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Nuevas leyes de pensamiento

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Las leyes de pensamiento de la llamada «sociedad moderna» proceden de las civilizaciones de Fuego, tienen 2.500 años, y ya va siendo hora que las reemplacemos por otras que nos permitan recuperar el equilibrio perdido.

Un único principio

Las civilizaciones de Fuego están principalmente ubicadas al norte del trópico de Cancer, en algunas de las regiones más frías del planeta. Son tierras que durante el último periodo glaciar quedaron cubiertas por el hielo. Sus antepasados las fueron ocupando a medida que se iban retirando los glaciares. Allí encontraron una tierra sin historia, cuya imprenta vibratoria fue formateada por miles de años de glaciación. Ello les dotó de un territorio virgen, sobre el que construir una sociedad sin ataduras con el pasado. Además, a causa del frío, aquellos quienes allí se aventuraron a vivir acabaron expresando el elemento Fuego en su carácter emprendedor, su constante dinamismo, el deseo de modificar un entorno que percibieron como hostil y la capacidad de previsión a medio plazo, para que no les agarrara desprevenidos el invierno. Ello les lleva a expresar la pereza no como falta de actividad, sino como acción desenfrenada para no tener que afrontar lo verdaderamente importante.

Las culturas y civilizaciones en las que abunda el elemento Fuego suelen interpretar la divinidad como dios único, generalmente solar, quien muere simbólicamente cada año en el transcurso de la noche más larga, llamada solsticio de invierno. Al morir, permanece tres días estacionario, para renacer la mañana del 25 de diciembre, cuando en nuestro astro vuelve a desplazarse, esta vez hacia el ecuador. A su dios lo llaman Señor o Padre, pues lo perciben masculino y con el amor y la autoridad paterna. Él es su comandante, aquel quien los dirige y gobierna, hecho que les lleva a mezclar constantemente su espiritualidad con la política. También lo perciben como luz, opuesta a las tinieblas, para verse ellos bajo el influjo de esa luz y percibir al otro en la oscuridad. Y a pesar de hacerlo omnipresente, consideran que su dios no puede incluir al mal, el cual tienden a proyectar en la divinidad del otro.

Esa tendencia a mezclar espiritualidad con política convirtió la búsqueda existencial de su conexión con el Todo en un acto de fe y una herramienta de dominio. Así fue cómo esa búsqueda se transformó en religión: espiritualidad organizada cuyo propósito es el de cohesionar un grupo para poder llevar a cabo una empresa conjunta. Y como su religión acabó olvidado el propósito inicial de indagar en el porqué de la vida, tuvieron que inventar un nuevo sendero de conocimiento al que llamaron ciencia. Una vez ideado, en vez de intentar que ambos senderos se complementaran, los opusieron, creando un conflicto entre ambos que aun perdura.

Anti-Evolution League, at the Scopes Trial, Dayton Tennessee
From Literary Digest, July 25, 1925

Aquellos que siguieron el camino de la ciencia, al principio la intentaron mantener libre de dogmas. Los dogmas son creencias consideraras como ciertas, las cuales no pueden ser puestas en duda por el grupo. También buscaron separar la ciencia de la política, así como mantenerla al margen de las fuerzas del mercado. No querían que ella acabara igual que su religión: sustentándose en actos de fe y convirtiéndose en un instrumento de poder. Pero poco a poco esa ciencia se fue haciendo cada vez más dogmática, se llenó de política, y acabó por acostarse con el dios mercado.

By Jeffrey M Dean

Al principio el mercado no era un dios, ni diosa era la ciencia, pero al haber negado el dios de su religión, acabaron colocándolos a ambos sobre un altar. Y por ser su tendencia la de creer en un único principio generador y un único principio gobernador, asignaron el primero a la ciencia y el segundo al mercado. Ello les llevó a que su ciencia afirmara la existencia de una «singularidad inicial», principio único del que todo emana y al que todo retorna. Mientras que su mercado lo creyeron regido por una «mano invisible», capaz de gobernarlo todo y de incluso trasmutar mágicamente la codicia en bondad. Fue desde ese altar que ambos engendraron a una hija, a la que llamaron Tecnología, la cual es realmente quien les gobierna.

