Share on Pinterest
El Nierika como huella y como guía
2 Agosto, 2014
El Gozo Místico
6 Noviembre, 2014
Mostrar todos

Inocencia en la Experiencia

Share on Pinterest
More share buttons

La evolución del alma pasa por tres estadios, los cuales podríamos denominar: inocencia, experiencia y como tercero, inocencia en la experiencia.1 Son como tres peldaños, donde los dos primeros se complementan, mientras que el tercero es el resultado de su suma. Así es cómo evoluciona la vida, a partir de una pauta que observamos de forma reiterada en la naturaleza. Constituye la llamada Serie de Fibonacci, según la cual un número resulta de la suma de los dos anteriores.

800px-Fibonacci_Spiral_GeoGebra

El análisis de esos dos peldaños previos que debemos recorrer, de esa inocencia (1) y esa experiencia (2), deberá permitirnos comprender cómo alcanzar la inocencia en la experiencia (1+2=3). Veamos cómo:

La Inocencia

El primer peldaño es la inocencia. En ella observamos el mundo desde los ojos de un niño. No buscamos alterar la realidad que nos rodea, pues bastante nos cuesta meramente el comprenderla. Buscamos en cambio un entorno protegido en el que podamos iniciar ese proceso evolutivo como alma humana.

Christopher Hawkins. Licencia Creative Commons Atribución No Comercial No derivados.

Christopher Hawkins. Licencia Creative Commons Atribución No Comercial No derivados.

Constituye la fase más gregaria, al dejar que el grupo o la sociedad en su conjunto nos marque el camino y nos defina las reglas del juego. Durante dicha fase las reglas nos aportan seguridad, al diferenciarnos entre aquello que podemos y lo que no podemos hacer. Son reglas en cuya bondad creemos. Allí radica justamente nuestra inocencia: en la creencia que la sociedad sabe lo que nos conviene. Necesitamos creer que así es, para desenvolvernos con confianza por un terreno que apenas empezamos a comprender.

Constituye una fase en la que hacemos de la sociedad la voz de la experiencia, como el niño que deposita toda su confianza en sus padres. De ahí que sea la fase conocida como de la infancia del alma. Es una infancia que dura varias vidas, durante las cuales tendremos la oportunidad de vivir en distintas sociedades, para adoptar cada vez sus valores, sus reglas, sin dejar de creer nunca en su ‘bondad’.

Inocencia y experiencia son complementarios, pues sin la experiencia que reconocemos en la sociedad no sabríamos qué dirección tomar ni podríamos distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Después ya aprenderemos que esos son conceptos relativos, pero para ello deberemos esperar a que el alma madure y se adentre en su vejez. Por ahora necesitamos creer que existen un bien y un mal absolutos, un camino a seguir y otro a evitar. Necesitamos que otros nos hagan la distinción, que nos identifiquen cuál es cuál, pues nos falta la experiencia, nos falta aprender a equivocarnos.

La Experiencia

Experiencia es aquello que adquirimos cuando nos equivocamos y si de algo podemos estar seguros es que la vida nos dará multitud de oportunidades para ello. Así iniciamos ese largo camino evolutivo, recorriendo primero la distancia que media entre la inocencia y la experiencia. Para recorrerlo necesitamos el deseo, pues sin él nos mantendríamos siempre en la inocencia, sin necesidad de cambiar. El deseo nos arranca la inocencia de cuajo para pedirnos que nos zambullamos de pleno en el mundo de la experiencia. Es el deseo de llevar a cabo, de acometer. No es acción, pero si la anticipa, sacándonos de aquel estado en el que simplemente contemplábamos maravillados desde los ojos de un niño.

Innocence 1904. Thomas Cooper Gotch

Innocence 1904. Thomas Cooper Gotch

El deseo hace que perdamos la inocencia ¿Es eso malo? No. Forma parte del proceso evolutivo mismo de la vida. ¿Cómo puede ser malo? Un alma nunca alcanzará la vejez sin pasar antes por la pubertad. De ahí que necesitemos desear para equivocarnos, para que nuestros errores nos permitan adquirir la tan preciada experiencia. Seguramente hayan aquellos en la sociedad que nos digan que el deseo es malo. A ellos les servíamos mejor desde la inocencia, como miembros de un rebaño. Pero el deseo no es ni bueno ni malo, simplemente es la manifestación aun burda y sin pulir de un sentimiento que más tarde nos abrirá las puertas de nuestro propio corazón. Por ahora, pero, se quedó en mero deseo, como parte de un gran plan evolutivo que la Naturaleza dispuso para nosotros.

