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¿Dónde es mejor vivir?

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¿Dónde es mejor vivir? El mejor lugar en el que vivir es el corazón. Pero ¿cómo podemos vivir plenamente en él si cualquier acto cuotidiano, cualquier decisión, acaba afectando negativamente a alguien? Los acontecimientos futuros están allí para permitirnos aprender a vivir plenamente en él. Interpretarlos desde dicho punto de vista nos ayudará a percibirlos como algo positivo, como ese conjunto de cambios necesarios para ayudarnos a vivir plenamente en el corazón.

La primavera que se avecina

Es más fácil predecir cómo será el mundo dentro de 4 000 años que dentro de 40. Es cómo encontrarse al final del invierno, justo antes de que los árboles empiecen a florecer. Resulta más fácil predecir el tiempo que hará en cuatro meses que en una semana. En una semana tal vez aún haga frío o por el contrario ya haga un día de primavera. Mientras que en cuatro meses podemos estar seguros que ya será verano, los árboles habrán dado su fruto, las nieves se habrán derretido, y hará calor.

Y si bien el destino colectivo está claro, nuestro destino individual depende de cada uno de nosotros. Se da pues una situación parecida a cómo uno puede encontrarse en aquel hemisferio del planeta en el que justo empieza la primavera, para entonces decidir viajar al hemisferio contrario, aterrizando allí donde justo empieza el otoño. El dónde queramos estar depende enteramente de nosotros. Pero no por marcharnos al hemisferio contrario, nos llevaremos la primavera con nosotros.

Pues de la misma forma, como almas dotadas de libre albedrío, sabemos que si bien regresa la primavera de la consciencia al planeta Tierra, con nuestros actos decidimos en cada instante si estaremos aquí o no cuando ello suceda. Y es que como almas, acabaremos reencarnándonos en aquellos lugares y fases del ciclo que estén en resonancia con nuestra vibración individual.

Ello significa que a escala individual nos garantiza que volvamos a nacer de nuevo en el planeta Tierra cuando éste se halle inmerso en plena era dorada de la consciencia. Habrán aquellos que ya no necesiten reencarnarse de nuevo en la Tierra. Los habrá que se queden esperando en los planos intermedios, hasta que dentro de trece mil años vuelva el otoño de la consciencia.  Y los habrá que si podrán vivir ese florecimiento colectivo, por estar su vibración individual en resonancia con la del nuevo ciclo que se avecina.

¿Qué lugares florecerán primero?

La primavera nunca llega de forma uniforme. Por ello, aquellos que quieran adelantarse a la misma deberán saber identificar qué lugares florecerán primero. Algunas zonas del planeta están ya a punto de entrar, mientras que en otras la nieve del invierno se acumuló hasta tal punto, que tardarán más  en ver cómo su paisaje se cubre del colorido y el aromas de las flores.

Para ayudarnos a identificar aquellos lugares que florecerán primero, se proponen las siguientes seis preguntas:

¿Hemisferio norte o sur?

¿Pais rico o pobre?

¿Costa o montaña?

¿Ciudad o campo?

¿Con muchos o pocos recursos?

¿Solos o en comunidad?

Tales on la preguntas que trata de responder el presente artículo.

¿Hemisferio norte o sur?

El planeta Tierra es como un imán y como todo imán posee un polo positivo y otro negativo. El polo positivo también recibe el nombre de polo norte magnético, y constituye aquel desde el que la energía emana. Al polo negativo es el polo sur magnético, y desde él la energía fluye. Ello significa que el positivo da y el negativo recibe.

Por Geek3 [CC-BY-SA-3.0] vía Wikimedia Commons.

Por Geek3 [CC-BY-SA-3.0] vía Wikimedia Commons.

En el caso de nuestro planeta, el polo positivo (norte magnético) corresponde al hemisferio sur, mientras que el polo negativo (sur magnético) lo encontramos en el hemisferio norte geográfico. A ello se le llama confusión del campo magnético terrestre, pues llamamos sur a lo que es norte y norte a lo que es sur.

Dicha polaridad magnética también se ha manifestado a escala económica y social. La observamos en el flujo de recursos que se da entre ambos hemisferios. El sur da, exportando su riqueza material y humana, mientras que el norte recibe. Por ejemplo, el mapa de abajo refleja las exportaciones de minerales. El tamaño de cada país depende de la cuantía de minerales exportados.