By Fonytas – Wikimedia Commons

De ahí que su fe en la ciencia no difiera mucho de aquella que antes pusieron en su religión. Y es que cuando el origen es uno y homogéneo, esa unidad pasa a ser inefable: imposible de describir mediante palabras, o de comprender a partir del intelecto. El intelecto necesita de como mínimo dos principios, para poder definir el tipo de relaciones que puedan darse entre ellos, así como sus estados de equilibrio, las formas de alcanzarlo, sus expresiones desequilibradas, y las formas de evitarlas.

Frits Ahlefeldt, Hiking.org

En el dios mercado si identificaron dos principios, a los que llamaron demanda y oferta. Después idearon un modelo ideal de equilibrio, al que llamaron competencia perfecta, en el que muchos compiten, por lo que todos se ven obligados a vender al menor precio. A continuación dotaron de personalidad a unas entidades, inspiradas en sus compañías religiosas, cuyo propósito ya no fue el de maximizar conversos sino el de maximizar beneficios financieros. El problema es que la maximización del beneficio no se logra a partir de la competencia perfecta sino del monopolio y de la integración vertical de los mercados, por lo que esas entidades van haciéndose cada vez más grandes, devorándose las unas a las otras, así como devoran también nuestro entorno natural y el legado de nuestros hijos.

By SilverStar

Tres leyes de pensamiento

Al disponer de un solo principio, necesitaron unas leyes de pensamiento que les permitieran razonar lo inefable para transformar así sus creencias en verdades que no necesitaran ser probadas. Las leyes de pensamiento utilizadas por las civilizaciones de Fuego proceden de Aristóteles.

  • A la primera la llamaron «ley de identidad», la cual considera que dos cosas constituyen una unidad cuando comparten la misma esencia.
  • A la segunda la llamaron «ley de no contradicción», la cual nos dice que aquello que disponga de una cualidad, no puede disponer al mismo tiempo de la negación de esa cualidad.
  • Y la tercera es la «ley de la mitad excluida», con la que niegan que algo pueda ser verdadero y falso a la vez.

Diez proposiciones dogmáticas

Dotados ya de esas tres leyes de pensamiento, el siguiente paso fue identificar diez proposiciones, para ponerse a creer en ellas, hasta considerarlas verdades, elevándolas así al rango de conocimiento dogmático. Las diez creencias son:

1. El tiempo es lineal, con un inicio y un punto final. Ello crea la ilusión del «progreso constante», además del temor a la muerte y a un fin del mundo, el cual percibimos siempre a la vuelta de la esquina.

La contrapropuesta es un tiempo que se proyecta en espiral, con un futuro inmediato parecido al pasado distante. De ahí que, por ejemplo, la civilización andina, en la que predomina el elemento Tierra en vez de Fuego, considere que el pasado está enfrente. No lo ve enfrente por nostalgia, buscando así regresar a ese pasado. Ello suele sucederle más a aquellas culturas y civilizaciones en las que predomine el elemento Agua. Lo ve ante sus ojos pues sabe que si el futuro inmediato repite pautas de un pasado distante, mirando y recordando ese pasado podemos saber lo que nos espera en el futuro.

2. El espacio es externo, discontinuo y si substancia. Ello crea la ilusión de «objetividad», de una realidad externa a nosotros, la cual podemos estudiar sin afectarla.

La contrapropuesta es la percepción de ese espacio como interno, continuo y con substancia.

Interno significa que el espacio no nos continue sino que somos nosotros los que lo contenemos a él, perdiéndose así toda pretensión de objetividad. La física cuántica está empezando a percibirlo de dicha forma. Un ejemplo de ello sería la paradoja del Gato de Schrödinger. Si bien la interpretación clásica siga siendo la de percibir es espacio como externo al observador.

Continuo implica una interconexión entre todo, de forma que nada existe aislado del resto. De nuevo la física cuántica está empezando a percibirlo de dicha forma. Un ejemplo lo tenemos en el llamado par de Cooper, según el cual dos electrones están ligados de tal forma que cambios en uno provoca cambios instantáneos en el otro, independientemente de la distancia que medie entre ellos. Hay algo pues que los conecta y ese algo actúa de forma instantánea.

Con substancia implica percibir el espacio como expresión sutil de materia en vez de pensar que es algo vacío. De nuevo la física cuántica lo está empezando a percibir así. Por ejemplo, cuando en el año 1921 preguntaron a Einstein que explicara su teoría de la relatividad en una frase, él contestó “Antes de anunciarse mi teoría de la relatividad, la creencia común era pensar que si removíamos todos los objetos del Universo, tiempo y espacio permanecerían inalterados. Pero, teniendo en cuenta lo postulado por la teoría, también el tiempo y el espacio nos llevaríamos si removiéramos toda la materia del Universo”1.

