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El Retorno del Hombre Rojo

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Atawallpa Oviedo

Cuenta una antigua tradición que cada una de las regiones y puntos cardinales de la Madre Tierra están conectados o vibran con un color en especial. Europa y el norte, con el blanco; Africa y el sur, con el negro; Asia y el este, con el amarillo; Amaruka (América) y el oeste, con el rojo. Con el azul (integrador) de los mares y el espacio, se completan los cinco colores básicos de cuyas uniones se configura nuestra complementaria naturaleza.

Así mismo, dichos cuatro colores tienen relación con el verano (negro), el otoño (rojo), el invierno (blanco) y la primavera (amarillo). O las edades del ser humano: el niño (blanco), el joven (rojo), el adulto (negro), y el anciano (amarillo). Los elementos de la naturaleza: el fuego (amarillo-dorado), el aire (blanco-plateado), el agua (negro-azul) y la tierra (rojo). Los momentos del día: el alba (blanco), el día (amarillo), el crepúsculo (rojo), y la noche (negro). O las dimensiones del “ser”: la mente (blanca-plateada), el cuerpo (rojo), el espíritu (amarillo-dorado), y la afectividad (negro)…

Cada uno de ellos ha tenido su esplendor en distintos tiempos. En este último período fue el renacimiento del blanco, de Europa y todo lo que estaba al norte. De igual manera han tenido los otros pueblos y direcciones su tiempo de apogeo, plenitud y decadencia. Hoy vivimos el retorno del hombre rojo, el renacimiento de Amaruka (Tierra de la Sabiduría). Ahora nos toca a nosotros dar un nuevo aporte a la humanidad, a la ciencia, a la espiritualidad. Este resurgir coincide con otro retorno, de todo lo femenino y del cosmocimiento iniciático.

Es parte del saber profundo, de planificación en el tiempo y el espacio, de interacción de la energía infinita y atemporal… Retornan el cosmocimiento holístico y milenario, la sabiduría sistémica, la ciencia celeste y telúrica, el saber sagrado; es decir, las leyes vitales y naturales, que todos los pueblos de tradición de la humanidad alcanzaron fruto de su compenetración y fusión con la inteligencia suprema.

Retornan sus seres sagrados y de cosmocimiento, que fueron nombrados de distinto modo de acuerdo a su lugar de origen y a su nivel de profundidad: Men (México); Piaches (Venezuela); Pakos, Altomisayos, Laikas (Perú); Yatiris, Kallawayas, Challapatas(Bolivia); Teguas, Inganos (Colombia), Yachaks, Uwishus (Ecuador)…

El cosmocimiento vuelve a tener una concepción unificadora, multilateral, totalizadora. La sabiduría anterior vuelve y se reajusta en este nuevo tiempo, se reacomoda para dar su aporte y contribuir a construir una nueva humanidad. No es un regreso al pasado, sino el retorno del pasado al presente, en este tejer constante.

Es momento para volver a hablar con las piedras, las plantas, los animales; de reencontrar la vinculación sagrada con las montañas, los ríos, las cascadas, los valles; para recuperar la conexión con el espíritu del agua, del fuego, del viento, de la tierra; para reencontrarse con los procesos de acrecentamiento de la conciencia y adentrarse a otras realidades invisibles; para desempolvar toda la ciencia y tecnología despertada por los abuelos de tradición, para vivenciar el reencuentro multidimensional con todos los seres, para reiniciarse en los procesos de fusión cósmica.

Vuelve lo esencial, porque sólo lo profundo pervive en el tiempo y en el espacio. Vuelve lo sano, lo transparente, lo equilibrado para generar más vida. Volvemos a nuestras raíces básicas, a nuestras fuentes primarias para un nuevo período de florecimiento, de nuevas germinaciones, de nuevos frutos y de nuevos aromas. Avanzamos y regresamos para no perdernos en el camino; para no creernos superiores a la creación, recuperando nuestra sencillez y humildad para volver a ser naturales y ‘salvajes’; es decir, a vivir en armonía y simbiosis con nuestra verdadera esencia (Sumakawsay).

