nuevas tendencias, géneros que cultiva y entremezcla haciendo uso de la narrativa y del ensayo. Diplomado por la tradición Satyananda Yoga, intenta comprender y experimentar por sí mismo, para así crear puentes de unión entre las distintas culturas, las distintas tradiciones espirituales del Mundo, así como un puente hacia el futuro.