Y sin embargo tanto oriente como los pobladores originales siempre lo percibieron así: interno, continuo y con substancia. En las civilizaciones orientales predomina el elemento Aire, mientras que en los pobladores originales predomina Tierra, siendo ambos elementos estáticos, frente al Agua y Fuego dinámicos.

3. La esencia de algo puede ser abstraída. Ello nos lleva a reducirlo todo a modelos, para entonces confundir el modelo con la realidad.

By Halfdan

La contrapropuesta sería un lenguaje que describiera la naturaleza a partir de la observación y percepción en vez de hacerlo mediante la abstracción. Así es el lenguaje de los pobladores originales, en los que suelen haber una palabra para referirse a cada pequeña variación de algo, como por ejemplo cincuenta palabras para referirse a distintos tipos de hojas. Mientras que las lenguas occidentales tienden a la abstracción, con pocos sustantivos para referirse al mundo natural (e.g. hoja), la cual describen entonces mediante adjetivos que son aplicables a todo, sea natural (hoja grande), artificial (coche grande), emocional (gran amor), dimensional (gran altura), etc.

4. Lo intangible es ilusorio. Ello crea la ilusión de pensar que sólo es real lo perceptible, mientras que lo imperceptible, o lo que no veamos nosotros, es imaginario, aunque si lo vea el otro.

La contrapropuesta es dejar de dividir entre lo ilusorio y lo real, reconociendo que si la realidad es algo subjetivo, proyectando por el observador, entonces los sueños son tan reales como aquella otra realidad del estar despierto. Así es como los perciben los pobladores originales. De ahí que sus lenguas no suelan disponer de adjetivos para describir algo como irreal, imaginario, ficticio o ilusorio, por considerar que todo es real.

5. Los efectos son mecánicos y cuantificables. Ello nos lleva a interpretar el universo como una gran máquina, cuyas partes pueden ser manipuladas y cuyos resultados pueden ser medidos.

By René Descartes – Chemical Heritage Foundation

La contrapropuesta sería pasar a percibirlo todo como consciente, desde la partícula más pequeña hasta la Totalidad del universo. Así es como siempre la percibieron los pobladores originales. En cambio, la ciencia sigue analizando todo como si se tratara de una máquina y buscando la consciencia en una región concreta del cerebro. Y cuando un científico propone, por ejemplo, que nuestro planeta es un ser consciente, lo tiene que llamar hipótesis, como por ejemplo la hipótesis de Gaia, no vaya a ser que sus colegas lo consideren pseudociencia y se rían de él o ella.

6. La unión resulta de la homogeneidad. Ello nos lleva a considerar la heterogeneidad como fuente de conflicto, haciéndonos caer en la endogamia cultural que resulta del rechazo a lo distinto.

La contrapropuesta vendría a ser el reconocimiento de que la unión solo es posible cuando hay complementariedad, la cual requiere que haya diversidad dado que lo mismo nunca puede ser complementario. Así es como perciben la unión los pobladores originales, como resultado de lo distinto y no de lo igual.

7. La dualidad puede ser separada. Ello nos lleva a creer que nosotros estamos libres de sombra, proyectándola en el otro y combatiéndolo a él, para no tener que reconocerla en nosotros. También nos lleva a percibir lo dual como separado en vez de darnos cuenta que son las dos caras de una misma moneda.

By Chicago : National Prtg. & Engr. Co.Modifications by Papa Lima Whiskey

La contrapropuesta es darse cuenta que la dualidad no puede ser separada. Los pobladores originales siempre lo supieron y de ahí que muchas veces sus idiomas ni tan siquiera dispongan del adjetivo «malo», como algo separado de lo bueno, o del espacio como algo separado del tiempo.

En psicología autores como el suizo Carl Jung han ayudado mucho a que dejemos de proyectar esa sombra en el otro y seamos capaces de reconocerla en nosotros mismos, para trascenderla en vez de dejar que ella nos domine.

Mientras que la ciencia también se está dando cuenta de otras dualidades, que antes percibía como separadas, como por ejemplo aquella que existe entre el tiempo y el espacio, la materia y la energía, o la consciencia y el movimiento.