Nos dicen que debemos trascender el deseo, sin embargo para trascender algo primero necesitamos experimentarlo en su plenitud. De nada sirve que alguien nos diga “no desees pues no te traerá más que insatisfacción”. Esa conclusión no es resultado de nuestra propia experiencia. Son las palabras de otro, las cuales no podemos vivir en carne propia. Para trascender nuestro propio deseo, primero necesitaremos desear. Es el derecho que tenemos a vivir la experiencia, el cual nadie nos puede quitar.

Are_You_Experienced_-_US_cover

La calidad de nuestros deseos si irá variando, al igual que variará la calidad de nuestros pensamientos y acciones. Los tres están vinculados, de manera que el pensamiento reiterado de transforma en deseo y el deseo, una vez echa raíces en la mente, se convierte en acción. La experiencia nos irá diferenciando entre aquellos deseos que al transformarse en acciones nos aportaron una satisfacción transitoria y aquellos otros que nos acerquen un poco más a un estado de plenitud. Será entonces que empezaremos a vislumbrar cómo aun queda otro trecho del camino, aquel que va de la experiencia a la inocencia en la experiencia.

Inocencia en la experiencia

Perdida la inocencia, nuestros primeros deseos buscaron el placer y el placer será buscado también por nuestro último deseo, aquel que aun quede cuando todos los demás se hayan ido. La única diferencia es que alcanzado dicho estadio ya no hablamos de placer, sino de gozo. Veamos pues cómo el placer se transmutó en gozo.

Trapped in a paper then cage por Angelous Dusk

“Trapped in a paper then cage” Dibujo de Angelous Dusk

La búsqueda del placer nos arrancó la inocencia de cuajo. ¿Cómo íbamos a negarle su lugar, si la Naturaleza misma convino que la procreación debía ser un acto envuelto en  placer. ¿Acaso un coro de gemidos no acompaña a los millones de gametos masculinos en su carrera hacia la concepción del ovulo?

El placer anticipa la concepción, pero el más intenso dolor que pueda llegar a experimentar una mujer anticipa el alumbramiento de un nuevo hijo. Aquello que empezó con gemidos de placer acaba con gemidos de dolor y cuando el dolor termina, el recién nacido empieza su nueva vida con un llanto. El recién nacido es la inocencia manifestada en un diminuto cuerpo. Es inocencia de cuerpo pero no de alma pues seguramente esa  alma ya haya vivido muchas vidas. Todas esas experiencias las podemos leer en su mirada. La inocencia se manifiesta al nivel del cuerpo, de ese cuerpo diminuto que nos sonríe. Sin embargo es una inocencia transitoria, pues a medida que el cuerpo crezca se la llevará consigo.

Regresemos pues a la inocencia del alma, aquella que perdemos a lo largo no de una sino de muchas vidas. El deseo nos la arrancó de cuajo. Al principio ese deseo se manifestó como búsqueda del placer. Sin embargo hay algo que transmuta el placer en gozo. Ese mismo algo nos permite recuperar la inocencia del alma una vez adquirida la plena experiencia. ¿Qué fuerza debe haber en la Naturaleza que disponga de un tal poder transmutador?

Solo una, pero nadie nos creería si dijéramos que esa fuerza empezó a manifestarse tímidamente como deseo. Nadie nos creerá cuando le digamos que es mero deseo, refinado, pulido, como un diamante al que se le fue sacando brillo. Es deseo no hacia lo particular sino hacia la totalidad; deseo no de poseer sino de ser; no de buscar sino de encontrar; no de recibir sino de dar. Ese deseo no es pensamiento sino puro sentimiento, no emana de la mente sino del corazón. Es un deseo que ya no nos genera apegos sino que nos libera. Es un deseo al que llamamos amor y cuya fuerza transmutadora es tal que puede convertir el placer en gozo, y para que también podamos recuperar la inocencia allí donde ya solo queda la experiencia.