Este cambio se inscribe en el camino rojo. Aquel que atravesó el umbral de la nueva luz y ha comenzado a expandirse en los corazones más sensibles. Ya no es nada raro, descubrir a muchos artistas, ecologistas, escritores, médicos, periodistas… inquietos por descubrir, por reencontrarse con las formas más sutiles e invisibles del cosmocimiento de tradición…

Para este reencuentro también se está preparando la Madre Tierra, porque ha comenzado un cambio mayor (Pachakuti), dentro de estos cambios pequeños en las distintas regiones. Ahora advenimos a un cambio geológico de polaridades (movimiento de precesión), de reajuste, de reacomodo de la Tierra Inteligente como parte de su proceso propio de maduración y transformación cíclica.

Los hombres y mujeres que guardaron la tradición estuvieron todo este tiempo preparándose para este renacimiento. Varias generaciones trasmitieron la cultura Iniciático – Geocosmológica a sus aprendices, hasta el momento de salir a la luz y divulgarlo ampliamente. Ese tiempo ha llegado, es hora de volver a refrescar la memoria de los hermanos que cayeron en la ilusión del mercado y que en ese camino fueron olvidando su raigambre cultural. Es época de reactivar a los que se encasillaron en ideologías y concepciones metafísicas, y perdieron la mirada profunda e integral de la cosmoconciencia.

A estos mensajes o profecías se los conoce con diferentes variantes y nombres en las distintas regiones de Amaruka: en el mundo andino con «El retorno del Wirakocha y del Inkarrí», en México con «el retorno del Ketazkoalt», en Guatemala con «el retorno de Kukulkan», en Colombia con «el retorno de Bochika y la Mama Grande», en Argentina con «la Flor del Ceibo», en Honduras con «el Komizahual», en Panamá con «el Ibeorgun», en Brasil con «Pay Zumé»… Todas las cuales hablan de lo mismo, de un regreso y de un resurgir: del hombre sagrado cuando el sol se levante después de la larga noche.

La profecía se está cumpliendo tal como lo vieron los ancianos, tal como lo descifraron en el lenguaje celeste, tal como estaba escrito en el mapa cósmico.

  Atawallpa Oviedo

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Atawallpa Oviedo
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Atawallpa nació en las faldas del volcán Chimborazo,  en la nación Puruhá, región del Chinchaysuyo, actualmente denominado Ecuador. Su pueblo se llama Chambo pero es vulgarmente conocido como la “tierra de los brujos”.

En su afán de buscar “justicia para los desprotegidos” estudió Derecho, obteniendo el título de Doctor en Jurisprudencia pero inmediatamente se dio cuenta de que no existía justicia. En medio de ese desencanto y a una edad temprana, la vida le puso en contacto de un yachak el cual le compartió el “camino del sabio”. Desde ahí fue profundizando en ese camino y despertando una serie de sabidurías, particularmente de los WAKAKUE. Así mismo, un día se despertó también el sanador que habitaba en él y comenzó a practicar terapias energéticas y psico-espirituales.

En su camino, Atawallpa ha impulsado el camino iniciático andino, organizando el primer encuentro de sanadores ancestrales andinos en Quito. Fue el primero en introducir en la materia de socio-antropología en la Facultad de Medicina de la Universidad Central la enseñanza de medicina andina. Así mismo creó el primer centro de estudios andinos a Quito.

En el 2002 fue invitado a Francia a transmitir sus aprendizajes, y desde ahí hasta la actualidad viaja por varios países del mundo compartiendo la sabiduría andina. Todas las terapias que ha aprendido y que ha despertado las ha sistematizado en lo que denomina Terapias Kontixi, las cuales pronto serán publicadas en un nuevo libro. Atawallpa impulsó el nacimiento a la «hermandad de los Caminantes del Arcoíris», y más recientemente también el «Movimiento Sumak» que es una organización holística que impulsa el Sumakawsay o Cultura de la Vida, para que se reinstaure nuevamente en todos los rincones de la Madre Tierra, el ancestral y natural Sistema Armónico que ya fuera experimentado por más de 10.000 años por todos los pueblos solares y lunares del mundo entero. El Sumakawsay es un modo de estar en la vida, encauzado en un sistema basado en la armonía de complementarios, en ruptura con el actual sistema sustentado en la lucha de antagónicos.

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