8. La naturaleza es jerárquica. Ello nos conduce a una visión antropocéntrica de la realidad, en la que nosotros, los seres humanos, estamos por encima del resto, y en la que unos están por encima de los otros.

By Diego de Valadés 1579

La contrapropuesta es percibir la naturaleza como una red de interrelaciones, de la que formamos parte, sin que podamos vivir aislados de ella y mucho menos por encima de ella. Tal es la percepción de los pobladores originales y si bien la ciencia está empezando a darse cuenta, como por ejemplo en la teoría del caos, pero aun queda un gran camino a recorrer. Sabremos que lo ha recorrido cuando en ese aparente caos sea capaz de percibir orden.

9. La evolución es competencia. Ello crea una sociedad en continua lucha por la supervivencia del más fuerte, negando la colaboración y simbiosis que predominan en el mundo natural.

By Louis Dalrymple

La contrapropuesta sería percibir la evolución no como resultado de la lucha sino de la colaboración y simbiosis.  La lucha tal vez se de al principio, pero no para que uno gane y el otro pierda, de forma que el ganador transmita sus genes. Esa lucha inicial se da para que ambos armonicen sus fuerzas, y aprendan a colaborar, permitiendo así la evolución. Así es como siempre la percibieron los pobladores originales.

10. Maximizar es bueno. Ello nos impide optimizar, tal como hace la naturaleza, incentivando en cambio la maximización, fuente de desequilibrio e insatisfacción. Como ejemplos tenemos la maximización de los beneficios, del crecimiento económico, o de la utilidad del consumidor.

La contrapropuesta sería optimizar, es decir, alcanzar un nivel satisfactorio de cada cosa en vez de intentar maximizar una variable, obviando el resto. La naturaleza no maximiza sino que optimiza, así como también optimizan las culturas ancestrales, pues saben que es la única forma de no romper el equilibrio con el entorno.

Dos principios paritarios

El estado de desequilibrio actual resulta de la creencia en ese único principio creador, razonado a partir de tres leyes de pensamiento, las cuales nos han llevado a elevar diez proposiciones al rango de verdades irrefutables. Recuperar el equilibrio requiere que partamos de como mínimo dos principios. Y es que el equilibrio sólo puede alcanzarse cuando coexisten dos o más fuerzas, todas ellas de igual intensidad e importancia; no cuando creemos que únicamente existe una; o cuando de haber dos, percibimos una como buena y la otra como mala, o una como verdadera y la otra falsa, o hacemos emanar una de la otra.

Una vez comprendido que alcanzar el equilibrio requiere de como mínimo dos principios, debemos centrarnos no en el estudio de sus esencias, sino en el de las relaciones entre ambos definidas. Si nos centramos en el estudio de sus esencias, acabaremos analizándolas de forma aislada. Ello nos conducirá a la misma abstracción de lo inefable, a partir de un conjunto de leyes de pensamiento que nos permitan razonarlas, tal como ya hizo la creencia en un único principio creador. Necesitamos, en cambio, centrarnos en las posibles relaciones definidas entre esos dos principios, para que sea la lógica inherente de cada relación la que haga la función de ley de pensamiento. Ello evitará que elevemos las creencias al rango de verdades, para luego transformar esas pretendidas verdades en las bases sobre las que substanciar nuestro conocimiento.

La contrapropuesta de dos principios creadores no es nueva. Muchas de las llamadas filosofías dualistas ya los afirman. La diferencia es que los dos principios propuestos poseen idéntica importancia, sin que uno sea verdadero y el otro falso, o uno bueno y el otro malo, o que uno emane del otro. No estamos hablando del dualismo cristiano entre el bien y el mal; o del dualismo cátaro entre el mundo espiritual que es bueno y el material que es malo; ni el de la filosofía samkhia de la India, con su Purusha (Espíritu) y su Prakriti (esencia primordial de la que todo emana); o del dualismo tántrico, con su Shiva (consciencia) de quien emana y a quien retorna Shakti (la energía). Estamos hablando de dos principios ubicados al mismo nivel, similares al yin y el yang de la filosofía taoísta, con la única diferencia de que el énfasis no está en el estudio de esos principios sino de las relaciones por ellos definidas.

Por poner un ejemplo, aquellos que asignan atributos a los dos principios taoístas, en vez de centrarse en las relaciones entre ellos definidas, acaban equiparando lo femenino a lo oscuro y negativo, todas ellas manifestaciones de yin, sin darse cuenta que cada atributo nos está expresando una relación distinta. Yin es femenino mientras su relación con yang sea de complementariedad. Es oscuro cuando ambos se oponen. Y es negativo cuando se expresan como dualidades.