El alma, en su búsqueda de la experiencia, empieza manifestando ese amor como simple deseo. Del deseo obtiene la experiencia, pero esa experiencia nos deja insatisfechos. Así nos vamos dando cuenta que la satisfacción no es algo que podamos obtener a costa de los demás sino que es la satisfacción de los demás que acaba por convertirse en propia. Para poder alcanzar dicho estadio primero tuvimos que trazar una linea divisoria entre nosotros y los demás. A esa linea la llamamos ego. Es una linea ficticia que necesitamos, pues sin ego, ¿quién habrá que se apegue a lo deseado con tal intensidad como para olvidar que nosotros ya somos tanto el objeto de deseo como todo lo demás? Necesitamos al ego para descubrir el amor que acabará por diluir esa linea ficticia.

Al principio ese amor se expresará como mero apego hacia una manifestación de esa totalidad, hacia un individuo, un objeto o un lugar. Más tarde lo hará como amor propio, es decir, apego a nuestro propio yo. Y finalmente lo hará como verdadero amor tanto hacia nosotros como hacia todo lo demás. Será entonces que estaremos alcanzando el final del trecho que va de de la inocencia a la experiencia. Pero una vez alcanzado dicho lugar deberemos aprender a renunciar al ego para así poder recorrer el siguiente trecho del camino, aquel que va de la experiencia a la inocencia en la experiencia.

Todo lo que pudimos necesitar en un trecho del recorrido, ese deseo, el ego que se aferró a él, la búsqueda del placer sin gozo, todo ello nos sobra en el siguiente trecho del camino. Será entonces que sin la linea divisoria que creó el ego podremos abrir de nuevo el corazón; será entonces que el deseo se transmute en amor y el placer en gozo verdadero. De ahí que sea tan importante saber en qué trecho del camino nos encontramos, pues de nada sirve intentar trascender aquello que aun no hemos aprendido a expresar plenamente.

Recapitulando

Dos trechos tiene el camino: aquel que va de la inocencia a la experiencia y aquel otro que va de la experiencia a la inocencia en la experiencia. ¿En cuál te ubicas? ¿Aun tienes deseos que satisfacer, experiencias que vivir, placeres que degustar? Si así es, no dejes que nadie te arrebate ese derecho, tu derecho a vivir la experiencia.

Songs_of_Experience

¿Pero si por el contrario todos tus deseos se disiparon, quedando solo uno: el deseo por alcanzar la plena unión con la totalidad? Si ya no te conformas con menos que con hacerle el amor al Universo. Si ya no buscas el placer momentáneo sino el gozo permanente. Si ya te cansaste de vivir experiencias y solo quieres recuperar la inocencia que aquel primer deseo te arrebató. Entonces es que te encuentras en el segundo trecho del camino. Ello no te ubica por encima de nadie, ni por delante de los demás. Simplemente informa de aquello que buscas en la vida: el gozo supremo de volver a ser uno con el Universo.

  1. Esa sería una descripción inspirada en la sabiduría del poeta y pintor inglés William Blake.
Share on Pinterest
More share buttons

Este artículo también está disponible en: Inglés

Marc Torra
Marc_amb_dues_papallones

Marc procede de la comunidad de Urus (que en lengua indoeuropea significa “lugar del que emana el agua”) ubicada en los Pirineos, tierra de cátaros. Una vez licenciado, se fue al extranjero. Ello sucedía en 1995 y desde entonces ha vivido y trabajado un poco en cada continente.

A medida que vivía en otros países, Marc empezó a relacionarse con culturas y formas de pensar distintas, especialmente con aquéllos a los que él llama «gente de tierra». De ellos aprendió una forma diferente de razonar y también descubrió que el futuro del planeta depende de nuestra habilidad para aprender lo que tales culturas pueden aportar.

Como autor, escribe sobre espiritualidad y nuevas tendencias, géneros que cultiva y entremezcla haciendo uso de la narrativa y del ensayo. Diplomado por la tradición Satyananda Yoga, intenta comprender y experimentar por sí mismo, para así crear puentes de unión entre las distintas culturas, las distintas tradiciones espirituales del Mundo, así como un puente hacia el futuro.