© Copyright Sasi Group (University of Sheffield) and Mark Newman (University of Michigan)

© Copyright Sasi Group (University of Sheffield) and Mark Newman (University of Michigan)

Observamos cómo continentes ubicados en el hemisferio sur aparecen de un mayor tamaño relativo mayor, especialmente Chile, Perú, Australia, Brasil y Africa del Sur.

¿Y hacia dónde se exporta toda esa riqueza natural?

© Copyright Philippe Rekacewicz, UNEP/GRID-Arendal, Vladimir S. Tikunov

© Copyright Sasi Group (University of Sheffield) and Mark Newman (University of Michigan)

© Copyright Sasi Group (University of Sheffield) and Mark Newman (University of Michigan)

En el caso de minerales hacia Eurasia, pues Norteamérica también es rica en minerales.

Dicho flujo de riqueza Sur-Norte ha acabado por causar una situación en la que los países del norte poseen una mayor renta per cápita que los del sur. Es decir, cuando dividimos la riqueza total generada en un año, entre la población del país, y aplicamos a cada país un tamaño relativo proporcional a esa riqueza, el resultado es un mundo en el que el norte engorda y el sur enflaquece.

© Copyright Philippe Rekacewicz, UNEP/GRID-Arendal, Vladimir S. Tikunov

Muchos son los que hablan de una inversión magnética del planeta. Dicen que el Sol ya la experimentó recientemente, y que no tardáremos mucho en ver cómo el hemisferio norte se convierte magnéticamente en el polo positivo o norte magnético, y el sur en el negativo. Pero independientemente de que esa inversión llegue a darse a nivel magnético, lo que si parece estar garantizado es la inversión a otro nivel: el hemisferio sur dejará de ser el que de, para convertirse en el que reciba, y el norte dejará de recibir para empezar a dar.

Tal inversión de la polaridad nos la garantizan la ley de la reciprocidad y la ley de la alternancia. Por reciprocidad sabemos que acabamos recibiendo en proporción a lo dado. Y por alternancia podemos estar seguros de una inversión de papeles, de manera que el dador se convierta en receptor y viceversa. Por ello, por regla general, podemos esperar que el hemisferio sur del planeta esté mucho mejor preparado para acomodar los cambios que se avecinan ya que al que se le quitó, ahora le será dado.

¿País rico o pobre?

Rico o pobre en la actualidad se mide en términos de desarrollo, pero ese es un concepto relativamente nuevo, el cual no se aplicó para definir a los países hasta después de la Segunda Guerra Mundial. El 20 de enero de 1949 el presidente Truman realizó un discurso en el que dijo:

Debemos embarcarnos en un audaz nuevo programa para hacer extensibles los beneficios de nuestros avances científicos y progreso industrial para la mejora de aquellas zonas subdesarrolladas.

Al utilizar el concepto ‘subdesarrollo’, el presidente Truman dejó de definir a la mitad de la población mundial en base a lo que eran, tenían o podían aportar, para hacerlo en base a lo que les faltaba: desarrollo. Los avances científicos y el progreso industrial de occidente era lo que les faltaba, y lo único que valía la pena adquirir. El resultado de aquellas palabras ya es historia, pero a veces es importante rememorar la historia para no olvidarla y cometer de nuevo en los mismos errores.

Así, finalizada la guerra, el mundo se dividió en tres partes. El primer mundo (occidente y su área de influencia), el segundo mundo (la unión soviética y su área de influencia), y el tercer mundo, aquellas regiones ‘subdesarrolladas’ del planeta que podían acabar cayendo bajo las influencias del comunismo. Era necesario actuar con prontitud, y para los estadistas norteamericanos la solución era el desarrollo. Desarrollo con democracia o desarrollo con dictadura, pero desarrollo a fin de cuentas.

Con el colapso de la Unión Soviética, Occidente dejó de ver al comunismo como una amenaza,pero el mundo seguía distribuido en tres tipos de países: Los desarrollados, en los que predomina el sector servicios. Los países en vías de desarrollo, en los que predomina la industria. Y los países subdesarrollados, en los que se combina una agricultura de subsistencia con grandes extensiones de tierra adquiridas por las grandes corporaciones de la industria alimentaria, desde la que producen gran parte de los alimentos que posteriormente se enviarán a los países desarrollados o en vías de desarrollo.