De ahí que tal vez lo más próximo a la filosofía propuesta sea la paridad de la que nos hablan muchas de las cosmovisiones de las culturas originales del planeta, con su Mundo de Arriba y su Mundo de Abajo, que se encuentran para manifestar el Mundo Intermedio del aquí y ahora. Constituye una visión compartida por las culturas y civilizaciones en las que predomina el elemento Tierra. También es la visión que mantenían antiguas civilizaciones, como los sumerios. Todas ellas nos hablan de dos principios, que reconcilian su oposición inicial, para unirse y así crear todo lo que hay.

Son filosofías que buscan comprender la danza a partir de la cual ambos principios se interrelacionan, más que dotarlos de una esencia, la cual es meramente simbólica. De ahí que a los dos principios propuestos no les vaya a dar ni nombre. Pero si se lo doy a las posibles interacciones entre ellos identificadas, es decir, a los movimientos coreográficos de su danza, para no olvidar que es nuestra relación con «el otro» la que realmente nos dota de esencia. Así es cómo se expresa la Totalidad, a partir de un conjunto de relaciones, de manera que para comprenderla debamos llevar a cabo el estudio de todas esas relaciones, más que la interpretación de todo-lo-que-hay a partir de una única esencia.

Habrán aquellos que tal vez se pregunten si es eso avanzar, proponer una visión cuya existencia se remonta no a los últimos cinco mil años que conforman la era que justo termina, sino que es incluso anterior. Al fin y al cabo, todas las otras filosofías, religiones y ciencias tienen menos de cinco mil años. Y sin embargo, así es como evolucionamos, sumando lo existente con lo anterior para obtener lo siguiente. Constituye una pauta conocida como serie de Fibonacci, la cual encontramos repetidamente en la naturaleza.

La observamos en la distribución de las ramas de un arbusto, en las semillas de un girasol, en el nacimiento de las abejas, y sobretodo en el crecimiento de las caracolas. Y es que el espacio-tiempo, llamado pacha en los Andes, no es lineal, ni circular, sino que tiene forma de espiral. Pacha se proyecta al futuro sumando pasado y presente, como se expande una caracola. Es una caracola cuyo origen está en el Mundo de Abajo, proyectándose hacia el Mundo de Arriba, para contraerse después, regresando a sus orígenes. Así la percibieron aquellos quienes lograron realmente comprender el tiempo y el espacio, como los mayas, toltecas, zapotecas, olmecas e incas.

Siete relaciones

La primera de las relaciones fundamentales es la oposición que separa, seguida de la complementariedad que busca la unión, permitiendo estos una danza conocida como latido de la Creación. Al unirse, los dos principios expresan una unidad dotada de dos esencias, sin que una sea verdadera y la otra falsa, una buena y la otra mala, ni que una emane de la otra. En la lengua náhuatl de los mexicas a esa unidad se la llama Ometeotl, expresión de la paridad entre Ometecuhtli and Omecihuatl. Ella expresa ambos principios en el magnetismo que en todo está, con su polo norte y su polo sur, permitiendo la manifestación de la tercera relación: la dualidad. Y si dos pueden unirse en uno, también pueden causar un tercero, siendo la causación la cuarta de las relaciones fundamentales. Mientras que una octava más arriba, los principios ya no son dos sino cuatro, para unirse en un quinto. Son los cuatro elementos primordiales de la naturaleza, con su quintaesencia; o las cuatro direcciones cardinales que se cruzan en el centro.  Mientras que tres octavas por encima son dieciséis, con un diecisieteavo que resulta de su unión armónica; y cinco octavas por encima son 64; y siete octavas más arriba serán 256. Ello define toda una serie de correspondencias, siendo la correspondencia la quinta de las relaciones fundamentales. Cuando todas las octavas responden al ritmo de la misma melodía, se genera una resonancia, la sexta relación. Finalmente, existe la relación de trascendencia, donde toda forma de existencia se complementa con las demás. Es la relación del todo con el todo.

El resultado es una lógica que en vez de limitar, excluir y desequilibrar; expande, integra y armoniza. Un protocolo de razonamiento que en vez de percibirnos como entidades aisladas, nos considera como nodos de una red; y que en vez de pretender que el individuo posee una esencia aislada, la define a partir de su relación con los demás. Ello nos permite dar un salto evolutivo hacia algo más, tanto a nivel individual como colectivo.

Haciendo una analogía, digamos que el sistema operativo de la llamada sociedad moderna equivale al DOS (Sistema Operativo de Disco) de los primeros ordenadores personales. Nacido en el año 1981, el DOS ni es multiusuario, ni es multitarea, ni está diseñado para funcionar en red. Mientras que el sistema operativo de las llamadas culturas ancestrales del planeta equivaldría al Unix. El Unix, a pesar de ser doce años más antiguo, si es multiusuario, multitarea y permite trabajar en red.

La propuesta es que actualicemos el sistema operativo de la sociedad actual de DOS a Linux. El Linux, sin ser Unix, está inspirado en él, con el añadido de que además es de código abierto. Es decir, la lógica sugerida, sin ser una réplica exacta de aquella mucho más antigua en la que se basan las culturas ancestrales, está inspirada en ellas. Está inspirada sobretodo en la cosmovisión paritaria de los pueblos originales del continente americano. Pero, por ser de código abierto, además posee influencias de la alquimia árabe y europea, del yoga y el tantra, del vedanta y el samkya, de la cábala hebrea, de los trovadores medievales, del yoruba africano, del tao chino, del I-ching, del godai japonés, del budismo, de la religión bön tibetana y de la ciencia occidental, pues todos ellos tienen algo importante que aportar. Así es como se suman pasado y presente, para juntos caminar hacia el futuro.

El arte de encontrarse

Para explicar esa lógica que nos permita actualizar el sistema operativo estoy escribiendo un libro. Es un libro que está escrito para que pueda ser comprendido por todos, de ahí que utilice el dialogo en vez del ensayo. También está escrito buscando el equilibrio entre corazón y mente, por lo que siendo mi género el masculino, te lo transmito a partir del diálogo entre dos mujeres. Además, para evitar la excesiva abstracción, tan común en la civilización occidental de la cual provengo, las dos mujeres son de los Andes. También te advierto que las ilustraciones se parecen a las de un cuento de niños, pues buscan reemplazar algo que aprendimos cuando aun éramos muy pequeños. Y para que el conocimiento aun te resulte más palpable, utilizo como herramienta de transmisión el fardo sagrado, presente entre las distintas tradiciones ancestrales del continente americano.

Constituye un fardo con el que envolver «dieciséis más una» piedras de poder, llamadas khuyas del mastay, junto con un juego de cartas alquímicas. Las dieciséis khuyas constituyen la linea horizontal, con sus 64 arquetipos y sus 256 expresiones exaltadas, ambos potencias de dos. Mientras que las cartas forman el Axis Mundi o linea vertical, compuesta siempre de un número primo de niveles. El objetivo es que en cada uno de los puntos de intersección entre esa trama con su urdimbre podamos reencontrarnos a nosotros mismos, reencontrar el Inca interior, también llamado Ser o Consciencia. De ahí que a la técnica propuesta la llame «el Arte de Encontrarse».

  • Por ahora he escrito la primera parte del libro, la cual puedes leer pulsando aquí

 

  1. (The New York Times,  April 4th 1921 p.5) Citado por: (Illy, József “Albert meets America:how journalists treated genius during Einstein’s 1921 travels” 2006 JHU Press pg.43)
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Este artículo también está disponible en: Inglés

Marc Torra
Marc_amb_dues_papallones

Marc procede de la comunidad de Urus (que en lengua indoeuropea significa “lugar del que emana el agua”) ubicada en los Pirineos, tierra de cátaros. Una vez licenciado, se fue al extranjero. Ello sucedía en 1995 y desde entonces ha vivido y trabajado un poco en cada continente.

A medida que vivía en otros países, Marc empezó a relacionarse con culturas y formas de pensar distintas, especialmente con aquéllos a los que él llama «gente de tierra». De ellos aprendió una forma diferente de razonar y también descubrió que el futuro del planeta depende de nuestra habilidad para aprender lo que tales culturas pueden aportar.

Como autor, escribe sobre espiritualidad y nuevas tendencias, géneros que cultiva y entremezcla haciendo uso de la narrativa y del ensayo. Diplomado por la tradición Satyananda Yoga, intenta comprender y experimentar por sí mismo, para así crear puentes de unión entre las distintas culturas, las distintas tradiciones espirituales del Mundo, así como un puente hacia el futuro.