El sistema es tan frágil que invita al desastre. Ello sobretodo se debe a su dependencia en el petróleo para producir, transportar y procesar todos esos alimentos. Pero tal situación también está causando una paradoja: Por un lado los países ricos, la mayoría d ellos cuales no producen suficientes alimentos como para alimentar a toda su población, pero que sin embargo tienen en la obesidad uno de sus mayores problemas de salud pública. Tal obesidad se debe sobretodo a la necesidad por parte de la industria alimenticia de incrementar el valor añadido de su producto, lo cual les ha llevado a procesarlo en exceso, hasta el punto de que el cuerpo humano ya no lo reconoce como alimento y lo acumula como grasa. Mientras que en el polo opuesto tenemos a los países pobres, con su población sufriendo desnutrición a pesar de que producen muchos más alimentos de los que consumen. Producen mucho pero ven como la mayoría de esa producción agrícola es exportada.

Por la ley de causa efecto, el que es rico, lo es porque tomó y el que es pobre, porque se le quitó. Por ello, si se da una inversión de roles, es lógico esperar que al que tomó, las circunstancias le quitarán y al que se le quitó, se le dará. Lo mismo, aplicado a países, nos permite esperar que los países pobres vayan a experimentar una mayor abundancia relativa que los ricos. O que como mínimo, los países pobres, al estar ya acostumbrados a la escasez, no van a sufrir los acontecimientos futuros de una forma tan traumática. Mientras que los países ricos, más acostumbrados a la abundancia y a la necesidad de constante crecimiento, verán cómo sus estructuras sociales, económicas y política, tan dependientes de esa abundancia y crecimiento, se contraen ante la falta de ambos y su población se impacienta, causando gran alarma social. Por ello, mejor encontrarse entre los que poco tienen, que entre los que mucho pueden perder.

¿Costa o montaña?

Hace 20 mil años, durante el último máximo glacial, la mayoría de asentamientos humanos se encontraban cerca del mar. Por encontrarnos en un periodo glacial, las temperaturas cerca de la costa era mucho más agradables que en las altas montañas, por estar éstas últimas cubiertas de glaciares. Con el inicio del deshielo, tendió a darse el proceso inverso. El deshielo causó un incremento en el nivel de los mares. Movimientos tectónicos causaron grandes oleajes e incluso maremotos. Mientras que los glaciares retrocediendo, haciendo que los altos valles resultarán más accesibles y a la vez seguros. Ello precipitó un proceso migratorio de las zonas costeras a las montañosas.

Finalizado el proceso de deshielo, hace ahora unos 8 mil años, y sobretodo con la entrada en un periodo más seco y frío hace ahora 5200 años, muchos de los antiguos pobladores tendieron a abandonar los lugares montañosos para regresar a las zonas costeras. El trauma del diluvio empezaba a diluirse de la memoria colectiva. Las aguas se habían mantenido al mismo nivel durante 3 mil años y los terremotos eran menos constantes. Se establecieron asentamientos cerca del mar o entre ríos. Dos ejemplos los tenemos en el renacimiento del antiguo Egipto, civilización que prosperó a orillas del Nilo y sobretodo en su delta, así como la antigua ciudad de Ur, entre los ríos el Tigris y el Eufrates.

Y es que en las montañas se suele refugiar la humanidad en época de inestabilidad, especialmente climática, periodos durante los cuales también se suelen agudizar los desastres naturales. Todo apunta a que estamos entrando en uno de esos periodos. Seguramente no vaya a ser tan intenso como el que ya vivimos hace ahora unos 12 000 años y descrito en muchos mitos y leyendas como el diluvio universal. Sin embargo, cómo sucedió entonces, es bastante probable que las zonas montañosas estén mejor preparadas para resistir el embiste de dichos cambios.

¿Ciudad o campo?

A medida que el trauma del diluvio se borraba de la memoria colectiva, la humanidad se fue retirando de las zonas montañosas para irse ubicando en los valles fluviales, cerca de las tierras más fértiles, o cerca del mar, lugar que les facilitaba la comunicación. Es por ello que muchas ciudades están ubicadas en la desembocadura de un río, dado que allí obtenían todas las ventajas: buenas comunicaciones marítimas, agua en abundancia y tierras fértiles en las que cultivar.

Ello les permitió mantener una mayor densidad de población. Así fueron estableciéndose nuevas ciudades, cada vez más al norte, ocupando zonas que apenas unos milenios antes habían quedado cubiertas por una masa de dos quilómetros de hielo. Y fue en esas ciudades del Norte de Europa, en las que se inició la revolución industrial. Con el desarrollo de su industria empezaron a crecer. El ferrocarril, con sus trenes a vapor alimentados con carbón, permitió traer de las zonas rurales los alimentos que éstas precisaban y ya no producían. La tierra agrícola adyacente, aquella  capaces de producir la prosperidad agrícola necesaria para establecer una ciudad, ahora habían sido ocupadas por fábricas y sus ríos contaminados con el desecho que producían.

En los inicios del siglo XX llegó el automóvil, el cual ya no utilizaba carbón sino petróleo. Poco a poco el peso se fue desplazando del sector industrial al sector servicios, especialmente hacia la década de los 60s. Pero las ciudades continuaron creciendo. Dicho crecimiento causó la pérdida de más tierra agrícola adyacente, la cual era ahora utilizada para construir suburbios de viviendas. Los alimentos tuvieron que traerse desde mayores distancias. La dependencia del petróleo se agudizó, hasta el punto actual en el que sin esa fuentes e energía barata y no renovable, muchas de las actuales ciudades son insostenibles.

La dependencia del modelo urbano actual hacia el petróleo es tal, que en el momento en el que éste escasee y sus precios se incrementen, tal modelo se colapsará. El anticipo de lo que se viene lo tenemos en la ciudad de Detroit. Ella fue la iniciadora de la cultura del automóvil y la expansión de ciudades en suburbios. La ciudad recientemente entró en suspensión de pagos. Aproximadamente un 60% de sus viviendas están abandonadas. La población está emigrando, y los únicos recién llegados son refugiados de guerras como la de Afganistán o Iraq, tristemente acostumbrados a vivir en una ciudad en estado de conflicto.

Imagen del documental Detropia, dirigido por Heidi Ewing y Rachel Grady.

Imagen del documental Detropia, dirigido por Heidi Ewing y Rachel Grady.

¿Con muchos o pocos recursos?

Es bueno que el lugar elegido disponga de recursos pero no demasiados. Tierra fértil, pero no en exceso. Agua, pero no en abundancia. ¿Porqué? Para la producción masiva de alimentos se precisa tierra fértil y agua en abundancia, por lo que lugares que cumplan tales características van a estar vinculados a modelos de producción mucho más extensivos. Es más, las guerras del futuro van a ser guerras por acceso a recursos básicos como la tierra y el agua, guerras por obtener o mantener el control de esos lugares. Mejor establecerse en un lugar que viviendo en relativo aislamiento, tenga justo la suficiente tierra y agua para procurarse sus alimentos.

El pueblo hopi nos ofrece un ejemplo. Ellos se establecieron en las áridas tierras del Noreste de Arizona, pues sabían que allí nadie les molestaría. Sabían que vendrían aquellos que querrían apropiarse de las tierras más fértiles, y que si vivían en éstas, acabarían desplazados y desapropiados. En cambio, si lograban vivir allí donde no había mucho, y a aprovechar sabiamente lo poco que había, podrían hacerlo en paz y sin que nadie les quitara sus tierras. Por ello, ellos poseen una reserva, ubicada en su tierra histórica, mientras que no la poseen muchos otros pueblos, como los Chumash, quienes vivían en lo que actualmente es la ciudad de los Angeles.

Por John K. Hillers [Dominio Público], via Wikimedia Commons

Pueblo Hopi, por John K. Hillers [Dominio Público], via Wikimedia Commons

¿Solos o en comunidad?

La autosuficiencia no es algo que se pueda alcanzar individualmente. Precisa de una comunidad, para que cada cual pueda aportar algo y especializarse en aquello que aporta. Pretender huir de todo, para instalarse sólo en el bosque es un gran error. Los seres humanos nos necesitamos los unos a los otros, necesitamos socializar. Ello nos lleva a vivir en comunidad. La comunidad puede ser una pequeña ciudad, un pueblo, o una eco-aldea. Es decir, puede ser una comunidad histórica, que ya lleve años allí asentada, o una comunidad intencional, que se haya establecido recientemente con el propósito de vivir de forma distinta.

Lo ideal es el resultado de la fusión, o como mínimo colaboración entre comunidades tradicionales indígenas y comunidades intencionales establecidas por aquellos que buscan un modo de vida distinto. Así se pueden integrar presente y pasado, para juntos crear el nuevo futuro. Y es que el futuro solo puede resultar de la combinación de presente y pasado. Si nos limitamos a proyectar el presente, obtendremos más de lo mismo. Pero si queremos obtener futuro, debemos sumarle a lo que es, lo que algún día fue, y así obtener lo que será. Así es cómo avanza la naturaleza. Ello lo observamos en la secuencia de Fibonacci, la cual nos aparece tantas veces en el mundo natural. En dicha secuencia, el siguiente número (futuro) resulta de la suma del número actual (presente) y el anterior (pasado). De ahí que la serie sea: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13,…

Por Grupo Firenze - FIAP 2008 [Dominio Público], via Wikimedia Commons

Por Grupo Firenze – FIAP 2008 [Dominio Público], via Wikimedia Commons

¿Qué lugares cumplen todos los requisitos?

Hemisferio sur, país pobre, zona montañosa y rural, tierra no demasiado fértil, ni agua en exceso. Además debe ser un lugar en el que aun existan comunidades tradicionales y al mismo tiempo gente de distintas nacionalidades esté estableciendo comunidades intencionales. El lugar está claro: la zona andina del Peru, Bolivia y Ecuador.

Valle Sagrado. Foro por Marc Torra. Creative Commons.

Valle Sagrado. Foro por Marc Torra. Creative Commons.

Profecías vinculadas

Podríamos mencionar muchas profecías que nos hablen de lo que tal vez suceda. Muchas lo harán para narrar desgracias, y pocas nos darán soluciones. Pero el vaticinio de desgracias no ayuda a encontrar soluciones, ni nos permite vislumbrar la luz al final del túnel. Por ello, prefiero mencionar un profecía que ya nos muestre esa primavera prometida, y nos mencione allí dónde está previsto empiece. Ésta se le atribuye a Don Bosco, santo italiano, nacido en el año 1815 y fundador de la orden de los salesianos. En ella se da respuesta a las siguientes dos preguntas:

Por Carlo Felice Deasti [Dominio Público], via Wikimedia Commons

Por Carlo Felice Deasti [Dominio Público], via Wikimedia Commons

¿Hemisferio sur o norte?

¿Costa o montaña?

El 30 de agosto de 1883 Don Bosco tuvo un sueño. El relato que dio del mismo fue:

Entre los paralelos 15º y 20º Sur había una depresión bastante larga que partía de un punto en el que se formaba un lago. Entonces una voz le dijo: “cuando vengan a excavar las minas ocultas, en medio de estas montañas, surgirá aquí la tierra prometida, vertiendo leche y miel. Será una riqueza inconcebible.”

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En el hemisferio sur empezará la primavera de la consciencia, y Don Bosco nos dice que será entre los paralelos 15º y 20º. Si vives en el hemisferio norte no te preocupes. Eventualmente ésta también llegará allí. Siempre lo hace. Y si vives en un país rico, tampoco te preocupes. Quédate en aquel lugar al que el destino te haya conducido, pues a veces eso no se puede cambiar. Sin embargo algo que si puedes decidir: el rodearte de aquella gente con la que te gustaría estar en un momento de inestabilidad y conflicto. Recuerda que las pruebas que se nos avecinan sacarán lo peor de aquellos ambientes en los que predomine la ambición, la competencia y el odio, pero también lo mejor de aquellos otros en los que lo haga la solidaridad, el compartir y el amor. Extremará las actitudes, haciendo que lo mejor de la condición humana se exprese en unos lugares, y lo peor en otros.

Rodéate pues de aquellos capaces de manifestar lo mejor. No importa el país, pues de gente con corazón la hay por todas partes y en todas partes existen también santuarios en los que irse a vivir. Yo los llamo portales, pues a través de ellos podremos acceder al siguiente ciclo.

De tales lugares nos hablaba otro santo, ya no cristiano como Don Bosco, sino hindú. Su nombre fue Pramahansa Yogananda, quien abandonó su cuerpo físico en el año 1952. Según nos cuenta su discípulo Swamy Kriyananda en su libro Comunidades Cooperativas, cómo empezarlas y porqué:1

Paramahansa Yogananda. Imagen de dominio Público.

Paramahansa Yogananda. Imagen de dominio Público.

Yogananda, de forma repetitiva y muy urgente, solía hablarnos del plan que ―según él decía― estaba destinado a convertirse en una pauta social primordial de la nueva era: la formación de comunidades cooperativas que buscaran la autorealización, o Colonias de Hermandad del Mundo. En casi cada conferencia que daba, sin importar cuál fuera el tema a debatir, urgía al público a actuar en base a su propuesta.

El día llegará” predijo “cuando ésta idea se esparza por el mundo como el fuego. Agruparos, aquellos que compartís los mismos ideales. Poner vuestros recursos en común. Comprad tierra en el campo. Una vida sencilla os traerá la libertad interior. El vivir en armonía con la naturaleza os traerá una felicidad desconocida por los habitantes de las ciudades”.

Yogananda enfatizaba el gozo de una vida simple, natural y espiritual, un estilo de vida que según él decía, nos traería felicidad y libertad. Pero su mensaje no se limitaba simplemente a comunicarnos una idea atractiva, sino que iba más allá. En su llamamiento había un grito de urgencia:

El tiempo apremia” decía de forma reiterada a su audiencia. “No tenéis ni idea del sufrimiento que aguarda a la humanidad. Además de guerras habrá una depresión económica de un calibre nunca visto desde hace mucho tiempo. El dinero no valdrá ni el papel en el que está impreso. Millones morirán.”

Portales naturales son todos aquellos lugares en los que sus pobladores nunca sufrieron la experiencia del desarrollo y por lo tanto aun viven en estrecho contacto con la Madre Naturaleza. Pero lastimosamente de esos quedan pocos. Sin embargo, también son portales aquellas comunidades intencionales creadas por ciudadanos del mundo desarrollado o urbano, en busca de una forma de vida más natural y sustentable. Esos los estimo en 2.000 y la capacidad media de cada uno en mil personas. Dos tercios deben estar en el hemisferio sur. Y si tenemos en cuenta que dos tercios de la tierra no sumergida se halla en el hemisferio norte, ello significa que en el sur la densidad de portales intencionales es cuatro veces mayor. Aun así, también los hay en el norte.

Ello no significa que el resto vayamos a morir, ni mucho menos, pero si significa que dos millones de ciudadanos del mundo desarrollado podrían estar viviendo ya en la nueva realidad, mientras el resto busquen la supervivencia del día a día en un mundo cada vez más hostil. O tal vez me equivoque y los portales sean muchos más, o incluso la Tierra entera se convierta en un portal. Eso no lo sabemos pues lo que suceda en el futuro depende de nuestros actos presentes, por lo que aun disponemos de suficiente libre albedrío cómo para cambiar el curso natural de la historia de la humanidad, de todas, la nuestra.

Por Tesseract2 [CC-BY-SA-3.0], via Wikimedia Commons

Por Tesseract2 [CC-BY-SA-3.0], via Wikimedia Commons

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 Notas a pié:

  1. Kriyananda, Swami. Cooperative communities, how to start them, and why. 1968. Ananda Publications. California. USA.
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Marc Torra
Marc_amb_dues_papallones

Marc procede de la comunidad de Urus (que en lengua indoeuropea significa “lugar del que emana el agua”) ubicada en los Pirineos, tierra de cátaros. Una vez licenciado, se fue al extranjero. Ello sucedía en 1995 y desde entonces ha vivido y trabajado un poco en cada continente.

A medida que vivía en otros países, Marc empezó a relacionarse con culturas y formas de pensar distintas, especialmente con aquéllos a los que él llama «gente de tierra». De ellos aprendió una forma diferente de razonar y también descubrió que el futuro del planeta depende de nuestra habilidad para aprender lo que tales culturas pueden aportar.

Como autor, escribe sobre espiritualidad y nuevas tendencias, géneros que cultiva y entremezcla haciendo uso de la narrativa y del ensayo. Diplomado por la tradición Satyananda Yoga, intenta comprender y experimentar por sí mismo, para así crear puentes de unión entre las distintas culturas, las distintas tradiciones espirituales del Mundo, así como un puente hacia el futuro.